1:10 A.M.

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Lunes 2 de junio de 2013, se aproximaba la media noche y con ella la lluvia que caía parecía arrullar las estrellas. Suave, tranquila, relajante. Silencio total en la sala de espera; solo, como si de un sueño se tratara. En la esquina de la sala, una luz parpadeaba y mi mirada fijaba el tiempo en esa intermitencia. Recostado sobre la banca pasaron las 12 de la noche. Me levanté, y me acerqué a la máquina expendedora que se encontraba a 4 pasos de mí para retirar un paquete de galletas. Al lado, otra máquina de café me invitaba a un vaso de café para pasar el tiempo. 

1:10 de la madrugada. Ella estaba aquí. Nueva exploradora en el mundo. Yo estaba allá. Nueva exploración para mi. Nos conocimos sin pensarnos y vivimos pensandonos aún estando juntos. A partir de ese momento el núcleo de mi mundo colisionó con el núcleo de su universo, sin duda el suyo absorbió al mío. Era nada al lado de ella, soy nadie estando con ella. 

Han pasado 7 años y me sigue enseñando como funciona su mundo. Soy un viajero que llegó a su planeta para explorarlo y cultivarlo. Dejarlo listo para ser autosustentable y autosuficiente. Definitivamente no lo sé todo. Consciente estoy que siendo un extranjero, algún día tendré que retirarme. Como todo en la vida, hay que dejar ir para dejar avanzar. 

Son las 11:41 de la noche, del domingo 21 de febrero de 2021. Sé que esto no es un artículo informativo. Y tal vez sea algo que no te ayude en nada. En realidad la idea principal era escribir acerca de cómo mejorar la relación con tus hijos. Pretendía empezar con la historia del día que nació mi hija y terminó convirtiéndose en un sentimiento puro, plasmado en una pantalla. 

Sólo me dejé llevar por lo que siento en este momento. Porque amo a mi hija y siempre ha sido la mayor fuente de inspiración en mi vida. Y tal vez sea porque estoy escuchando “Undan Hulu” de Ólafur Arnalds (la humildad y la belleza con que toca el piano me lleva a lo profundo de mi alma), pareciera una fuente de agua relajante para mi alma. 

Pero así es la intuición del amor. Dejarte llevar por lo que sientes en el momento. No importa lo que pase mañana. Hace unos días escuché en un Podcast de Diego Dreyfus, una frase que me impactó mucho: “Existir en consciencia es el espacio que queda entre el pasado y el futuro”.

Amate a ti. Ama a tus hijos e hijas. Ama a tu pareja. Ama a tu familia. Ama tus enojos. Ama tus pérdidas. Ama a tu pasado pero más a tu presente, porque el tiempo que estés ocupando ahora tendrá repercusiones en el mañana. Ama tus errores, porque amarte también implica equivocarte, y viceversa. Ahí encuentras la mayor prueba de amor propio, en las adversidades. Ese amor que le transmites a tus hijos e hijas. 

Bueno, me voy. Gracias por leerme si llegaste hasta aquí.

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