¿Hay algo más que pueda salir peor hoy?

Photo by Darius Krause on Pexels.com

Son las 7:00 de la mañana y despierto con cansancio pues la noche anterior me dormí a las 3:00 am por terminar unos pendientes de mi trabajo; lavar trastes, limpiar y acomodar un poco mi casa. Tengo una sensación confusa de no saber qué me depara el día. Hay una pregunta que ronda mi mente en los últimos tres meses, ¿Cuál es el propósito de mi vida? Todos los días me levantó a la misma hora, me baño, me visto, si me da tiempo desayuno algo y si no pues ni modos. Mis hijos no se despiertan aún (tienen 5 y 6 años), son las 8 y continúan durmiendo, y cuando lo hacen tengo que atenderlos y preparar el desayuno para ellos. A veces tengo que despertarlos a la fuerza (eso genera llantos, gritos y estrés entre todos), porque antes de ir a mi trabajo tengo que llevarlos con mi vecina para que los cuide ya que no tengo con quien dejarlos, en la oficina nos han prohibido la entrada con niños. Y justo hoy uno de ellos despertó con gripa, tuve que dejarlo así porque se me hace tarde y no puedo tener otro descuento en mi salario.

Seguimos en pandemia pero mi trabajo me obliga a asistir todos los días porque la empresa así lo decidió, no me gusta lo que hago pero no tengo otra opción, tengo una familia que darle de comer y en estos tiempos no puedo darme el lujo de renunciar porque mis opciones laborales no son siquiera del 1%.

Son las 9:00 am y voy tarde. Llego 9:20 a la oficina, subo las escaleras con decepción porque ya no quiero estar ahí, lo que hago todos los días no tiene nada que ver con lo que estudie. La monotonía agota el cuerpo y el alma. Inmediatamente me llama mi jefe para preguntarme por qué llegué tarde, le expliqué que uno de mis hijos amaneció enfermo y eso me retrasó, al parecer no le importó porque me dijo que hoy estaríamos hasta las 10:00 pm en la oficina ya que debemos terminar un proyecto para el día siguiente. Me armé de valor y le dije que no podía porque tenía que cuidar a mi hijo. 

– “Siempre pones pretextos” – me dijo. 

– “No son pretextos señor, creo que usted no tiene hijos, ¿verdad? Porque no sabe que es tener a un hijo enfermo” – le respondí con molestia. 

– “No sabes nada de mi vida personal” – me refutó inmediatamente. 

– “Entonces tampoco se meta en la mía” – le contesté y me fui. 

No puedo más con el cansancio emocional y físico que me sofoca la mente y la piel, pensar que mañana será igual me disgusta mucho y me entristece no saber qué hacer. 

En las noticias dicen que hay un conflicto en Afganistán, no entiendo de qué se trata pero por las imágenes se ve grave la situación. ¿Hay algo más que pueda salir peor hoy?

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