Los límites de la empatía en mediación

Hace unas semanas atrás, publiqué un artículo acerca de cómo mejorar tu empatía en 5 minutos, y la clasificación que, según yo, es la que comprende de una manera más amplia la manera de desarrollarla mejor. Dentro de esta clasificación, se aduce a que existen dos tipos de empatía tomando en cuenta la naturaleza funcional del ser humano: la empatía racional y la empatía emocional.

Ideológicamente, el ser humano debe aspirar a una empatía emocional para crear capital humano más compasivo y solidario, sin embargo, creo que en algunas circunstancias no es conveniente ser empáticos de primera instancia. Para comprender un poco mejor esta idea lee lo siguiente y al final puedes dejar tus comentaros acerca de lo que opinas.

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Dentro de la justicia restaurativa, y de las prácticas restaurativas,  existe una teoría propuesta por Ted Watchel llamada “ventana de la disciplina social”, que es aplicada como elemento conductor de las personas que lideran o ejercen autoridad sobre un grupo de personas. En ella, encontramos que para poder llegar a ser personas con una autoridad restaurativa debemos aprender a brindar apoyo a las personas que lo necesiten pero también, y muy importante, aprender a poner límites o control, y creo que esto puede ser aplicado en todos los ámbitos de nuestra vida para tener un balance en nuestras relaciones intrapersonales e interpersonales.

Bajo esta premisa, creo que lo mismo debemos hacer en el campo de la empatía aplicada en mediación. Debemos aprender a poner límites a la empatía para no perjudicar nuestra propia salud emocional y mental. No digo que la empatía sea mala, sólo que, si no sabemos gestionar nuestras propias reacciones emocionales ante una empatía más allá de, corremos el riesgo de perder la objetividad y tomar emociones que no son nuestras. Sé que esto parece sencillo de decir pero lo complicado no es decir no, sino, saber identificar cuando estoy perdiendo la objetividad en mis propios pensamientos y sentimientos; sobre todo, aquellos que nos dedicamos a interactuar con los problemas y conflictos de otras personas. 

Por esa razón, aquí te muestro algunas situaciones en las que es necesario establecer algunos límites a la empatía.

Un exceso de empatía puede generar el síndrome de burnout, o de desgaste profesional. Este síndrome, que no es propiamente una enfermedad, está asociada a la exposición constante de estrés crónico, exigencias agobiantes, que pueden desencadenar enfermedades mentales, psicológicas y físicas. Generalmente, este síndrome recurre a personas que se dedican a jornadas estresantes de trabajo o profesionales que se dedican a la interacción constante con otras personas como, la medicina, salud psicológica, seguridad, trabajo social, y ahora agregare, la mediación. 

En este sentido, el no poner límites en la empatía puede llevarnos a querer ayudar al mayor número de personas a resolver su conflicto en un mismo día, por ejemplo. Las personas que nos dedicamos a esto, sabemos que una sesión de mediación puede durar una hora y media o dos, y en casos muy excepcionales, hasta más de dos horas. El tiempo es un factor muy importante que debemos aprender a medir y controlar ya que la descarga emocional de las personas recaen en el mediador o mediadora y puede llevarle a generar estrés o ansiedad por la situación, más aún, cuando el mediador o mediadora se identifica con la historia de la persona mediada. 

Por esa razón, y tomando en cuenta que la actividad mental y psíquica que debe aplicarse al escuchar activamente, al formular preguntas, al validar emociones y pensamientos, debemos aprender a buscar la manera de vaciar esas cargas emocionales que llegamos a sentir en el momento platicando con alguien más o, escribiendo un diario de ello, y también, aprender a definir horarios entre sesión y sesión para tomar meditaciones cortas o cualquier otra actividad que te distraiga. 

Otra de las razones de porque debemos poner límites a la empatía es que el exceso de empatía puede limitar la capacidad de imparcialidad y justicia. Es un trabajo complejo ser empático con 2 personas, o más, al mismo tiempo porque nuestras preconcepciones nos hacen inclinarnos hacia un lado siempre. Ya sea porque las historias son similares a la mía o porque ideológicamente apoyo más una causa que otra; por ejemplo, si nací en un lugar socioeconómicamente pobre donde históricamente he conocido más casos de pobreza, negligencia de autoridad, más criminalización, etc., esas condiciones crearán en mi la idea de que tengo que ayudar más a ese tipo de personas que a cualquier otra, y eso se traduce en que voy a ser más empáticos con ellos. Y si en determinado momento me encuentro con un asunto en donde una persona con recursos económicos ilimitados ha sufrido algún crimen, diré que seguramente andaba metido en malos pasos por eso le sucedió eso y, más aún, que seguramente se lo merecía. 

Creo que de seis años que tengo desarrollando procesos de mediación, me he dado cuenta que es algo normal y natural sentir más empatía por una persona o grupo de personas que por otras. Ideológicamente siempre tenemos que identificarnos con ciertos pares para encontrar una identidad en nosotros. Sin embargo, para el tipo de labor que desarrollamos los mediadores, si debemos educar a nuestra habilidad empática para no salirnos del marco de imparcialidad y la justicia. 

Otra limitante que debemos aprender a poner a la empatía es conocer y saber la intención de las personas al hablar o actuar de cierta manera. No debemos ser condescendientes ni ingenuos con las primeras palabras que nos dicen. Esto cobra mayor relevancia en las sesiones previas porque es aquí donde podemos acercarnos un poco a la verdad de los hechos, contados desde la perspectiva de cada parte. La curiosidad es un elemento fundamental en la mediación pues a través de ella podemos descubrir partes de la historia que no quiere ser contada. Esta es la razón que le aporta valor a la importancia de siempre hacer sesiones previas. 

Para concluir, podemos encontrar muchas situaciones donde debemos poner límites a la empatía, al final de cuentas la empatía no debe ser enfocada para sentir lastima con las personas, pero si tal vez compasión y solidaridad. Puedo no ser empático emocionalmente pero si debo serlo primero racionalmente, es decir, para saber y comprender qué es lo que sientes, primero tengo que saber y comprender qué es lo que piensas respecto a aquello que te llevó a sentir eso que sientes.

Dentro de un conflicto el ser humano siempre va a sentir la necesidad de excusarse o justificarse contando su versión de los hechos. La carga emocional que experimenta cada persona dista una de otras y eso puede desencadenar en narrativas manipuladas y manipulables. Por esta razón siempre es importante saber la intención de las personas pues muchas veces las necesidades se albergan en la intención y no en las acciones mismas. 

Por último, creo que para poder desarrollar una empatía emocional plena (que creo es difícil lograrlo), debemos aprender primero a conocer la empatía cognitiva. Sólo de esta manera podremos comprender la intención en las conductas y así determinaremos el grado de empatía emocional que debemos demostrar.

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