LA imPARCIALIDAD DE LA JUSTICIA EN MÉXICO

En el año 2019, el World Justice Project publicó resultados de encuestas aplicadas a más de 25,000 mexicanos sobre la perspectiva que tienen de la justicia en México, orientadas a conocer las necesidades legales que tienen los mexicanos. En dichos resultados, se reveló que muchos mexicanos no contratan servicios de abogados para resolver sus disputas, prefiriendo acudir a un conocido para resolver el conflicto o acudir directamente con la contraparte para solucionarlo. Asimismo, sólo el 30% de los mexicanos con problemas legales, buscó asesoría o representación legal. Y el 40% de los encuestados, manifestó haber obtenido una consecuencia negativa derivada del conflicto principal. 

Estos resultados, demuestran dos cosas. La primera, la falta de confianza de la ciudadanía en las autoridades que imparten y administran justicia, ya sea por que los procesos son muy tardados; o por desconocimiento de dónde acudir o falta de recursos económicos para pagar un abogado y mantener un proceso jurisdiccional por muchos años. Y la segunda, tiene que ver con la justicia retributiva, es decir, la justicia que impone castigos en proporción al daño causado, y que además, es moralmente aceptable, sin importar los beneficios y/o perjuicios que dicho castigo pueda producir para la ciudadanía, porque en realidad al estado no le interesa la ciudadanía como individuos sujetos de derecho, sino como objetos de derecho, ya que se considera que el daño se cometió en contra el estado y no contra una persona; por lo tanto, al tener el estado el poder de juzgar y castigar, es este quien determina quien es el bueno y quién es el malo de la historia, cayendo así en una parcialidad hacia sus propios intereses.  

El mayor problema de la justicia retributiva es que dimite de la imparcialidad y la equidad, haciendo valer una justicia completamente utilitarista, porque supone que “protege” debidamente los intereses y necesidades de las personas, cuando en realidad, nunca se ha acercado a preguntarles qué necesidades desean satisfacer. Por muchos años hemos vivido en una justicia desde el idealismo, creada en el imaginario de las personas que representan a la autoridad. Entonces, ¿por qué no aplicar una justicia dentro del marco de la democratización? Y la democracia no debe entenderse como la participación de la mayoría, sino la distribución de fuentes de generación de riqueza para que todos tengan acceso.  

Siguiendo esa línea, creo que la justicia debe componerse de dos elementos importantes: la imparcialidad y la equidad. Vistas como la antesala a la impartición de justicia (pronta, expedita e imparcial), tomando en cuenta primero que, toda persona nace libre e igual, que otros, en derechos y obligaciones. El problema surge cuando las personas, desde su individualización, entrañan la razón de que su postura es la que debe prevalecer y ganar por encima del otro. Y la otredad, para el ser humano, no es más que la parte equivocada de su propia postura pero que no acepta ni reconoce. 

Y bueno, creo que debemos esclarecer el término de justicia pero desde la dicotomía compuesta por LIBERTAD e IGUALDAD, porque de estos dos elementos, parte la idea que cada persona tiene sobre JUSTICIA, pues en general, todos exigimos igualdad basada en nuestra libertad y respetando los derechos que el mismo estado está obligado a proteger y garantizar. Pero el problema se enraíza cuando las partes en conflicto exigen justicia con base en la premisa de que, mi libertad pesa más que la tuya y por lo tanto yo tengo la razón y la verdad de los hechos. Entonces, la pregunta es ¿Cuál es la línea que divide sutilmente la libertad de la igualdad? 

En términos de justicia ¿Qué o quién nos da la calidad de iguales? Y, ¿Cómo medimos la libertad? Se dice que mi libertad termina donde inicia la tuya, pero, ¿dónde termina mi libertad e inicia la tuya? Y por otro lado, ¿no se puede confundir la libertad con el poder? Es algo muy común en la sociedad que las condiciones economicas, de influencia política o personal, de mejores puestos laborales, etc; influyan mucho en la marcación de la desigualdad social, cayendo incluso en la discriminación, prestandose a corromper la imparcialidad de la autoridad. Ese exceso de libertad, que en realidad ya es llamado libertinaje, es el que promueve la desorientación de la justicia y la prostitución de la parcialidad.  

Creo que para arribar a una impartición de justicia imparcial y equitativa, es necesario respetar la decisión individual de las personas, y no me refiero a una individualidad egoísta, sino aquella donde se busque la manera de entrelazar tus intereses y necesidades con mis intereses y necesidades, para que, de manera equitativa, podamos encontrar un punto de referencia común que nos ayude a crear una comunidad más empática, responsable y respetuosa, cuyo vehículo para llegar a ello sea el reconocimiento mutuo, no como adversarios, sino como seres humanos que buscan el placer de vivir una vida más tranquila, armoniosa y feliz. 

Y bueno, concluyo sin una conclusión concreta. Sólo agrego que considero, desde mi punto de vista como abogado y mediador, que la mejor manera de impartir una verdadera justicia en nuestro país es a través de las prácticas restaurativas, estando inmersa en ese espectro la mediación. Pues durante seis años, me ha quedado claro que es el único método de impartición de justicia que cumple con las cualidades de ser imparcial y equitativa, donde las personas se hacen responsables de sí mismos en lo individual y en lo colectivo.

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