Innovación en la solución de conflictos

Parece que es más fácil imponer ‘penas más severas’ que cambiar al ser humano

– Josué Ferrer –

Era el año 2012 cuando comencé a litigar para un despacho jurídico. Honestamente nunca me ha gustado trabajar para alguien más. Prefiero ser el piloto de mi propia nave y no el copiloto de la nave de alguien. Y eso me impulsó a comenzar mi carrera de abogado litigante. Las primeras emociones por comenzar a ejercer mi profesión eran grandes. Inexperto, ingenuo, soñador un poco, todos los días me vestía con la firme intención de crear cambios significativos en ayudar a las personas para acceder a la justicia. Años atrás ya había realizado prácticas en un juzgado penal, y me di cuenta de la realidad de nuestro sistema de justicia, un poco deficiente, impreciso, tardado, caro y lleno de burocracia, simplemente era un sistema que ya no estaba ajustado a la realidad actual de esos años. Estando en la otra línea de la cancha, en el sector privado, me di cuenta que la manera de impartir justicia por parte del Estado era la misma y era más difícil aún poder realizar cambios significativos desde esa trinchera. Las expectativas que tenía en un principio terminaron convirtiéndose en displicencia, pero a la vez, despertó en mí la curiosidad por encontrar la manera de cumplir con mi meta.  

He encontrado en la mediación esa fórmula que estaba buscando desde el principio, aplicada en mi vida profesional pues en más de cinco años de experiencia he descubierto que la mediación es la respuesta a mi intención, a mi propósito, es el arma más eficiente para impartir una justicia efectiva, eficiente y verdaderamente imparcial. Se ha convertido en un destino sin retorno. 

Hablaré de mediación no como una alternativa. Tengo la convicción que la mediación no funciona nada más para servir como alternativa dentro del sistema de justicia en el mundo. Debe ser el jugador principal dentro de la cancha y no estar en la banca. Su multifuncionalidad le permite ingresar a los diversos sectores socio-culturales hasta el punto de crear una construcción social como producto de la interacción de las personas a la hora de resolver sus conflictos, creando significaciones compartidas y dejar de mirarla como una alternativa para convertirla en la opción prima de resolución de conflictos.

Hablar de mediación es como construir una mesa redonda con cuatro soportes: el proceso, la forma, la materia y el propósito; siendo la mediación el tablero redondo sobre el que deben incorporarse todos los elementos involucrados: el conflicto en su estructura de análisis (proceso, persona y problema); la comunicación, el mediador y/o mediadora, las partes, las emociones y el método de solución. Hago referencia a esta metáfora no para explicarla, sino para dejar de manifiesto que la asunción de esos elementos que conforman a la mediación debe estar estimulada por la innovación. Esta innovación debe estar vinculada a las nuevas realidades que nos exigen un cambio del sistema paternalista (obsoleto), a un nuevo sistema basado en la prerrogativa de crear valor en la vida de las personas, solucionar problemas de manera eficaz y eficiente, cubrir necesidades, de respetar su individualidad con el objetivo de conseguir un bien común no un bien personal. El tema central en este artículo es el conflicto y la comunicación; y la manera de cómo innovar en esa comunicación para solucionar el conflicto.

La innovación en la solución de conflictos va más allá de aplicar tecnologías super avanzadas, y menos acá de crear “penas más severas”. Innovar en la solución de conflictos es crear alternativas para tratar el conflicto desde otra perspectiva. Es adaptarnos a los cambios mundiales, sociales, tecnológicos sin perder la esencia y dignidad del ser humano. 

Las relaciones humanas son un complejo sistema basado en vínculos ya sea familiar, laboral o colectiva, y eso quiere decir que, vivir en comunidad también implica vivir en conflictos (por naturaleza), teniendo como herramienta principal para crearlos y solucionarlos también: la comunicación humana. Dentro de la comunicación, existe un axioma que dice: “Es imposible no comunicar”. Todo el tiempo los seres humanos nos comunicamos a través del habla, de nuestros gestos, movimientos corporales, de la escritura, señas, forma de vestir, de caminar, incluso, ideologías políticas, creencias religiosas, todo eso y más, expone nuestra comunicación al mundo. 

La mayoría de los conflictos se dan por falta de comunicación o una mala gestión en la comunicación; entonces, por sentido común, si el conflicto se da por falta de comunicación, la manera de solucionar ese conflicto es restaurando esa comunicación (y aclaro, en mediación buscamos restaurar la comunicación entre las personas, no necesariamente reconciliar relaciones, esto es opcional). Pero la pregunta es: ¿cómo restauramos esa comunicación? A través de un proceso que sea justo para las personas en el que prevalezca la manifestación expresa y equitativa de sus necesidades, preocupaciones, e intereses; a través del canal de la comunicación asertiva, de una escucha activa compuesta por la observación, la atención, la reflexión y la transformación y, del entendimiento recíproco del conflicto cuyo fin es tomar acuerdos que prevengan y/o solucionen conflictos. Todo eso, conjugado con una empatía auténtica y una visión al futuro positiva. 

Para la solución de conflictos hay que basarnos en una comunicación positiva, inclusiva, asertiva, que permita el acercamientos de las personas dentro de la sociedad y respete, a su vez, la individualidad, la voluntad y la dignidad de cada persona. Así, la cooperación, el diálogo, la escucha activa y adquirir un pensamiento crítico, flexible y de crecimiento, serán las gemas que unidas ayudarán a crear una comunidad más empática, más tolerante, más humana. Eso, para mí, es innovación comunicacional. 

La mediación es un método que aún está en construcción (social) para ser aceptada como un modelo primario de solución de conflictos aplicado en sus tres vertientes: preventiva, proactiva y reactiva. Un factor que ha influido mucho para que las personas rechacen esta nueva manera de solucionar conflictos a través del diálogo es la resistencia al cambio. Estamos acostumbrados al castigo y creemos que esa es la única opción y la más eficiente para construir un significado de paz.

La construcción de la mediación requerirá de adaptaciones acordes a nuestra realidad cambiante, a nuestra forma de comunicarnos, adecuándola incluso a la tecnología, pero nunca debemos dejar a un lado esa individualidad de las personas, su autonomía de la voluntad, y el respeto a la dignidad humana. Debemos empezar a conectar a los seres humanos entre sí. Y considero que debemos empezar por los más pequeños de casa: los niños y niñas. Inculcarles estos nuevos procesos cognitivos y de construcción emocional para la solución de conflictos y una comunicación más empática, asertiva y sin violencia. En conclusión, diría que ahí radica la innovación, en mejorar el sistema educativo de los niños y niñas; y no únicamente desde las escuelas, sino también en casa. Educándolos en técnicas y herramientas de comunicación efectiva, comunicación positiva, inclusiva, asertiva; enseñándoles a formarse un pensamiento crítico, flexible y de crecimiento,  que les ayude a consolidar relaciones humanas más conscientes basadas en una cultura orientada al ser.

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