Cómo desarrollar la imparcialidad

Lo único que nos distingue son nuestras ideas

– Josué Ferrer –

¿Cuántas veces has calificado a una persona como buena o mala? ¿Cuántas personas te han dicho que lo que dices, haces o piensas está bien o está mal? Sobre todo lo que haces. Y, ¿a quién has eliminado de tu lista de contactos o de Facebook, solo porque crees que es una “persona tóxica”? En realidad el ser humano está acostumbrado a vivir en dualidades (creo que es un constructo social). Bueno – malo. Arriba – Abajo. Rico – Pobre. Negro – blanco. Como si los opuestos fueran lo único que existe. Pero, ¿Qué hay entre lo bueno y lo malo de una persona? Un sin fin de respuestas, interpretaciones, creencias, ideas, palabras; las cuales no sabemos identificar porque nos dejamos llevar por la primera reacción emocional que sentimos en el instante. Sin embargo, en medio de lo bueno y lo malo hay un ser humano que busca una guía que lo ayude a resolver su conflicto interno. 

Actualmente he llevado procesos de mediación en divorcios. Y una de las partes que más trabajo cuesta en conflictos de esta naturaleza es la imparcialidad. Hace unos meses, en medio de la pandemia, conocí a una matrimonio que estaba en planes de separarse. Durante la sesión de mediación ambos estaban conscientes que la comunicación entre ellos no estaba del todo bien. Y precisamente por ese tiempo, la relación con mi esposa pasaba por un sendero empedrado que comenzaba a romper las ruedas de nuestra carreta. El andar era muy incómodo y doloroso. El hecho de haber llevado a cabo esa sesión de mediación me abrió la mente para empatizar con ambos y consecuentemente caí en una conciencia profunda de trasladarme a mi propia situación y comprender que al igual que ellos, la comunicación con mi esposa requería de ser atendida y restaurada. Y en ese viaje interno me di cuenta de dos cosas. La primera, fue darme cuenta que ayudar a otras personas a resolver su conflicto es una forma muy efectiva de ayudarte a solucionar tu propio conflicto. Es como sobrevolar el mismo terreno y analizarlo para saber dónde vas a aterrizar. La visión y perspectiva que te da abandonar tu individualidad te da la oportunidad de crear una historia alterna donde caben todos las personas que te rodean. Crear una historia donde también tomamos en cuenta la narrativa de los demás. Y bueno, la segunda cosa que aprendí es que la imparcialidad (como valor humano), está compuesta de dos elementos: emoción y razón. En la mayoría de los casos siempre prevalece más la emoción que la razón y para poder equilibrar ambos elementos, considero que la fórmula maestra es la siguiente: 

Autodominio Emocional y Cognitivo + Pensamiento Flexible + Pensamiento Reflexivo 

AUTODOMINIO EMOCIONAL Y COGNITIVO

Qué difícil es esta parte. Creo que de toda la fórmula, esta es la parte más difícil y es que, no es nada sencillo hacer a un lado el ego y mirar las situaciones y a las personas involucradas, desde una perspectiva imparcial. El autodominio implica tener la capacidad de poder autogobernarte. De controlar tus impulsos emocionales reptilianos y no dar nada por hecho. De no sacar conclusiones apresuradas sobre las narrativas de las personas. En mediación no especulamos, toda hipótesis tiene que ser comprobada con base en elementos objetivos percibidos a través de los sentidos. La objetividad es un componente del autodominio ya que a través de ella, puedes detenerte a analizar la situación y valorar los probables caminos sobre los que puedes ir dirigiendo el conflicto. Eso suena fácil pero en realidad es un trabajo que requiere mucho desarrollo personal. Ser consciente de ti misma y saber identificar tus propios pensamientos y emociones parte de aceptar que tu realidad es lo que está pasando en el momento, y nada más. Suele sucederle a muchos mediadores que se identifican con el conflicto que están mediando. Ya sea porque están pasando por una situación así, o vivieron, o algún familiar lo vive. Y eso, tiende a nublar su objetividad, llevándolo a un callejón del que no encuentra salida porque empieza a inclinarse más sobre la persona que él considera, de acuerdo a sus experiencias vividas, es la más vulnerable en el conflicto. Recomendación: piensa lo que sientes y siente lo que piensas. Pero Josué ¿Qué significa exactamente eso? Que antes de actuar, identifiques la emoción y los pensamientos que te está provocando y posteriormente analices si la respuesta que vas a dar aterrizará en un plano imparcial. 

PENSAMIENTO FLEXIBLE

¿Qué hay antes del pensamiento flexible? Un pensamiento prejuicioso. Sí, antes de poder presumir de un pensamiento flexible, tenemos que reconocer que somos seres humanos prejuiciosos. Y en realidad creo que todos, sin excepción, somos así. Pero, ¿se puede contrarrestar eso? Sí, sin duda. Y para lograrlo se requiere de hacer un recableado mental eliminando todo lo que hemos aprendido desde nuestra niñez. Pararte en la postura de que todas las ideas que tienes, todas las creencias, todas las palabras, no son tuyas, tú no las creaste, siempre fueron implantadas en tu cerebro dictaminando como es que tienes que ser o actuar ante la vida. Generalmente los conflictos surgen por diferencias, y esas diferencias se manifiestan a través de las palabras, y esas palabras no son más que simples interpretaciones de nuestras ideas, no las cosas mismas. Todo lo que hemos aprendido por medio de los sentidos es lo que va determinando nuestras ideas y creencias del mundo. Las interpretaciones que hacemos son meramente manifestación de esas ideas aprendidas y preconcebidas. Pasar de un pensamiento prejuicioso a un pensamiento flexible, implica eliminar nuestras propias creencias, porque muchas veces creemos que lo que pensamos es lo único que existe en el mundo, y el mundo es el que tiene que adaptarse a uno. No hay verdad absoluta, solamente historias incompletas. 

PENSAMIENTO REFLEXIVO

Otra parte de la fórmula de la imparcialidad es el pensamiento reflexivo, y este pensamiento reflexivo está ligado con la curiosidad y la curiosidad es la antesala de la genialidad. Para poder alcanzar un nivel de compromiso bastante aceptable para las partes en mediación, debes ser lo suficientemente curioso, o curiosa, para despertar en ellos la misma curiosidad y decidan compartir contigo sus historias. Y así como un niño o niña que a los 3 años preguntan ¿por qué? debe ser el mediador o mediadora. Aclaro, en mediación es recomendable no utilizar las preguntas de ¿por qué? porque tienden a interpretarse como una pregunta que juzga. En lugar de preguntar ¿por qué? mejor pregunta ¿para qué? Y bueno, creo que la herramienta macro que tiene al alcance el mediador o mediadora son las preguntas. Saber preguntar es imprescindible para todo ser humano. Las preguntas aclaran situaciones complejas o confusas y ayudan a obtener más información sobre lo que nos interesa saber. Entonces, el pensamiento reflexivo ayudará a las personas a reflexionar sobre el conflicto en que se encuentren, con la finalidad de ubicarlos en una realidad objetiva y sepan que existen otros caminos que pueden tomar para lograr conseguir su tranquilidad. Y creo que la mejor alternativa de despertar la curiosidad y la reflexividad es por medio de las preguntas. Darle un orden a sus historias y poder formar, en colaboración, una historia restaurativa. Mirar el conflicto desde diferentes perspectivas para tener más herramientas de trabajo que ayuden a solucionar el conflicto.

Conclusiones

Si te preguntabas ¿Qué es la imparcialidad? Podemos definirla con base en esta fórmula y en ese sentido; la imparcialidad es tener un equilibrio emocional y cognitivo para desarrollar un pensamiento flexible y reflexivo basados en la objetividad, sin juzgar y estar abiertos a cualquier cambio en las personas o en el contexto. La imparcialidad es un valor y principio de la mediación que ayudará al mediador o mediadora a que las personas confíen más en él o ella. Si las partes, dentro de la sesión, observan que el actuar del mediador es completamente imparcial, aumentará la confianza y esa mediación podrá concluir con resultados positivos. La fórmula de la imparcialidad está compuesta por 3 partes: el autodominio cognitivo y emocional; el pensamiento flexible y el pensamiento reflexivo.

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