Mediar la comunicación y no el conflicto

“Buscar la verdad del otro es un ejercicio de humildad que no estamos acostumbrados a hacer”

Rafael Santandreu

Desde mis inicios como facilitador dentro de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, mis instructores influyeron para adoptar la creencia que la mediación es un mecanismo para resolver problemas o conflictos. Y claro, en un sentido amplio se entiende que es así, sin embargo, en un sentido estricto no lo es, y explico porqué. 

Durante el primer año en el Centro de Justicia Alternativa, comencé a darme cuenta que los conflictos en los que estaban inmiscuidos cargas emocionales más elevadas, eran los que me resultaba más difícil mediar, como por ejemplo, los conflictos familiares. Y siempre me pregunte: Josué, ¿qué estás haciendo mal? La respuesta: No lo sabía. Hasta que un día, llegó a la oficina de Justicia Alternativa, una persona enviada por el Ministerio Público, recomendando que acudiera a mediación para resolver su conflicto, sin embargo, dada su desesperación por haber acudido a mediación en muchas ocasiones anteriores, ya no quería volver a tomar el mecanismo, sólo estaba ahí para cumplir con el “trámite”.

El conflicto, era familiar, número de personas involucradas 10. En resumen, estaban involucradas dos familias que por más de 20 años habían acarreado un conflicto, muy polarizado, que en varias ocasiones había llegado a los golpes, insultos, incluso, ocasionó enfermedades psicológicas, clínicamente comprobadas, a una persona (y posiblemente a muchas otras). En la entrevista previa a la persona que solicitó el servicio, me comentó que por el lapso de 5 años, los facilitadores que me antecedían, habían llevado a cabo sesiones de mediación y ninguna de ellas había sido efectivas pues el conflicto aún seguía polarizado, pues las amenazas, los insultos y en algunas ocasiones, los golpes, seguían dirigiendo la situación. El trasfondo del asunto era muy peculiar, pero por respetar el principio de confidencialidad, no lo podré divulgar. 

Una vez tomado el caso (pues consideré que por mi experiencia, diligencia en ese tipo de asuntos y con la firme intención de ayudar a las personas para mejorar su calidad de vida), me aboqué a analizar la situación pero desde una perspectiva diferente. Las preguntas que me hice fueron: ¿Por qué la mediación no ha funcionado? Si después de 3 mediaciones, ¿por qué las personas seguían sumidas en el conflicto?, ¿cómo lidiar con un conflicto donde las cargas emocionales ya han rebasado la barrera de lo permitido? ¿cómo lidiar con una persona que el conflicto le ha causado enfermedades psicológicas? En fin, después de algunos días de reflexión, decidí proponerles que llevaría sesiones previas (privadas e individuales), con cada integrante de las familias, sí, con cada uno (afortunadamente, todos accedieron a mi propuesta, aún sabiendo que eso implicaría llevarnos más tiempo), pues mi intención era escuchar la perspectiva individual que cada uno tenía respecto al conflicto, saber como les había afectado tanto en el pasado como en el presente, y crear una estrategia de acción para abordar el conflicto. 

Una vez culminadas las sesiones previas, y haber escuchado a cada una de las personas, me di cuenta que todas las preguntas estaban mal enfocadas, pues comprendí que, después de 3 sesiones de mediación sin éxito, el objetivo no era resolver el conflicto, sino, mediar la comunicación. Así es, fue aquí donde expandí el poder de la mediación para concluir que su propósito no radica en resolver el conflicto, sino en mediar la comunicación para transformarla a mejor y así poder tomar acuerdos para solucionar la situación conflictiva. 

La comunicación entre ambas familias se había resquebrajado, existía nula comunicación entre ellos por informaciones erróneas, malos entendidos, situaciones emocionales mal gestionadas, y básicamente, por haber tomado la decisión de dejar de comunicarse correctamente; lo más grave de todo, es que ese conflicto ya había encarrilado a 3 generaciones, entonces, volver a confiar entre ellos mismos, era una meta prácticamente imposible para ellos. 

Afortunadamente, llevé una sesión de mediación, más bien, diría que un círculo de paz, en el que participaron los que necesitaban estar ahí. El resultado, aterrizó en transformar el paradigma que cada uno traía antes de entrar a la sesión. Lograron apartar de su memoria, los recuerdos que les ocasionaron tormentas y pudieron escuchar directamente lo que pensaban todos. La vulnerabilidad de todos los llevó a compartir sus historias positivas que habían vivido 20 años atrás. Descubrieron que una oportunidad, una ocasión, una decisión, decir , y centrarse en sus necesidades y sentimientos, en lugar de sus exigencias y aires de poder, transformó por completo su comunicación para beneficio de todos. 

Aquí aprendí dos cosas que quedaron en mi mente para siempre. Primero, que la mediación, y en general, todas las prácticas restaurativas, tienen un poder ilimitado que funciona con la energía de las personas. Y segundo, que la meta de la mediación es resolver el conflicto; su objetivo, tomar acuerdos, pero su propósito específico, es de restaurar la comunicación entre las personas; y esta parte siempre es la más compleja, la más ausente, pero también la más humana. La mediación gira en torno a la comunicación, no al conflicto. 

Por lo tanto, el trabajo del mediador debe partir de mediar la comunicación entre las personas y restaurarla, para restablecerla y poder tomar acuerdos que lleven a resolver el conflicto.

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