Una luz después del crimen

“Somos más las personas que queremos paz. Somos más las personas que queremos amor”

Marisol Ramírez Sánchez

Este viernes 18 de diciembre de 2020, se llevó a cabo un evento muy especial para toda la comunidad. Desde el año 2018, en Oaxaca y cada año en diciembre, se ha llevado a cabo el evento “El Árbol de los Ángeles”. Un programa cuyo origen se remonta en Texas, Estados Unidos, para conmemorar a todas las víctimas del crimen y a sus familias que han sufrido por las consecuencias de tales crímenes. En el Instituto Internacional Crecer con Justicia, nos hemos encargado de dar vida a esta ceremonia con la intención de brindar a las familias un espacio de acompañamiento, luz y esperanza para recordar a cada una de esas víctimas por no estar cerca de su familia. Recordándoles que siguen siendo parte de nuestra comunidad y que a pesar del miedo, la angustia, la tristeza, aún hay gente en el mundo que eleva una oración al cielo y al universo para mejorar sus vidas. 

Crímenes como el homicidio,feminicidio, violencia doméstica, abuso físico y sexual a niños y niñas, delitos sexuales, crímenes causados por el alcohol y, en general, todos aquellos delitos que han causado grandes pérdidas humanas y dolor para las familias, han creado barreras sociales en muchas partes de nuestro país y del mundo. Con sentimientos de venganza y de infringir el mismo dolor a la persona que nos arrebató la vida de la persona que amábamos, es como queremos vivir después de tan atroz evento. Y no es para menos. 

Vivir la pérdida de un ser amado en manos del crimen es el sufrimiento más hondo del ser humano. El vacío que se siente ante la falta de esa persona genera mucha incertidumbre en la vida de las familias. Sin embargo, el evento del “Árbol de los Ángeles” les ayuda a mirar que hay personas dispuestas a ayudarles y, en alguna medida, a transformar sus historias de vida. Que pueden seguir confiando en la humanidad y encontrar el sentido de la vida del familiar que ha partido. Recordarlo de la manera más humana posible y vivir su vida a través de su recuerdo. 

Cada uno de nosotros somos agentes de cambio que el mundo necesita urgentemente. No perdamos la esperanza en la humanidad. La etapa en la que podemos intervenir para prevenir crímenes violentos es desde la niñez. Y eso implica, en una enorme medida, dejar de normalizar la violencia. Cuántos padres o adultos enseñan a los niños a decir groserías en casa a tal grado de que el niño normaliza esas palabras y lo llevan a conductas adversas que pueden dañar a otras personas porque las palabras ya no son suficientes para dañar a otros. Y posiblemente, por esa normalidad, ellos crean que no dañan a nadie. Sin embargo, de una manera muy sutil y agresiva se suprime en los niños y niñas la empatía y la compasión. Si queremos tener adultos respetuosos, enseñemos a los niños y niñas principios y valores que ayuden a formar relaciones positivas y asertivas con los demás. Educarlos desde la compasión, la solidaridad  y el respeto, los ayudará a mirar el mundo desde su interior.

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