El rol del mediador y mediadora

“Los mediadores no eligen los conflictos en los que se involucran, sino que las partes en conflicto eligen al mediador”

-Martti Ahtisaari-

Mi primer acercamiento con la mediación fue en el año de 2014, a través de un citatorio proveniente del Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (en ese entonces era la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca), que le hicieron llegar a una persona que asesoraba como abogado litigante en ese entonces. Ante la incertidumbre de la persona que llegó a mí para saber la finalidad de la cita, me surgió la curiosidad de saber más acerca de los procesos de mediación pues mi realidad era que no los conocía. Inmediatamente, me avoqué a investigar más acerca de ello y en el proceso de investigación descubrí que el propósito de mi vida y de mi profesión me estaba esperando allí, en la mediación. ¿Intuición?, ¿Corazonada?, ¿Motivación?, no lo sé, sólo sé que la atracción por adentrarme en ese mundo era imprescindible. En atención al citatorio, acudí como representante de la persona requerida (obviamente, no me dieron información por no ser yo el requerido), lo más curiosos de ese momento fue que al entrar al edificio del Centro de Justicia Alternativa, la atracción que sentí por el lugar invadió mis sentidos eminentemente. Al salir de allí, me prometí que ingresaría al centro a como diera lugar. Meses después, en junio de 2015, logré incorporarme al Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía como conciliador. A partir de ahí, con una mente ingenua, sin conocimiento de los procesos, pero lúcida y soñadora, comenzó mi sendero por la mediación,  con el firme compromiso de prepararme constantemente. Fue aquí donde descubrí que soy autodidacta. Y agradezco profundamente a la Fiscalía porque fue el lugar en el que nací profesionalmente, pues no hay mejor lugar para aprender mediación que en Fiscalía. Sumado a ello, durante ese tiempo conocí a personas excelentes que compartían (y comparten), la misma pasión que siento. Hoy, a poco más de 5 años, reafirmo cada día que la mediación y la justicia restaurativa es y será, el mundo en el que pretendo desarrollarme y seguir creciendo, tanto personal como profesionalmente, y no como una visión nada más conveniente a mis intereses, sino como una visión universal en la que, utópicamente, el mundo puede mejorar a través de mejorar su comunicación y sus relaciones interpersonales y sociales, tanto en las naciones como en todo el mundo. 

A lo largo de estos 5 años, he descubierto (desde mi experiencia), que la función de la persona mediadora debe sostenerse en cuatro pilares fundamentales: 1) pasión, pasión por ayudar a la gente todos los días; 2) vocación, de servir a los demás para su beneficio y no por conveniencia propia; 3) Misión,  de ayudar a las personas a crear conexiones más humanas a través de una comunicación asertiva y mejorar sus relaciones personales y; 4) preparación, en sus dos canales: personal y profesional. Es importante que la persona que desee ejercer como mediador o mediadora, debe primero dirigir su preparación hacia su propio crecimiento personal, y para ello, debe aprender a desarrollar 3 cualidades específicas: atención plena, percepción y reflexividad. La atención plena, es la capacidad de estar completamente concentrados en una actividad sin que otros pensamientos ajenos nos distraigan. Pero, Josué ¿Para qué me sirve la atención plena en mediación? Para poder ayudar a las partes a crear una secuencia de los hechos puntualizada y construir una historia que sea coherente para las partes; identificar sus intereses, necesidades y preocupaciones, tanto individuales como en común. La percepción, implica la capacidad de percibir el conflicto desde distintas variantes, es decir, no dejarse influir por juicios de valor, percepciones o experiencias pasadas, y mirar el mismo suceso con distintos enfoques con la finalidad de poder desarrollar estrategias de intervención para gestionar el conflicto y ayudar a las partes a crear opciones a priori para solucionarlo. Y la reflexividad, entendiéndose como  la capacidad de observar, analizar los pros y los contras, y ayudar a las partes a tomar acción para construir un futuro más dinámico positivamente. En mediación, es muy importante que el mediador sea reflexivo sobre las narrativas de las partes para valorar la situación y establecer una estrategia de acción (a través de sus técnicas y herramientas de comunicación), que le ayudará a abordar y gestionar el conflicto de una forma más objetiva, estratégica e inmediata. Por último, la preparación profesional del mediador y mediadora debe ser  constante, continua y perpetua, dirigida al estudio teórico y práctico de todos los matices que se compone la mediación, pues está más que claro, que la mediación es multidisciplinar, y esto implica que cualquier profesionista, independientemente de su carrera o profesión, puede ser mediador. La mediación no le pertenece al Derecho, no es exclusiva de los abogados. El Derecho nunca ha firmado un título de propiedad con la mediación.

Por otro lado, la persona mediadora debe demostrar siempre una actitud proactiva y neutra que le permitirá acercarse al cumplimiento de su objetivo que es, servir como un puente de construcción de comunicación y paz para que las personas puedan construir acuerdos de solución pacíficos en beneficio de todos los involucrados, de una manera más humana, empática y responsable.

Un aspecto muy importante que hay que resaltar es que, la participación del mediador dentro del proceso de mediación estará condicionado a la confianza que genere entre las partes, es decir, que las partes tienen la libertad de decidir si la persona designada como mediador o mediadora, será quien lleve a cabo el desarrollo del proceso. Básicamente, las partes en el conflicto eligen al mediador y no el mediador elige sobre qué conflicto quiere intervenir, puesto que el conflicto pertenece a ellas y por consiguiente, son las únicas responsables de su conflicto, de sus consecuencias y de su solución a través de la asunción de responsabilidad. Esto, le otorga protagonismo a las partes (y no al mediador como muchas veces se cree), respetando en todo el proceso su autonomía de decidir (pues la naturaleza de la mediación así lo manda), y además, les brinda la garantía de que su conflicto será gestionado por un mediador o mediadora con objetividad apegada a los principios de imparcialidad, equidad, neutralidad, honestidad y legalidad.

Como podemos observar, la tarea del mediador y mediadora es una labor loable que debe ejercer todos los días en su vida personal y profesional. ¿Es una labor difícil? Sin duda, sobre todo aplicarla, primero, en el ámbito personal (familia, amigos, trabajo, vecinos), que es en donde debemos ser coherentes con lo que profesamos, pero nuestra naturaleza humana nos incita muchas veces a actuar desde una postura como parte y no como mediador. Pero somos, todavía, una comunidad pequeña que confía en la nobleza del ser humano, en su raciocinio y en su liderazgo para cambiar al mundo.

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