La dialéctica hegeliana y la mediación. Un modelo para armar

“Las verdaderas tragedias no surgen del enfrentamiento de un derecho y una injusticia; surgen del choque de dos derechos”.

Hegel

Hace algunas semanas que estaba dando una clase de mediación, despertó en mí la curiosidad de ¿por qué el conflicto es positivo? Dentro de todas las capacitaciones de mediación que he tenido y que, incluso, he dado, se ha hecho la pregunta sobre si ¿el conflicto es positivo o negativo? Y sin darle más vueltas a la pregunta, se concluye que es positivo porque permite crecer y mejorar las relaciones, claro, siempre y cuando el conflicto sea tolerable para resolverse. Este enfoque pedagógico, o pregunta, siempre ha llegado a ese límite, pero más allá de eso, nadie me ha explicado porqué es importante pensar eso. ¿Cuál es la razón de mejorar nuestras relaciones a través del conflicto? ¿Cuál es la raíz de ese positivismo? 

Imaginemos un conflicto sencillo, un conflicto sobre un choque de tránsito. Seguramente ya te habrá pasado o alguien cercano a ti le pasó. Entonces, imagina que sucede un choque de tránsito en un crucero de tu ciudad, en uno de los vehículos vas tú y cuando se da el percance, inmediatamente sales del vehículo para ver primero los daños de tu carro y posteriormente para confrontar al otro conductor. En ese momento, lo primero que sucede en tu mente es echarle la culpa al otro conductor y automáticamente empiezas a diseñar un discurso con el que tienes que ganar para hacer que te pague los daños. Ahora, ese mismo proceso mental que pasó en tu cerebro, pasó en el cerebro del otro conductor. 

Y la pregunta no es ¿quién ganará? sino, ¿cómo se resolverá el conflicto cuando existe un 50/50 de que ambos tengan la razón? Y posiblemente responderás: mediante una prueba pericial; sí pero… mejor no nos metamos en más problemas. ¿Cómo llegamos a la verdad de los hechos? (olvida la prueba pericial porque solamente se centran en el choque pero no analizan el contexto del conflicto, es decir, no está diseñado para analizar el ecosistema conflictual) 

Este ejemplo puede servir como referencia para lo que quiero explicar. En la mayoría de los conflictos, siempre existen posturas contradictorias. La mayoría de las veces que nos encontramos dentro de un conflicto, creemos, a priori, que tenemos la razón y por lo tanto mi reacción primaria será tratar de convencerte que las cosas pasaron como yo digo que pasaron y, por lo tanto, no hay cabida en mis razones para tu argumento. A esto le llamamos retórica, entendida como la habilidad del lenguaje para probar, a través de las palabras, que mi dicho tiene validez vs el tuyo, y para lograr eso se utilizan técnicas de persuasión y convencimiento. Es decir, la retórica es un discurso lineal y monológico que en la antigua grecia se usaba para hablar en auditorios de una manera elegante. 

Durante mi carrera y ejercicio como abogado, me di cuenta que en un litigio lo que se busca es llegar a la verdad histórica de los hechos para resolver el conflicto, por medio de la retórica y la argumentación jurídica, apoyados de elementos probatorios y la habilidad del abogado para hablar bonito y elegante con palabras rebuscadas. Sin embargo, en mediación, o cualquier método de solución de conflictos autónomo, lo que se busca es llegar a una verdad emocional apoyada en las vivencias de cada persona y en la colaboración y cooperación creativa de ambos, encontrar una realidad colectiva y así solucionar el conflicto; es decir, crear una nueva historia que haga sentido a ambas partes, a partir de las posturas individuales. ¿Suena romántico e ingenuo? o, ¿tal vez confuso? Lo sé, pero vamos a explicar a detalle esto. 

Empecemos con ¿Qué es dialéctica? A diferencia de la retórica, la dialéctica es un método comunicacional compuesto de argumentos contradictorios lógicos y objetivos que a través de una disputa de argumentos, se busca llegar a conclusiones fiables, lógicos y probables para los dialogantes. Es decir, en tanto que la retórica es saber hablar para persuadir, la dialéctica es saber argumentar para crear. La dialéctica es ética, la retórica es estética. 

Ahora bien, para poder explicar todavía un poco más lo anterior, voy a hacer una introducción a la dialéctica hegeliana y unirla con el método de mediación para resolver conflictos. Para Hegel, la dialéctica tiene tres momentos: tesis, antítesis y síntesis. La tesis es la afirmación de algo, ejemplo, por un descuido chocaste mi vehículo; la antítesis es la negación o contradicción de la tesis, sí pero tu me pegaste primero; y la síntesis contiene la tensión de la tesis y la antítesis: ocurrió un accidente de tránsito pero si hubo descuido de ambos cada quien se hace responsable de sus daños. Pongamos otro ejemplo, el típico de todas las clases de mediación: las niñas que se pelean una naranja. ¿Cuál sería la tesis? Ambas quieren la naranja; la antítesis sería que nadie la quiere compartir; y la síntesis que una niña quiere el zumo para hacer agua y la otra niña quiere la cáscara para hacer un pastel. 

Hegel, con su dialéctica, intentó explicar la realidad de las cosas, del mundo, el arte, las relaciones humanas, entre otras muchas cosas. Y trasladando la dialéctica hegeliana a la mediación, podríamos decir que la tesis y la antítesis serían las posturas individuales, y la síntesis, la satisfacción de necesidades de las personas.

Por último, es importante resaltar que la dialéctica hegeliana en mediación debe sostenerse en 4 pilares fundamentales:

  • El primero es la legitimidad, es decir, que en el proceso comunicacional debe existir cierta legitimidad de tu punto de vista para que el otro pueda crear uno nuevo o, incluso, reforzar su propio punto de vista, pues nadie por si solo es capaz de valorar todas las variables relevantes para crear una nueva narrativa.
  • Pero para lograr legitimar al otro, se requiere del segundo elemento que es la escucha, pues a través de una escucha activa es cómo podemos empatizar y crear una dialéctica creativa,
  • El tercer elemento de la dialéctica es la creatividad, que ayudará a tener la capacidad de crear una nueva historia que nazca de las ya contadas individualmente para mantener el contenido de verdad de cada narrativa.
  • Y por último, el método dialéctico de mediación debe ser colaborativo, es decir, que la mediación pasa de un juego de suma cero a un juego de suma no cero, donde el fin último es ganar-ganar, es decir, que las ganancias que obtenga una de las partes debe ser proporcionalmente a las ganancias de la otra. Y cuando digo ganancias, me refiero al sentido emocional que surge de la satisfacción de las necesidades personales.

Concluyendo, considero que a través de este método, podremos lograr lo que busca el derecho: una verdad histórica de los hechos. Pero no nada más eso, sino que lograremos una verdad histórica y colectiva.

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