Las niñas y los niños no son el futuro

“En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero reparar asimismo este presente”

Friedrich Nietzsche

En 2018 y 2019, tuve la oportunidad de cursar una increíble especialización en justicia restaurativa aplicada en reuniones víctima-ofensor en delitos graves como secuestro, violación, delincuencia organizada, etc. Aunado a ello (en esos mismos años), y como complemento de dicha especialización, participé como facilitador en el Programa de justicia restaurativa “Bridges to life” (puentes a la vida), dentro de la Penitenciaría Central de la Ciudad de Oaxaca; impartido por dos personas con una calidad humana y una visión sin fronteras de la justicia restaurativa: Marisol Ramírez Sánchez y Eddie Mendoza. 

Considero que la manera en cómo funciona el mundo es a través de una visión filosófica dualista, es decir, que existe un mundo material y el mundo de las ideas, estamos conformados por ideas y materia. Visualizamos el mundo por medio de nuestras ideas materializándolas por medio de significados. Somos consecuencia de nuestras condiciones idealistas, imaginarias, materiales e históricas en las que hemos vivido y crecido desde nuestra niñez. Toda la información y condiciones que nos fue transmitida por nuestros padres, tutores, educadores, maestros, etc; resulta ser, a la postre, las mejores o peores condiciones en las que viviremos de adultos. 

Cobra mucha relevancia la educación que recibiste, el lugar donde viviste y creciste, las interacciones sociales que tuviste, la relación de pareja que viste de tus padres, ya sea entre tus progenitores o de ellos con otras parejas, los amigos que tuviste en la infancia, los idiomas que aprendiste, la relación con tus padres (ausentes o presentes), con uno o con los dos, el estado o país donde creciste, las costumbres y creencias religiosas, en fin, un sin fin de factores que poco a poco se van impregnando en tu subconsciente y que los vas normalizando a lo largo de tu vida. Por esa razón, la relación con tu pareja actual es un reflejo de tus lecciones aprendidas en tu niñez. Esas ideologías sembradas en la niñez, serán las acciones cosechadas en la adultez. 

La historia y evolución humana se da a partir del conjunto de hechos y sucesos que se han desarrollado en torno a nuestras vidas. En muchas situaciones, nuestros pensamientos y acciones nacen de factores endógenos y exógenos que limitan o potencializan nuestro desarrollo humano. 

Sólo a través de nuestro pasado podemos crear nuestro futuro. No podemos negar de donde venimos y menos restarle valor a nuestras enseñanzas. Con esto no digo que no exista la posibilidad de cambiar nuestras creencias e ideologías y, consecuentemente, nuestras acciones, reacciones y respuestas al mundo; claro que se puede. Gracias a nuestra plasticidad cerebral, tenemos la habilidad de cambiar radicalmente de creencias y aprender cosas nuevas en cualquier etapa de nuestra vida; claro, mientras más envejecemos, más perdemos dicha capacidad. 

Ridículamente creemos muchas veces que el castigo recibido por una conducta dañina es el resultado de nuestras propias decisiones, es decir, que uno mismo al accionar “mal” se busca el castigo, y aquí es donde entra al juego lo que llamamos “karma” (que también resulta ser más ridículo atribuir a algo espiritual nuestros actos pues es como una manera de autoflagelarse). 

Es ridículo pensar eso porque en realidad son nuestras precondiciones históricas y preconcepciones de la vida lo que nos llevan a tomar las decisiones, ya que muchas veces no contamos con el abanico de opciones y herramientas humanas para generar y evaluar múltiples respuestas a una misma condición, pero ¿por qué? Porque nunca se nos enseñó. 

Y aquí traigo a colación la parte introductoria de este artículo en el sentido que, al saber o conocer de que una persona ha sido privada de su libertad por la comisión de un delito, la primera respuesta que la mayoría da a la pregunta de ¿por qué están encarcelados? sería: “porque se lo merecen” “por castigo divino” “porque seguramente hicieron algo malo” “porque son malas personas”; y todo lo vamos dirigiendo hacia la persona, hacia sus condiciones materiales de vida, hacia el lugar donde nació, si pertenece a alguna etnia, vive en determinada colonia, etc. Y la verdad es que lo malo no está en las personas que viven privadas de su libertad, lo malo está en las personas que vivimos en libertad. Si tan sólo tuviéramos el valor de mirar en su alma, en lo profundo de su océano, nos daríamos cuenta que sus decisiones no fueron tomadas deliberadamente, muchas veces son consecuencia de cómo vivieron su niñez.

Ahora, hay algo que en lo personal me preocupa mucho: ¿que les estamos transmitiendo hoy a nuestros hijos? ¿cómo van a llegar al futuro nuestros hijos? Los niños y niñas son el género más vulnerable de toda la humanidad, son los que más sufren el mayor grado de marginación, los separamos del mundo porque los minimizamos, los infravaloramos, promoviendo así en ellos la desigualdad, la irracionalidad, el racismo, la inequidad, la alexitimia. Muy posiblemente sintamos envidia de ellos porque solamente ellos tienen la capacidad innata de crear, inventar, de caer y levantarse infinidad de veces, de llorar y reír y de enojarse y ser feliz, porque para ellos es más importante la felicidad que les produce jugar, que perpetuar su enojo. 

Las niñas y los niños no son el futuro, ellos son el presente para formar un futuro colectivamente más responsable. Los niños viven en una inconsciencia que espera curiosamente ser dotada de luz, amor y virtudes. 

Así que cuando conozcas a un niño, niña, adolescente o adulto que, según tus pre concepciones idealistas, no es correcto su actuar; primero trata de averiguar la razón y su verdadera intención de ese actuar: no juzgues, no critiques, no califiques, no estigmatices. Guarda un rato el ego. 

Y también, la próxima vez que tu hijo o hija haga un berrinche no lo recrimines, no lo culpes, no lo castigues; en lugar de eso mirate al espejo y pregúntate qué estás aportando tú para que su reacción sea esa. ¿Le enseñas a reaccionar o a responder? ¿Le transmites confianza o miedo? ¿Le enseñas amor o egoísmo? ¿Le enseñas lo que te enseñaron a ti? 

Para finalizar, hay una frase que me ha encantado de Nietzsche: “En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero reparar asimismo este presente”

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