La importancia de la participación de las personas en mediación.

“Es esencial que recuerdes que la atención que le des a cualquier acción debe ser proporcional a su valor”

– Marco Aurelio –

Aún recuerdo con cierto temor, ansiedad, presión, nervios y un crisol de emociones que perturbaban mi mente en ese momento. Fue mi primera sesión de mediación en la Fiscalía del Estado de Oaxaca. Cómo olvidar que media hora antes de la cita yo pedía al universo que no llegaran las personas citadas. Miraba el reloj y el tiempo era cada vez más rápido. La última vez que fui al baño (después de miles de veces) al regresar a la sala de mediación, ahí estaba en espera la persona que había sido citada. Un señor mayor de 57 años de edad con un semblante en el rostro, muy serio como quien se molesta por haberle interrumpido su tiempo de lectura. Pensé en el instante, que seguramente no aceptaría participar en la mediación. Pasamos a la sala de mediación para explicarle en qué consistía el proceso, la razón de la cita, la intención, la finalidad, mi rol como facilitador, el rol de las personas citadas y, después de haberle respondido algunas dudas que tenía y de haber escuchado su historia me dijo: “Está bien, sí acepto participar, me interesa escuchar directamente de Mike lo que está pasando” En ese momento ya no había vuelta atrás, ya me había aventado del avión y sin paracaídas. Pase a la sala de mediación al señor Mike y estando reunidos en la sala de mediación los tres, los señores John y Mike (los nombres reales han sido sustituidos), y un servidor como mediador, dimos inicio a la sesión de mediación por un conflicto vecinal. Después de 1 hora y 50 minutos, terminada la sesión, los señores se pararon de sus asientos y con una sonrisa en el rostro de ambos (y más de quien creía más enojado al principio), con un apretón de manos y un abrazo me agradecieron por haberlos ayudado. En ese momento la sensación de satisfacción, asombro y gusto  me llevaron a darme cuenta de tres cosas: La primera, que la mediación como un método de solución de conflictos es imperante en la vida del ser humano. La segunda, de lo importante e imprescindible que es acercar a las personas que están dentro del huracán del conflicto a ejercer sus derechos de participación, de diálogo y de auto gestión activa, tanto de sí mismos como de su propio conflicto. Y la tercera, la motivación y la razón que encontré en la mediación como la manera más pura y humana de ayudar a las personas a transformar sus vidas.

Después de haberte contado esa anécdota, sostengo la importancia que tiene la mediación de ayudar a las personas a resolver sus conflictos personales de una manera más rápida, cómoda, y acercarlas personalmente para ser ellas directamente quienes decidan (sin intermediarios), la solución a su conflicto, atendiendo a sus necesidades, intereses y preocupaciones; siempre, desde una perspectiva de equidad, cooperación, respeto y responsabilidad. 

Ahora bien, debemos saber que el conflicto se estructura de 3 elementos imprescindibles: La persona, el proceso y el problema. Pero para efectos de este artículo, nos abocaremos únicamente en el primer elemento que es: La persona.

Las personas, son el motor de búsqueda principal para conocer las raíces del conflicto. Naturalmente, sin personas no habría conflictos. Hay una connotación sobre el conflicto que refiere que este es inherente al ser humano, por esa razón no puede evitarse, predecirse y/o negarse. En los procesos de mediación y, en general, en todos los MASC, se privilegia la participación activa de las personas. En comparación con un proceso jurisdiccional, en la cancha de mediación las personas son los protagonistas del juego, no hay intermediarios, salvo casos específicos. Este protagonismo de las personas dentro del proceso de mediación es fundamental para que nazca a la vida restaurativa. Las personas son parte del engranaje que conforma el motor de la mediación y con ellas se hace posible subsanar relaciones para el futuro. La persona como ‘componente’ del conflicto está conformada a su vez de 3 factores: la voluntad, las necesidades y el objetivo

La voluntad es una cualidad primigenia del ser humano. La voluntad es la autonomía de decidir libremente por aquello que, en general en nuestra vida, cumple con nuestros propósitos, metas y objetivos. En ese sentido, el proceso de mediación se lleva a cabo por decisión de las personas y no por obligación, la ventaja de esta decisión es que te da la libertad de decidir sobre la solución al conflicto, esta es la opción más suprema que tienen las personas dentro de la mediación. Pero, ¿esa voluntad cómo se proyecta? La respuesta es, a través de la voluntariedad. La voluntariedad es el proceso de selección de aquellas alternativas que tenemos sobre la mesa para cumplir con esos propósitos, metas y objetivos. Este factor de la voluntad no es tarea sencilla de desarrollar, para los casos de mediación, obtener la voluntad de las personas para aceptar participar en el proceso implica un método de persuasión, y algunos de ustedes dirá: “Josué, ¿me estás diciendo que para que las personas acepten la mediación tenemos que persuadirlos primero? ¿Eso se podría confundir con manipulación no crees?” Lo sé, se puede confundir, sin embargo, mi labor como mediador es influir en su decisión atendiendo a lo que necesita, más no manipularlo atendiendo a mi interés de que acepte participar. Podríamos escribir un artículo exclusivamente sobre la voluntad, yo también tengo muchas dudas sobre esto. 

Las necesidades de las personas están íntimamente ligadas a los sentimientos de seguridad, tranquilidad, confianza, idealizar, merecer, ser, hacer, tener; entre otras muchas tal vez. Fomentar la expresión de las necesidades es básico dentro de la mediación para arribar a solucionar el conflicto. Esa expresión debe ser un proceso justo y equitativo para las personas. Un proceso que debe respetar esa expresión sobre el ‘¿cómo me siento?’, ‘¿qué pienso?’ y ‘¿qué necesito?’; de proponer respuestas resolutivas a esos cuestionamientos y satisfacerlos en la mayor medida posible; subsanando además, todas las preocupaciones que el conflicto les ha engendrado desde el inicio.

Las personas que participan en la mediación enmarcan en su mente el objetivo de solucionar el conflicto, diríamos que es el primer interés en común que tienen. Y para lograr eso se requiere de cooperación. La cooperación es talante en la mediación y si no subsiste, simplemente no estaríamos hablando de mediación, aún cuando las personas lleguen a tomar acuerdos. Y no me refiero a firmar un papel que contiene un montón de letras llamado ‘acuerdo’, sino va más allá de eso, se trata de mejorar las relaciones de manera personal, viajar a nuestro interior, y mejorar las relaciones con los demás. Esto no implica que todos los que resuelven el conflicto salen siendo los mejores amigos del mundo, no siempre se da así, tampoco es el objetivo principal; pero al menos, llegan a comprender que existen mejores alternativas de solucionar sus conflictos si tienen la oportunidad de poder expresarse de manera responsable y empática.

La mediación, me atrevo a decir que es un modelo de educación socio-emocional para las personas, ya que, al final, les ayuda a comprender y, en el mejor de los casos, a desarrollar valores como la empatía, la tolerancia, el respeto, la solidaridad, la cooperación, a potenciar su autonomía, aprender a resolver conflictos que en el futuro lleguen a tener,  y mejorar sus relaciones con sigo mismo y con las personas que forman parte de su comunidad.

Y para concluir, tomando en cuenta lo anterior podrías decirme: “Josué, ¿me estás diciendo que la mediación me ayuda a cambiar mi manera de pensar y de actuar? En alguna medida sí. “¿No crees que parece una locura?” Locura no, utopía tal vez sí. Pero entiendo que como seres humanos somos resistentes al cambio, no por voluntad, sino por miedo. Y ojalá algún día nos encontremos en una sesión de mediación para que experimentes en carne propia a lo que me refiero. Y no pienses que te deseo el mal y que tengas todos los conflictos posibles para vernos en mediación; pero, sencillamente, el conflicto es inherente a nosotros. Si lo piensas bien, el primer conflicto que tenemos al nacer es no querer salir del vientre; nuestro entorno acaba de cambiar y por eso lloramos. 

Espero haber aportado un poco de valor a tu día. Si crees que esto puede ayudar a alguien puedes compartirlo. ¡Muchas gracias por leer!

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