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Mañana es distinto


La persona que no cambia de pensamientos constantemente, atenta contra su propia naturaleza

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Anoche tuve un sueño donde ya no estabas, y no porque hayas dejado de existir, sino porque habías caminado hacia adelante, más lejos de mi. Mirabas hacia atrás como para saber si  yo seguía ahí, y yo te miraba de lejos pensando que no te alcanzaría simplemente porque no tiene mucho sentido coincidir. 

Ahora te ves mejor que antes. A pesar de la distancia, una sonrisa se dibuja en tu rostro y nos saludamos con un aplauso en alto que resuena en todos los aires. 

Han pasado diez años y te sigo recordando con nostalgia y alegría. Sigo cuidando de ti como mi padre cuida de su padre. Es bonito ver cómo el ser humano cuida de su semejante cuando sabe que puede quebrarse en el cuerpo o en el alma al caminar. 

Anoche tuve un sueño donde sí estabas. Te recuerdo a diario como el sol recuerda salir a diario. La construcción material de nuestros sueños resplandecen en un finito sentir de quimeras que vuelan en el tiempo.

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Sobre la verdad e integridad en la justicia

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Sobre la verdad y la justicia que ha imperado en la historia de la humanidad, existen muchas variantes abordadas desde la filosofía, la política, el derecho, la sociología, la antropología, incluso la religión; pero ¿Qué es la justicia en un mundo percibido como injusto? Y no hablo de una injusticia divina o cósmica; sino de una justicia real, aterrizada en la vida de las personas que en algún punto de su existencia han añorado una verdad real que justifique la injusticia percibida y, sobre todo, que les respete su integridad humana.

Lo absurdo de la existencia no es encontrar un propósito en la vida misma, sino, no encontrar un aliento que motive a alguien a seguir luchando por aquello que considera correcto, aunque para otros no lo sea. El ser humano es movido por fuerzas naturales que habitan en su interior: necesidades, emociones, percepciones; que sencillamente es complejo dirigir por voluntad propia. Para aquellos no existimos, sólo somos robots biológicos controlados por células. Genéticamente provenimos de una naturaleza que nos ha creado a su antojo y puede destruirnos en el mismo momento. Estamos a merced de ella.

Postrado en una lógica natural, el ser humano no hace más que hacer lo que cree que es correcto con lo que únicamente se encuentra al alcance de sus sentidos. Es el resultado innato que poseemos para conocer la verdad, la aptitud innata de la mente para razonar. Pero hay otra lógica más concisa, la reflexiva. A ella sólo se llega partiendo de principios y reglas que nos orillan a pensar y reflexionar más allá de lo que percibimos con los sentidos; buscando las razones en que se fundan los actos. Así, sólo por medio de esta reflexión podemos llegar a la verdad, una verdad construida desde la dialéctica, que se erige sobre reglas y principios que dirijan la discusión para llegar a conclusiones congruentes.

La justicia no la brinda el estado. No la conseguimos de mano propia. La justicia la otorga el mismo ser humano para la otredad sobre el respeto a la integridad humana. Y la manera en cómo podemos conseguir el respeto a la integridad de las personas es mirándonos como iguales; refiriéndome a una igualdad como seres humanos, no como hombres y mujeres, sino como género humano simplemente. 

Las prácticas que pueden ayudarnos a promover el respeto a la dignidad es la inclusión de pensamientos, creencias, ideas, emociones, e incluso, de un lenguaje inclusivo. La democracia como práctica social nos puede ayudar a generar espacios de confianza entre todos; y no hablo de una democracia política (es el único ámbito donde no existe la democracia), hablo de una democracia en tu casa, con tu familia; donde todos los integrantes tengan la misma oportunidad de opinar sobre aquello que les concierne a todos. Involucra a tus hijos de 5 años en las decisiones de la familia y te sorprenderá lo que juntos pueden lograr a posteriori. 

En lo personal, mi mayor utopía es construir una sociedad más solidaria, responsable, empática, democrática, inclusiva. Sueño con darle a la gente herramientas humanas que les ayuden a construir esa utopía. Tal vez no sea hoy, ni mañana, ni en muchos años, pero he decidido empezar con mis hijos; ojalá me ayudes a construir ese mundo empezando también con tus hijos.

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¿Hay algo más que pueda salir peor hoy?

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Son las 7:00 de la mañana y despierto con cansancio pues la noche anterior me dormí a las 3:00 am por terminar unos pendientes de mi trabajo; lavar trastes, limpiar y acomodar un poco mi casa. Tengo una sensación confusa de no saber qué me depara el día. Hay una pregunta que ronda mi mente en los últimos tres meses, ¿Cuál es el propósito de mi vida? Todos los días me levantó a la misma hora, me baño, me visto, si me da tiempo desayuno algo y si no pues ni modos. Mis hijos no se despiertan aún (tienen 5 y 6 años), son las 8 y continúan durmiendo, y cuando lo hacen tengo que atenderlos y preparar el desayuno para ellos. A veces tengo que despertarlos a la fuerza (eso genera llantos, gritos y estrés entre todos), porque antes de ir a mi trabajo tengo que llevarlos con mi vecina para que los cuide ya que no tengo con quien dejarlos, en la oficina nos han prohibido la entrada con niños. Y justo hoy uno de ellos despertó con gripa, tuve que dejarlo así porque se me hace tarde y no puedo tener otro descuento en mi salario.

Seguimos en pandemia pero mi trabajo me obliga a asistir todos los días porque la empresa así lo decidió, no me gusta lo que hago pero no tengo otra opción, tengo una familia que darle de comer y en estos tiempos no puedo darme el lujo de renunciar porque mis opciones laborales no son siquiera del 1%.

Son las 9:00 am y voy tarde. Llego 9:20 a la oficina, subo las escaleras con decepción porque ya no quiero estar ahí, lo que hago todos los días no tiene nada que ver con lo que estudie. La monotonía agota el cuerpo y el alma. Inmediatamente me llama mi jefe para preguntarme por qué llegué tarde, le expliqué que uno de mis hijos amaneció enfermo y eso me retrasó, al parecer no le importó porque me dijo que hoy estaríamos hasta las 10:00 pm en la oficina ya que debemos terminar un proyecto para el día siguiente. Me armé de valor y le dije que no podía porque tenía que cuidar a mi hijo. 

– “Siempre pones pretextos” – me dijo. 

– “No son pretextos señor, creo que usted no tiene hijos, ¿verdad? Porque no sabe que es tener a un hijo enfermo” – le respondí con molestia. 

– “No sabes nada de mi vida personal” – me refutó inmediatamente. 

– “Entonces tampoco se meta en la mía” – le contesté y me fui. 

No puedo más con el cansancio emocional y físico que me sofoca la mente y la piel, pensar que mañana será igual me disgusta mucho y me entristece no saber qué hacer. 

En las noticias dicen que hay un conflicto en Afganistán, no entiendo de qué se trata pero por las imágenes se ve grave la situación. ¿Hay algo más que pueda salir peor hoy?

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Para ti ¿Qué es conflicto?

El conflicto es inherente al ser humano, es parte de la misma naturaleza que nos rodea como un aliciente para nuestra evolución

En el artículo pasado, las 5 dimensiones del conflicto, te explicaba el comportamiento del conflicto de acuerdo a la intervención de las personas; las características que las diferencia, y la manera en como va desencadenando problemas colaterales, que lleva a desacuerdos sociales, incontrolables, y muchas veces provocando un caos difícil de resolver. Así que, partiendo de esa información, creo que es bueno darle un concepto al conflicto pero, desde mi experiencia (laboral y personal). Al final, también tú puedes dar tu concepto de acuerdo a tu experiencia.

Tengo 33 años y, al igual que tú, y que toda persona en todas sus conjugaciones; durante toda mi vida he experimentado conflictos en casa desde el momento en que nací, es más, desde antes de mi nacimiento. Como seres humanos estamos inmersos en dinámicas interaccionales con otras personas que, aunque tratemos de evitarlas, siempre encontraremos puntos de inflexión que nos llevarán al choque de ideas y pensamientos que, al final, desencadenan conflictos que se vuelven parte de esa misma interacción humana. 

Pero veamos, el primer lugar donde encontramos esas múltiples situaciones conflictivas es en la familia. Sí, es en ese núcleo donde encuentras relaciones ricas en problemas tanto contigo misma/mismo, como con tus padres, tus hermanos, hijos, etc. Es donde conoces todo acerca del conflicto y, también, donde aprendes a darle un significado para el resto de tus relaciones interpersonales fuera de ese núcleo, porque lo que se aprende en casa, se replica en la calle (esta idea no es determinante). Para bien o para mal, es en la familia donde constituimos el significado del conflicto, es decir, si es bueno o malo; donde aprendemos a responder o reaccionar ante situaciones conflictivas, con palabras o con agresiones; donde tomamos acciones para beneficio propio o colectivo y; también, donde aprendemos a desentrañar la importancia, o no, que tiene el conflicto en nuestras vidas. 

Desde mi experiencia tuve la fortuna de tener un padre que supo compensar la disciplina cuasi militar, (digo cuasi sólo porque nunca lo fue), pero también fue un padre que supo acercarse a mí para conversar. Muy a pesar de su corta edad (17 años cuando yo nací), supo en su inteligencia innata, ser un padre comprensivo, compasivo, que me preguntaba antes de aplicar algún castigo por mis conductas rebeldes y, sobre todo, sabía equilibrar los límites con los permisos. Puedo decir ahora que mi padre fue una persona restaurativa sin saber él mismo que lo fue. 

Esa educación introdujo en mí la variabilidad de ver el conflicto como una oportunidad, como un suceso positivo que puedo aprovechar para bien; aún cuando las cosas no vayan como espero soy paciente y sé esperar el momento oportuno para crear. Apoyo la idea de que el conflicto es inherente al ser humano, que es parte de la misma naturaleza que nos rodea como un aliciente para nuestra evolución. Soy creyente de que el conflicto destruye para, necesariamente, volver a construir (esto desde la óptica del determinismo); si no hay caos no veremos opciones de solución para mejorar. Es parte de su ciclo natural, como si el conflicto fuera un ser inerte con inteligencia propia que sabe exactamente cuál es su propósito. Por lo tanto, creo que el conflicto no destruye relaciones humanas, la especie es quien usa el conflicto para destruirlas (esto desde la óptica del voluntarismo), y eso es ir en contra de la naturaleza, per se, del mismo conflicto. Con esto quiero decir que como seres humanos tenemos que actuar conforme a la naturaleza porque en la misma naturaleza está la solución, en la palabra; la naturaleza nos ha dado el poder de la palabra.

Todos los días experimentamos conflictos en sus tres variantes (intrapersonal, interpersonal y social); si todas las mañanas despiertas porque el trabajo donde estás no te gusta, se trata de un conflicto intrapersonal; si antes de salir de casa peleas con tu pareja, eso es un conflicto interpersonal porque ya están involucradas dos personas en un mismo suceso; y si camino al trabajo hay bloqueos por manifestaciones de personal de  salud para exigir mejores prestaciones, se trata de un conflicto social. En todos los lugares donde tengas interacción comunicativa con otro ser humano estás propenso a experimentar cualquier tipo de conflicto; es más, hasta en tus sueños cuando sientes amenaza, eso ya genera un conflicto que tu cerebro asimila como amenaza real; si alguna vez has soñado que tratas de escapar de algo o alguien y no puedes correr, eso genera un conflicto, mejor conocido como “pesadilla”.

El conflicto es algo que por más que trates de evitar, creo que es imposible preverlo; prevenirlo puede ser que sí, atendiendo a la dinámica interactiva de todos los involucrados, de las perspectivas individuales y, del nivel de cooperación que cada uno esté dispuesto a aportar, y en esa interacción podemos encontrar la manera de prevenir su escalada o alcanzar su polarización. Pero, prever el conflicto para prevenirlo, ni viajando al pasado podría suceder.

Desafortunadamente, en mi niñez, nunca nadie me explicó cómo funcionan las relaciones humanas y mucho menos qué es y cómo funciona el conflicto. Bueno, tal vez estoy exagerando un poco tomando en cuenta que en los años 80 ‘s, 90’ s, no era un tema que se le pusiera mucho interés (si hoy no lo es, menos antes), sobre todo porque no existía el internet como medio masivo de información; y mucho menos, se le tomaba tanta importancia al conflicto como un tema importante para explicar a los hijos. Por eso, propongo la importancia de hablarle a los hijos, desde su infancia, sobre el conflicto, como funciona, y cómo solucionarlo. 

Y bueno, tomando en cuenta todo lo anterior, trataré de dar un concepto (o varios), de conflicto que incluya mis pensamientos desembocados:

El conflicto es un elemento, natural, normal e inherente al ser humano que surge en la individualidad de una persona o, de la interacción relacional entre dos o más personas por el choque de egos (ideas, pensamientos, creencias, valores), o por falta de comunicación entre ellas; predominando las posturas antagónicas. También, puede surgir por estructuras sociales, políticas, culturales, geográficas, entre dos o más grupos de personas convirtiéndose en conflictos sociales (locales, nacionales, internacionales o mundiales). Cuyos elementos a tomar en cuenta para solucionarlo son las emociones, las necesidades y la cooperación. 

Ahora, sé que ese concepto suena muy rebuscado y retórico pero, trataré de ser un poco más claro, el conflicto es un choque de ideas que pueden surgir en ti cuando te molesta la música del vecino a las 12:00 am, que a su vez puede escalar en generar un conflicto directamente con ese vecino si vas y lo insultas y, también, puede generar un conflicto más grande entre tú, el vecino y el resto de los vecinos que viven en el fraccionamiento si alborotas a los demás para ir a atacar al vecino ruidoso. Ese conflicto puede solucionarse si se dialoga a tiempo y se toman acuerdos que todos los involucrados se comprometan a respetar siempre, por ejemplo, ir a la casa del vecino, exponerle lo que sentimos al no dejarte dormir porque al otro día tienes que levantarte muy temprano para trabajar (emociones y necesidades), y toman un acuerdo que puede escuchar música pero con volumen para él (acuerdos)

Creo que el conflicto es una construcción mental que hacemos de situaciones que nos desagradan, por no estar de acuerdo con uno mismo o con otras personas (aquí surgen los primeros desacuerdos), interpretando esos desacuerdos como amenazas, y esto puede llevarnos a creer que el conflicto es negativo, simplemente porque la sensación de amenaza a nadie le gusta, ni al animal más feroz de la tierra; lo que puede llevar a las personas a dañarse entre sí (física, moral, social, psicológicamente). Pero desde mi perspectiva, me gusta pensar que el conflicto, empírica y racionalmente, puede funcionar como una oportunidad de conocernos a fondo, tanto individual como colectivamente, para concatenar esos desacuerdos y así formar una nueva línea de pensamiento donde se tomen en cuenta las necesidades de todos y de nadie. 

El conflicto es, a priori, la oportunidad de conocer, cooperar y empatizar, con otros seres humanos. ¿Es una tarea sencilla? No, para nada, sobre todo porque hemos construido una sociedad individualista, pero tengo un sueño, un sueño en el que todos dejamos de mirar abajo o al cielo y comenzamos a mirar quienes están a nuestros lados, esas personas son las que importan para mejorar nuestra sociedad.

Así que te invito a que comentes cuál es tu concepto de conflicto, podemos encontrar diversas ideas y creencias pero que pueden ayudar a enriquecer la comprensión sobre el conflicto. ¿Crees que el conflicto es natural, normal e inherente al ser humano?

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5 dimensiones del conflicto que nadie te ha contado

Descubre por qué los conflictos muchas veces terminan en agresiones ocasionando daños graves en las relaciones

Raúl y Laura llevan 10 años de casados, tienen un hijo de 6 años, Julián, que está por ingresar a primaria. Derivado de la pandemia y ante la incertidumbre de no saber si en agosto van a regresar a clases presenciales, han estado valorando las opciones de escuelas para su ingreso. El mes pasado tuvieron una discusión fuerte porque Judith quiere que Julián ingrese a una escuela privada ya que considera que las clases son más dedicadas. Por su parte, Marco, cree que lo mejor es entrar a una pública pues no tiene caso estar pagando colegiatura cuando las clases seguirán siendo en línea sin importar si es pública o privada. Este conflicto los ha llevado a cortar su comunicación y dejar de hablarse por muchos días al grado de dormir en habitaciones separadas. 

Quiero mostrarte con este ejemplo, que aparentemente es un conflicto sencillo y, posiblemente muchas familias han pasado pero, ¿Qué sucedió para que Raúl y Laura terminaran durmiendo en habitaciones separadas? Veamos la respuesta más abajo. 

La manera en cómo un conflicto cambia su dimensión social y comportamiento depende de la interacción de las personas, su consciencia de sí mismos, del lenguaje y la intención a la hora de comunicar. En ese sentido, el conflicto puede a travesar por 5 dimensiones que debes aprender a identificar para saber cómo responder ante él problema, es decir; a medida que un conflicto, aparentemente insignificante, se va intensificando, puede convertirse en un conflicto con graves repercusiones. Las siguientes 5 dimensiones por las que atraviesa un conflicto también afecta las actitudes de las personas y las tensiones van aumentando. 

1. Conflicto latente

El conflicto latente es el estado primario en el que todos vivimos. En este momento estás propenso o propensa a caer en cualquier conflicto sin tener la posibilidad de preverlo. Es totalmente invisible a la razón y la consciencia del ser humano. Regresemos al ejemplo de Raúl y Laura. Al inicio de comenzar a dialogar sobre la escuela que ingresará su hijo, no fueron conscientes que el desacuerdo los llevaría a los insultos. En el conflicto latente hay que destacar una característica que une a las partes: la responsabilidad del problema. Para Raúl y Laura el problema es ¿Dónde estudiará su hijo? y ambos saben que esa es una responsabilidad compartida, pero al ser latente el conflicto, emergen los primeros desacuerdos (escuela pública vs escuela privada). El conflicto apenas ha fecundado la razón de las personas.

2. Conflicto percibido

Los desacuerdos surgidos en la dimensión latente, se hacen más notorios en la dimensión percibida, ya que las manifestaciones de ideas y pensamientos de cada persona están basadas en percepciones individuales que convierten al problema en otros problemas, es decir, comienzan a surgir otros problemas distintos al que tenían en común. En el ejemplo de Saúl y Laura, la discusión sobre la escuela de su hijo empieza a tomar otros rumbos y la responsabilidad (meta) que tenían en común se pierde de vista. El deseo de empezar a imponer sus creencias individuales, los lleva a ramificar el conflicto y surgen nuevos, como por ejemplo, que Raúl es un insensible o que Laura es una necia. La característica primordial del conflicto percibido es: la percepción de amenaza (amenaza de perder el poder en la discusión). En esta dimensión o etapa, no están involucradas las emociones todavía, y los desacuerdos pueden ser consensuados. El conflicto ya ha gestado en la razón de las personas. 

3. Conflicto sentido

Comienzan a surgir los primeros sentimientos de angustia, tensión, estrés. A medida de que las personas manifiestan sus puntos de vista, surgen los primeros argumentos que atacan directamente a la persona y no a las razones de sus dichos. La meta en común deja de serlo y el conflicto se vuelve más personal. Las personas ahora se perciben como el problema y dejan a un lado el problema inicial. Raúl y Laura han olvidado que el problema era la escuela de su hijo para convertirse ahora en el mismo problema con los argumentos de que Raúl es un insensible y de que Laura es una necia. El conflicto ha pasado de ser una responsabilidad común a ser “algo personal” porque las manifestaciones empiezan a atacar mutuamente a ambos. La característica principal de esta dimensión son los argumentos ad hominem, aquellos que atacan a la persona, per se. Aquí ya surgen las primeras emociones lacerantes como el enojo, la ira, tristeza, y todas sus manifestaciones, lo que causa que el conflicto sea más difícil de solucionar si no se saben gestionar esas emociones.. El conflicto ya empieza a desarrollarse y crecer.

4. Conflicto evidente

El conflicto ha nacido a la luz. Surgen las acciones de venganza, y conductas que impidan a la otra persona a cumplir sus intereses. La comunicación es más hostil entre las personas pues ahora reaccionan a lo que el otro hace o dice, dejándose llevar por lo emocional. El conflicto se empieza a intensificar al grado de insultar, amenazar y romper toda relación y comunicación pues la relación deja de ser importante para los involucrados. Es casi imposible resolver el conflicto desde esta dimensión a menos de que sucedan dos cosas: la primera, la autogestión emocional y, la segunda, acudir a mediación para dirimir las diferencias y la controversia. En este punto las partes se han olvidado totalmente de la responsabilidad común. La característica de esta dimensión es que todas las acciones de las personas ya van dirigidas a  frustrar los intentos de la otra persona por alcanzar sus intereses. Cuando Raúl y Laura han cortado su comunicación y han decidido dormir en habitaciones separadas el conflicto se ha vuelto evidente pues, ¿quién podría dormir con el enemigo? 

5. Conflicto polarizado

Esta es la última dimensión del conflicto. Aquí es cuando las personas llevan su conflicto a lo social, es decir; empiezan a buscar terceras personas para formar grupos antagonistas que apoyen sus causas y ayuden a dañar a la otra. Raúl y Laura han acudido, cada uno, con sus papás, sus hermanos y les han contado la situación que está pasando, lo que ocasiona que cada familia tome la postura de su hija/hijo y caigan en posturas irreconciliables. En esta dimensión, al verse involucradas más personas, el conflicto se vuelve inimaginable de resolverse, pues las variantes toman caminos diferentes y puede llegar a involucrar generaciones posteriores con sentimientos de odio, rencor, venganza y hasta cometer delitos. 

El conflicto evidente o polarizado, son la delgada línea que divide el conflicto del delito, pues las acciones ya son con la intención y el dolo de dañar físicamente a los involucrados. Lesiones, riña, robo, daños, homicidio.

Así que ya lo sabes. La próxima vez que estés dentro de un conflicto trata de identificar la dimensión en la que te encuentras y toma decisiones sabias que te permitirán resolverlo de una manera acertada.

Dentro de las primeras dos dimensiones (latente y percibido), las emociones aún no salen a la luz y eso te permite prevenir una escalada caótica pudiendo tomar decisiones más racionales todavía. En las dimensiones sentido y evidente las emociones ya son más visibles y las posturas de las personas serán cada vez más ensimismadas, lo que complica la toma de decisiones centradas en la razón. En la dimensión polarizada se hace prácticamente imposible o más complicada porque el conflicto ya ha pasado a otras personas como un virus y es difícil de controlar. Si identificas que tu conflicto está en las últimas tres te recomiendo que busques a un especialista mediador o mediadora para ayudarte a resolverlo.

4 cosas que odio de ti. La relación entre el conflicto y el estrés

¿Alguna vez has escuchado que el conflicto es inherente al ser humano? Bueno, pues así es. Todos los días vivimos inmersos en conflictos internos o externos. Si hoy te levantaste y no sabías que ropa ponerte para ir a trabajar, ¡felicidades! haz procreado un bonito conflicto interno. Puede parecer nada el ejemplo pero algo tan sencillo puede causar estrés en tu cuerpo. Ya sea porque no tienes más ropa, porque la que tienes ya no te gusta o, ya no está de moda, porque la que te cae mal en la oficina tiene una blusa igual y desde que la compraste no te la pones, en fin, razones puedes inventar muchas, pero vayamos a algo más serio.

Cuándo surge una discusión con tu pareja, con tus hijos, con tu jefe, con tus trabajadores, con tu vecino o, incluso, en la calle por un choque de tránsito, ¿sientes alguna de las siguientes emociones? Enojo, desesperación de no saber qué hacer, angustia, tristeza, incertidumbre, preocupación; y cómo consecuencia de ello surgen gastos económicos (sobre todo si se trata de un juicio), daños emocionales, físicos o morales a segundas y terceras personas, enfermedades, dolores de cabeza, presión arterial, baja o alta, tienes que poner atención a esas alarmas, porque pueden llevarte a desastres emocionales, psíquicos y físicos que cambiaran tu vida.

Pero primero, aquí te van algunos números. En una encuesta que se hizo en México respecto de la perspectiva que tiene la gente del sistema de justicia, se arrojaron los siguientes datos:

  • El 41% de las personas que están dentro de un proceso judicial han manifestado presentar enfermedades derivadas del estrés que el mismo proceso les ha ocasionado. 
  • El 39% han manifestado verse afectados en sus recursos económicos por gastos de pago a abogados, y todo lo que implica llevar a cabo un proceso jurisdiccional (como dejar que la autoridad le de una que otra mordida a tu sándwich en el recreo), así como dejar de percibir ingresos o pérdida de empleo por la misma situación.
  • El 44% ha roto todo tipo de relación y comunicación con su contraparte en el juicio, inclusive, muchas veces se trata de relaciones familiares y eso es lamentable porque pueden dañarse generaciones futuras y; 
  • El 10% ha manifestado haber abusado del alcohol o de alguna sustancia psicotrópica por causa de alguna, o todas, de los porcentajes anteriores.

La salud en México es un tema al que no se le pone mucho interés porque no es algo que, culturalmente, nos preocupa sino hasta cuando la enfermedad ha atacado nuestro cuerpo o mente.

La salud en México es un tema al que no se le pone mucho interés porque no es algo que, culturalmente, nos preocupa sino hasta cuando la enfermedad ha atacado nuestro cuerpo o mente. Sin ir tan lejos, el ejemplo más claro es la actual pandemia que estamos atravesando, sí, por si no lo sabías todavía estamos en el bucle de una pandemia que difícilmente va a terminar si sigues yendo al cine o haciendo fiestas, aunque digas que solo es de tu familia que está conformada por 50 gentes, pero bueno, así de absurdo e incoherente es el ser humano. No te preocupes, no es tu culpa, es la naturaleza… Y como decía Doña Carmelita (o sea mi abuela): “Después de ahogado el niño quieren tapar el pozo y ya pa’ que

Y continuando con la prevención, el conflicto, como elemento natural del ser humano, también es un factor determinante en la salud de las personas si no es bien gestionado a tiempo, (pero bueno, es absurdo esto que estoy diciendo porque en realidad nadie es consciente del problema sino hasta cuando empiezan los dolores de cabeza). Pero veamos, si no se atiende a tiempo el conflicto, y procuran prevenir la escalada del mismo, corren el riesgo de que se polarice al grado de llegar a lastimarse moral y hasta físicamente, hasta el extremo de cometerse delitos como violencia familiar, abuso, lesiones, homicidio.

Pero no quiero situarte tan lejos, mi intensión es que puedas identificar el conflicto latente porque es donde todavía puedes prevenir que el conflicto escale y explote, pues de lo contrario, puedes toparte con enfermedades físicas, emocionales (somatizadas), cognitivas, neuronales, psíquicas, psicológicas, y todas aquellas que surjan en detrimento de la calidad de tu vida. Pero, ¿Cómo el conflicto genera todo esto? Bueno, a mi consideración, salvo que tu opines algo distinto (porque no soy médico, psicólogo, psiquiatra, pero lo he visto en mi práctica y en mi vida personal), existen 4 cosas que el conflicto odia de si mismo, y te darás cuenta que en realidad el conflicto que tienes con la otra persona no es con ella, per se; sino con la cadena de reacciones físico-emocionales que provoca en ti el mismo conflicto por no resolverlo a tiempo.  

En realidad el conflicto que tienes con la otra persona no es con ella, per se; sino con la cadena de reacciones físico-emocionales que provoca en ti el mismo conflicto por no resolverlo a tiempo.

La ira

La ira, o enojo, es la emoción más radical del ser humano. ¿Conoces a Hulk? ¿El super héroe verde de Marvel? Ah, pues él es la representación cómica de la ira porque cuando la persona (Profesor Banner), se enoja, se convierte en el monstruo verde incontrolable que al regresar a su estado humano, no recuerda nada de lo que pasó porque no es consciente de las acciones de Hulk. Pierde totalmente la consciencia de lo moral y éticamente correcto, llevándolo al estado animal profundo que todos tenemos. Uno de los mayores disparadores de la ira es verse en una situación de peligro o amenaza. La ira desenfrenada es capaz de suprimir en el ser humano la capacidad de raciocinio y nos convierte en una persona distinta a la que comúnmente eres. Un arma humana incontrolable y totalmente irracional. En ese sentido, al verse amenazados por alguien (específicamente en un conflicto), surge una desconexión de la realidad con nuestros pensamientos y sentimientos y nos lleva a reaccionar de una manera que puede llevarnos a dañar a otras personas. 

La preocupación

La preocupación, es una tensión de nuestro raciocinio que tiende a activar una actitud de acción o de pasividad ante eventos desconocidos que por miedo pueden paralizarnos o actuar en el momento. De la palabra, podemos aducir que se trata de una proyección a futuro que no necesariamente suceda como creemos que sucedería, pre (antes de) -ocupación (actuar o hacer), pero, no hay que confundir con prevenir, porque la prevención va enfocada a la evitación de malestares, por ejemplo, podemos hacer acciones preventivas ante accidentes de tránsito como respetar las reglas de tránsito; y preocuparse es proyectar un futuro incierto que no tiene validez en la realidad actual. Es echar a volar la imaginación más de la cuenta. ¿Alguna vez viste la caricatura de “Coraje, el perro cobarde“? Bueno, es un perro que vive preocupado y ansioso todo el tiempo porque imagina sucesos un poco alucinados (zombis, fantasmas, monstruos, extraterrestres), que aparentemente existen en su imaginación porque sus dueños nunca se percatan de esos evento anormales. La preocupación es un tipo de ensayo en el que se visualiza a futuro lo que podría salir bien, o mal, respecto de una determinada acción que bien puede depender de nosotros o de factores externos. Cuando estás a punto de presentar un examen pero sabes que no estudiaste, la preocupación se apodera de tu mente y empieza a imaginar cosas que pueden ser ilusorias y angustiosas. O en un conflicto, la preocupación se apodera de ti cuando no sabes el resultado del juicio, y empiezas a imaginar lo peor que puede resultar de la situación, y eso genera ansiedad y estrés, pero veamos un poco más a fondo estos dos.

La ansiedad

Este componente es una consecuencia de la preocupación, y puede ser muy dañino para nuestra psique. El sólo hecho de pensar en lo que podría suceder si estás en medio de un juicio de divorcio e imaginas que te pueden quitar a tus hijos, genera un estado de preocupación por imaginar cómo sería tu vida sin ellos y consecuentemente, se dispararía la ansiedad para prolongarse en el tiempo, haciéndose crónica. La ansiedad es como una preocupación que dejas prolongar en tiempo y se convierte en algo tan “normal” en ti que lo internalizas y lo haces parte de tu ser. Esto desencadena muchas veces trastornos o fobias que perjudican la vida normal de una persona, por ejemplo, el delirio de persecución. En las personas que han sido víctimas de secuestro, desarrollan este delirio por creer que todo el tiempo alguien las está siguiendo. Pero sin ir tan lejos, el conflicto puede causar sesgos cognitivos en las personas como la negación y justificación de sus actos, emociones aflictivas como la ira o, alexitimia, que es la perdida de la capacidad de sentir empatía por otros. Dentro de sus consecuencias, encontramos taquicardia, falta de aire, sudoración, sensación de cansancio, entre otras no tan graves.

El estrés

Por su parte, el estrés es como el último escalón de las consecuencias psicoemocionales del conflicto (no es determinante esto), que suele ser el resultado de los tres estados anteriores cuando se plantan de manera crónica en nuestras vidas. El estrés es el estado psíquico que surge de un momento a otro, por ejemplo; si tu peleas con tu pareja, ese momento se vuelve estresante porque te está llenando de enojo o frustración el mismo suceso, puede resolverse esa discusión y el estrés desaparece, pero, si las peleas son constantes, el estrés te va surgiendo en cada discusión de manera intermitente (¿alguna vez jugaste con el foco de un cuarto a prender y apagar como si fuera una disco o antro?, pues así funciona el estrés intermitente); si pelean diario, diario sentirás estrés, y ese estrés se convertirá en algo intrínseco en tu mente, es decir, se convertirá en estrés crónico, hasta el punto de llevarte a la desesperación incontrolada y puede ser grave porque subyacen enfermedades más serias como la diabetes, obesidad, presión arterial, problemas de la piel, problemas menstruales, insomnio, dolores de cabeza, y todo esto requiere de más cuidado y control emocional.

Como te habrás dado cuenta, la ira, la preocupación, la ansiedad y el estrés son elementos que forman una bomba nuclear para las personas que están en cualquier tipo de conflicto y puede ser tan devastadora que muchas veces afectan gravemente a las personas que más amamos, como a nuestros hijos, y no nos damos cuenta o, no nos importa porque estamos tan cegados por el orgullo y el ego, estúpidos, de querer hacer sufrir a la otra persona. 

A manera de conclusión, y solución a todo lo anterior, recomiendo llevar sus conflictos con personas especialistas en métodos de mediación y conciliación. En los Poderes Judiciales de todos los estados existe el servicio de mediación GRATIS, y también existimos los privados, pero fuera de esto, es importante que valores y actúes antes de que el conflicto traspase las fronteras de lo “permitido”. Una opción es acudir a mediación antes de que el conflicto se polarice y puedan resultar lesionados, física y emocionalmente, todas las personas que te rodea. La otra opción y, también la más sabia, es acudir a terapia para ayudarte a controlar la ira, la ansiedad y el estrés de una manera más profesional, sobre todo si ya es crónico. 

Se ha tenido la falsa creencia de que la mediación es una terapia, pero no lo es. ¿Tiene efectos terapéuticos? Sí, sin duda, porque la base de la mediación son el diálogo y la comunicación, y como tal, la comunicación es expresar todo aquello que tus ideas, emociones y pensamientos desean manifestar, y ¿apoco no sientes que te liberas de una enorme carga emocional cuando le cuentas tus problemas a alguien? Pues eso hacemos en mediación, ayudarte a expresar tus sentimiento y pensamientos y tratar de que la otra persona visualice las cosas como tu lo estás viviendo, en otras palabras, procuramos generar empatía y comprensión entre las personas. Sobre este tema de la comprensión te invito a leer mi artículo que publiqué hace unas semanas: La importancia de la comprensión en la comunicación.

Si te ha gustado este post, te invito a que lo compartas si crees que le puede servir a alguien y espero tus comentarios también. Si eres un profesional de la salud, ojalá puedas aportar algo a este artículo o, si crees que los 4 elementos no funcionan así, agradeceré mucho tu aporte. ¡Saludos!

P.D. Gracias por llegar hasta aquí y leer.

¿Qué es el ‘deber moral’ y cómo puede ayudar a resolver conflictos?

Desde la óptica del ‘Imperativo Categórico’ de Kant

El deber moral es la capacidad del ser humano para elegir hacer las acciones, por voluntad propia, que ayuden a las personas a lograr su tranquilidad

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Creo que durante mucho tiempo hemos pasado por alto un factor sumamente relevante en la solución de conflictos y que existe en la naturaleza compasiva del ser humano, la solidaridad y la empatía, me refiero a El deber moral, entendido como la capacidad del ser humano para elegir hacer las acciones, por voluntad propia, que ayuden a las personas a lograr su tranquilidad. Pero para entender un poco más este deber moral veámoslo desde la óptica del Imperativo Categórico de Kant

Este fin de semana tuve conocimiento de un conflicto laboral que relaciona a la señora Rosa con la señora Norma. La primera trabajó por ocho o diez años en casa de la segunda, como empleada doméstica. Días antes, la señora Norma le dijo a la señora Rosa que ya no requería de sus servicios por lo que le pidió ya no regresar a su casa. La causa, un malentendido que nunca se exploró para solucionarlo. Esta situación le generó a la señora Rosa un sentimiento de injusticia tomando en cuenta los años que trabajó y, de cierta manera, la relación y la confianza que se había congeniado entre las dos. 

Al igual que la señora Rosa, muchas personas en México que ofician una labor doméstica, no cuentan con las garantías ni seguridades laborales que todo ser humano debe poseer, como por ejemplo, seguro, gastos médicos, prestaciones, vacaciones, un contrato laboral, en fin, todos los derechos laborales que respeten la calidad humana del ser humano. Esta desprotección no se da únicamente en la labor doméstica, sino en muchos otros sectores laborales.

Ante este despido injustificado, Rosa sabe perfectamente (o se asesoró), que puede exigir una indemnización y, en efecto, así lo solicitó a la señora Norma. Lamentablemente, esta se negó rotundamente alegando que no tenía cómo comprobar esa relación laboral. Esta respuesta entristeció mucho a la señora Rosa pues dada la relación, ya no laboral sino de amistad, nunca imaginó que esa sería la reacción de Norma; además de que no cuenta con el dinero suficiente para pagar un abogado y sabe que intentar un juicio puede tardar mucho tiempo. 

Ante la incertidumbre de no contar con el recurso para pelear en un juicio, que además, puede durar años, la respuesta es: ejercer el deber moral.

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Así como este conflicto laboral, existen muchos conflictos que no pueden ser resueltos de una manera rápida, efectiva y justa, ya sea por desconocimiento, por falta de recursos económicos, por tomar una actitud pasiva, por un antecedente de amistad y no querer dañar a nadie, etc. Entonces, ¿Qué hacer en estos casos? Bueno, ante la incertidumbre de no contar con el recurso para pelear en un juicio, que además, puede durar años, la respuesta es: ejercer el deber moral. Pero, ¿Qué es el deber moral? 

Para Kant, es un hecho indiscutible que el ser humano se instrumentalice, que sea considerado como un recurso humano para alcanzar fines lucrativos; a su vez, la moral kantiana no pretende suprimir esa instrumentalización, solamente pretende humanizarla, exigiendo que nos tratemos todos recíprocamente como personas y no como simples objetos o cosas instrumentales para conseguir un fin.

Pero para entender el deber moral, primero, Kant señala que el deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley, para ser honrado, bueno, virtuoso y hasta sabio. Por su parte, la moral, en términos genéricos, es la capacidad del ser humano para saber diferenciar lo que es bueno de lo que es malo, para elegir hacer aquello que es bueno para beneficio colectivo, pues lo moralmente correcto va enfocado a beneficiar a todos y no nada más a uno. La moralidad es el respeto a la humanidad.

En esa línea, Kant dice que la moral guarda una conexión con la racionalidad, es decir, con la capacidad de actuar con arreglo a las leyes, de acuerdo a un único principio humano: la voluntad, y la voluntad no es otra cosa que la puesta en práctica de la razón, es decir; que para Kant, las acciones morales están determinadas por la racionalidad del ser humano que, a su vez, determina indefectiblemente su voluntad. La voluntad es la capacidad para elegir aquello que la razón reconoce (sin ser sometida a estímulos que coaccionen la razón), como necesario o bueno y ejercer la acción con un propósito posible y real que cumpla con dos fines fundamentales: alcanzar una felicidad propia y propiciar una felicidad universal, o por lo menos, no oponerse a la que los demás formen la suya. 

Puede resultar un poco confuso lo anterior, y no es para menos pues Kant es uno de los filósofos más complejos de leer pero también el más interesante. Pero trataré de aterrizar la filosofía kantiana al caso que nos ocupa y, en general, para resolver conflictos en cualquier ámbito de nuestra vida. 

En el conflicto laboral que narro al inicio, ¿Qué sería lo moralmente correcto hacer? Siempre he dicho que la mediación y, en general, todos los métodos de solución de conflictos, no tiene como fin primordial la reconciliación de las partes, eso es una decisión personal, sin embargo; es importante propiciar una solución que beneficie a todos los involucrados. Por esta razón, creo que devolverle el trabajo a Rosa no sería lo moralmente correcto tomando en cuenta que por esta acción la confianza entre ambas ya se quebrantó, por lo tanto, no sería correcto ni justo para ambas regresar al mismo lugar donde erosionó el volcán.

En ese sentido, creo que lo correcto sería responder ante ella por un deber moral de una manera que respete su integridad personal, se me ocurre, retribuyendo una indemnización monetaria por los años de servicio que estuvo ahí, constituyéndose un imperativo categórico declarando la acción de pago como objetivamente necesario. Esto lo digo en un sentido hipotético, ya que puede haber otras opciones de solución. A lo que me refiero cuando digo “imperativo categórico” es a la necesidad de responder a la señora Rosa como un gesto de agradecimiento por sus años de servicio, que necesariamente, agradecer es una solemnidad que hace virtuoso al ser humano. Agradecer es un derecho humano.

Como conclusión, el ser humano debe procurar el bienestar de todos los demás por encima del bienestar propio. No digo que te olvides de ti por completo, pero muchas veces separarnos de nuestra individualidad ayuda a mirar a nuestro alrededor y comenzar a procurar la felicidad de los demás. Buscar una satisfacción personal y universal a través de actos moralmente correctos que satisfagan necesidades personales y la de los demás requiere de compasión, solidaridad y empatía.

Pero ¿Cómo construir el deber moral como imperativo de la sociedad? Bueno, puede haber muchas opciones, pero para mi la mediación es una de esas muchas.

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La importancia de la comprensión en la comunicación para mejorar tus relaciones

La manera en cómo nos comunicamos, cómo decimos lo que pensamos, sentimos o necesitamos, es el punto de partida para que nuestras relaciones fracasen o tengan éxito.

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¿Qué es comunicar? En términos muy generales, es transmitir información para educar, para vender, para convencer, para resolver conflictos, y paradójicamente, es en los conflictos donde más ausente está la comunicación. Comunicar es una palabra bastante amplia que puede ser usada en diversos sectores sociales, por ejemplo, en el marketing, comunicar es transmitir información para que compres determinado producto o servicio, este tipo de comunicación es un monologo, lo interesante está cuando hay una interacción de palabras entre dos o más personas. Aquí es donde entra la comunicación en el conflicto.

Seguramente has escuchado, leído, dicho, profesado, la frase que dice, “la comunicación es la base de toda relación”, y sí; en esencia es correcto, sin embargo, hay que comprenderla primero antes de externarla, pues seguro estoy que utilizando de forma determinante esa frase, sin comprender primero su significado, muchas relaciones han roto a causa de ella. Así que vayamos por partes. 

Primero, ¿Qué es la comunicación? Etimológicamente, ‘comunicar’ proviene del latín comumunicare, communis, que significa: Acción de compartir información de manera común y colaborativa entre dos o más personas para conectar dos o más ideas. Esta definición básica no contempla uno de los elementos más importantes para resolver conflictos: la comprensión, que es la facultad del ser humano o facilidad para percibir las cosas y tener una idea clara de ellas.

El conflicto surge entre dos o más personas cuando no existe comprensión entre ellas por una ausencia de comunicación o una mala gestión en esa comunicación, es decir, no logran empatizar para saber por qué piden lo qué piden. Y para resolver conflictos debemos saber conjugar ambos elementos: comunicación y comprensión. Necesitamos comprender para entender el por qué de las cosas, y asimilar las acciones o palabras de la otra persona.  

Comunicar es un proceso complejo que requiere de saber escuchar para responder a razonamientos y no para atacar a las personas (argumentos ad hominem), cuando hayas logrado que alguién dialogue contigo para comprender por qué piensas lo que piensas, felicidades, has logrado una comunicación eficaz.

Comunicar es un proceso complejo que requiere de saber escuchar para responder a razonamientos y no para atacar a las personas

Los elementos de la comunicación

Ahora bien, la comunicación es un proceso interaccional que está compuesto de los siguientes elementos:

  1. Mensaje: es el conjunto de ideas, creencias, sentimientos o peticiones que se transmiten del emisor al receptor. 
  2. Emisor: es la persona que transmite un mensaje.
  3. Receptor: es la persona que recibe el mensaje.
  4. Canal: Es el medio por el que se transmite el mensaje. Hablamos de lenguaje verbal, no verbal, paraverbal. 
  5. Interpretación: Es el significado que cada persona le da a la información que recibe de acuerdo al contexto, a la personalidad, a la cultura, factores endógenos y exógenos. 
  6. Respuesta: Es la información que el receptor devuelve al emisor de acuerdo a la interpretación que haya hecho. Convirtiendo así la comunicación en un bucle infinito. 
Estos elementos llevan implícita una característica humana: el lenguaje. Tema que abordaremos en otro artículo pues es más complejo todavía

La comunicación es un elemento natural del ser humano a través del cual se transmiten y reciben ideas, información o significados que no necesariamente son iguales para todos, pues las características más subjetivas y complejas de la comunicación son la intención del hablante y la interpretación del oyente; aunado a ambos, está la intersubjetividad, entendiendo por ésta, como la construcción de una red de percepciones de la realidad en la que cada persona ha operado su entendimiento respecto de un mismo suceso, es decir; en una relación de pareja si le pedimos a ambas personas que nos cuente cómo ha sido su relación, ambos nos darán una respuesta totalmente distinta, la cual estará basada en construcciones históricas de su vida personal. 

Al inicio hablábamos de la comprensión, y no sé si te surgió la duda pero, ¿Cómo alcanzamos la comprensión? sencillo, por medio de la escucha activa. La escucha activa, es la habilidad para poner tus cinco sentidos a lo que la otra persona te dice e implica observar sin juzgar y expresar sentimientos. La escucha activa será el vehículo que te ayude a dos cosas: la primera, escuchar atentamente el mensaje del emisor, sin juzgar, para identificar su intención y, la segunda, saber que necesidades desea satisfacer. Pues es a través de la satisfacción de necesidades como podemos alcanzar acuerdos que beneficien a todos los involucrados.

Por ello, influye mucho también la manera en CÓMO decimos o pedimos las cosas. Hay un  dicho famoso que dice: “en la forma de pedir está el dar”, y tiene razón mediáticamente, pues más allá de lo que queremos expresar, en la forma de pedir las cosas está la interpretación del oyente, o sea, que la intención (el cómo), es el indicador de la interpretación (construcción de la realidad) que parte de la expresión de nuestros pensamientos, necesidades e ideas. La manera en cómo nos comunicamos, cómo decimos lo que pensamos, sentimos o necesitamos, es el punto de partida para que nuestras relaciones fracasen o tengan éxito.

Y bueno, para finalizar, a manera de conclusión, diré que la comunicación siempre tiene que ir acompañada de la comprensión. Comunicar no significa “hacer lo que quiero que hagas”, significa escucharnos, sin juzgar, ni atacarnos, para construir un puente que conecte tu idea con la mía y así procrear una nueva visión de nuestros pensamientos.

Para saber escuchar, primero hay que aprender a guardar silencio

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Ventana de la disciplina social. Una teoría para construir relaciones más sanas

La semana pasada publiqué en el blog un artículo acerca de El Dilema del Erizo. Una parábola para explicar cómo funcionan las relaciones humanas; parábola escrita por Arthur Schopenhauer, filósofo Alemán, que explica cómo funcionan las relaciones humanas basadas en la inestabilidad natural del ser humano. Y bueno, para que no parezca pesimista dicha parábola, trataré de darle una solución desde la teoría de la ventana de la disciplina social tratada en justicia restaurativa, para saber, ahora, cómo podemos aprender a tomar distancia en nuestras relaciones sin flagelarnos por las púas, ni morirnos de frío por la distancia (si no has leído el artículo de la semana anterior, te invito a que des clic aquí para conocer de qué va).

Si bien es cierto, la ventana de la disciplina social es vista y analizada desde el marco de la Justicia Restaurativa ante la comisión de conductas delictivas o dañinas, creo que también puede ser trasladada a la interactividad de las relaciones humanas para hacerlas más sanas y placenteras, al final de cuentas, la ventana es para crear consciencia individual y social respecto de nuestros actos. Pero para comprender esto, analicemos primero la teoría partiendo de lo general a lo particular.

Comencemos por analizar la palabra disciplina. Podemos encontrar en Google o en el Diccionario de la Real Academia que la disciplina es: “Conjunto de reglas de comportamiento para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de un cuerpo o una colectividad en una profesión o en una determinada colectividad” o, “Conjunto de reglas o normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado”. Ambos conceptos van dirigidos a regular el comportamiento de la persona, ya sea desde un plano personal o social. 

Michel Foucalt opina en su libro Vigilar y castigar. Nacimiento de las prisiones, que las disciplinas son técnicas que permiten el control del cuerpo y le imponen docilidad. Sometimiento del cuerpo a un control ejercido por un sistema regulado en reglamentos militares, hospitalarios, escolares, prisiones, etc. En el siglo XVIII, se veían las conductas dañinas como desviaciones del individuo, y se calificaban a las personas como buenas o malas; imponiendo castigos disciplinarios correctivos como una forma de curar esas desviaciones, trayendo como consecuencia que el castigo se normalizara en la sociedad haciéndola la más adecuada como respuesta al mal comportamiento. 

Social y, hasta culturalmente, hemos normalizado el castigo como la mejor manera de disciplina. Por esta razón, los padres castigan a los hijos, los maestros castigan a los alumnos, y usamos la palabra castigo como una forma de amenaza. Ante conductas dañinas, lo que deseamos es que se le castigue a la persona de manera severa, con cárcel, con golpes, humillación, menosprecio; que básicamente es de lo que habla también Mike Ledwidge en su teoría de la Bifurcación de la Justicia.

En el otro extremo, tenemos a las personas que no castigan a los niños, niñas, adolescentes, o adultos con mal comportamiento, y son etiquetados como “permisivos”. Ambos polos (castigo-permisivo), crean una disciplina lineal, limitada, porque no existen alternativas entre uno y otro punto: o soy muy severo en el castigo, o soy totalmente complaciente con la conducta, hasta el grado de legitimarla o, incluso, premiar a la persona. En cualquiera de los dos polos, lo que se logra es reforzar la conducta dañina y normalizarla. 

Espectro lineal de la disciplina

Con estas referencias, la ventana de la disciplina social busca crear alternativas para disciplinar y crear un balance entre lo punitivo y lo permisivo, pues la disciplina no debe ser un sistema de dominación y opresión o, de complacencia inescrupulosa; sino un sistema de educación basado en el respeto a la individualidad y a las condiciones específicas de cada persona. En ese imperativo, nacen dos variables de carácter positivo que ayudan a lograr ese balance: control y apoyo; la primera, entendida como el establecimiento de límites y, el segundo, como la capacidad de motivar. Estas variables juegan un papel muy importante en la disciplina porque encontramos niveles altos y bajos de ambos, categorizando cuatro variantes de la disciplina social: negligente, permisivo, punitivo y restaurativo. Lo que buscamos siempre es conseguir ser restaurativos, es decir, un nivel alto de control pero también un nivel alto de apoyo. 

Ventana de la disciplina social de acuerdo al IIRP

Ahora hablemos de la persona. El término persona proviene del latín persona que significa: máscara, refiriéndose a las máscaras que en la antigüedad ocupaban los actores teatrales. En esta línea, todos somos la máscara que le mostramos a la sociedad dependiendo del momento y las personas con quienes nos encontramos. Carl Gustav Jung, refiere que la persona se construye de acuerdo a las circunstancias externas en que se encuentra un individuo, adaptándose al ambiente de ese momento en específico. La misma máscara no utilizamos en todos los ambientes, siempre vamos cambiando de ella mediante actitudes adoptadas. No siempre somos los mismos en todos lados y esas adaptaciones van a depender mucho de las intenciones del individuo y de las exigencias de su entorno, es decir, lo que es aceptado socialmente y lo que responde a mis impulsos o deseos. El mismo Jung dijo que debemos tener cuidado con los individuos que son pura persona porque son ciegos altavoces de la sociedad que les dio forma. No es que hable de una pluralidad de personalidades, sino de una personalidad desasociada en potencia, es decir, que la personalidad es modificable. La persona es la parte consciente de nuestra psique.

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Ahora, te estarás preguntando ¿Qué tiene que ver la ventana de la disciplina social con la persona? Y si no, te invito a que la hagas porque aquí viene lo interesante de esto, porque le vamos a agregar otro elemento: conflicto. El conflicto es inevitable, es esencia del ser humano, es una extremidad más de nuestra evolución, pues solamente mediante el caos podemos evolucionar. Y, ¿Dónde nace el conflicto? en las relaciones humanas y, es en estas donde las personas pueden modificar su personalidad de acuerdo a factores externos o las personas con las que se encuentran, por eso, si alguna vez te has preguntado porque tu pareja o tú, actúan distinto ante los padres, los amigos, en el trabajo, en la calle, es porque estás adecuando tu personalidad al ambiente en el que te encuentras en ese momento y, todavía más cuando estamos inmersos en un conflicto.

Desde esa perspectiva, aterrizando en la parábola del erizo, cuando se entablan relaciones humanas siempre va a existir esa bifurcación de la que habla: necesitamos estar juntos para no morir de frío pero si nos acercamos demasiado podemos infringirnos daño con nuestras púas, y si nos alejamos también nos hacemos daño y terminamos muriendo de frío; entonces, ¿Qué hacemos? Buscar una distancia óptima en nuestra relación que nos permita soportar el frío y, a su vez, evite el daño causado por nuestros cuerpos espinosos. 

Por lo tanto, si el conflicto es inevitable en todas nuestras relaciones (sea en casa entre parejas, entre hermanos, entre padres e hijos, entre vecinos, en el trabajo), quiere decir que es algo que no podemos controlar, sin embargo, lo que sí podemos controlar es la manera en cómo sobrellevar esas relaciones, pero ¿Qué hacer para lograrlo? Lo que propone la teoría de la ventana de la disciplina social: usar un nivel alto de control (límites), pero también un nivel alto de apoyo (motivar), para tener relaciones más sanas y restaurativas. 

Aprender a poner límites entre nosotros es aprender a valorizar el valor intrínseco de las personas porque de esa manera evitamos hacerle daño al otro. Aprender a apoyar a los otros, es recordarles que aún a pesar del duelo en el conflicto, estamos ahí para ayudarles porque necesitamos de otros para ser, hacer, dar, crecer, evolucionar. La justicia restaurativa usa el control no como una técnica de sometimiento del cuerpo humano, sino como una forma de controlar la conducta humana que tiende a hacer daño. Los límites son aplicados sobre la conducta de las personas y no sobre las personas mismas. En cuanto a la motivación, Maslow refirió que todos buscamos satisfacer necesidades, desde las básicas, como comer, hasta las superiores, como la autorrealización, por esta razón, en nuestras relaciones, debemos apoyar a los demás para motivarlos a la satisfacción de sus necesidades.

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Una idea de proponer límites y apoyar, para que hagan más aceptable las interactividad con los demás, es pactar acuerdos previos, por ejemplo, en una relación de pareja, pueden acordar que ante un conflicto pueden darse el espacio y tiempo para calmar los ánimos y después dialogar para resolver el problema. En una relación laboral, se puede pactar previamente que, ante cualquier conflicto surgido entre empleados, acudan al área de recursos humanos (por decir), y someter su conflicto a un proceso de mediación. En una relación de arrendamiento, se puede establecer una cláusula en el contrato refiriendo que ante cualquier conflicto derivado de dicho contrato, tratarán de resolverlo primeramente mediante un proceso de conciliación, antes de acudir a la instancia jurisdiccional. 

La aplicación de la ventana de la disciplina en nuestras relaciones constituye una relación de respeto. En una relación laboral, no tenemos que ser los mejores amigos pero siempre debe existir una relación de respeto, que se logra mediante el establecimiento de límites y apoyo, porque ambos están por un fin común. Siendo humanista, siempre necesitaremos de la otredad para crecer, todos necesitamos de todos. Nadie es capaz de crecer por sí mismo. Siempre vamos a necesitar de otros para reconocernos como alguien, porque el reconocimiento se da a través de la aceptación o legitimación que alguien hace de mí como persona dentro de la sociedad. 

Y bueno, a manera de conclusión, aplicar la ventana de la disciplina social en nuestras relaciones resulta la mejor alternativa al castigo; recordemos que la disciplina debe ser un sistema de educación basado en el respeto a la individualidad y condiciones específicas de cada persona. Como los erizos, las relaciones humanas, dentro del conflicto, sólo cobran valor cuando valorizamos el valor humano de los individuos, por lo tanto, debemos buscar un equilibrio entre el castigo (dañar a otros), lo permisivo (consentir el daño), y lo negligente (dejarse morir de frío), para lograr un estado óptimo restaurativo, apoyándonos entre nosotros pero poniendo ciertos límites, sólo de esta manera, podemos construir esa distancia óptima para mantener relaciones sanas y humanas.

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El ‘dilema del erizo’. Una parábola para explicar cómo funcionan las relaciones humanas

La emoción más vieja y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el miedo más fuerte es el miedo a lo desconocido

H.P. Lovecraft

Hace algunos días, sostenía un diálogo percutido con Ivón, madre de Lía, y aunque estamos casados civilmente, no me agrada la frase “mi esposa”, porque no es un objeto para poseerlo ni mucho menos para ser de mi propiedad. Pero bueno, regresando al tema, el conflicto que traíamos era un poco acerca de nuestra comunicación, un poco acerca de la relación, un poco más de los dos y un poco menos de cada uno, o viceversa tal vez si le preguntamos al ego. Aún siendo mediador y sabiendo técnicas de comunicación, es complejo serlo y aplicarlas en tus propios conflictos cuando eres, a su vez, la víctima, el victimario, el juez, el mediador y, hasta el verdugo, y más cuando de relaciones familiares se trata. 

Posterior a esa discusión, me hice las siguientes preguntas: ¿por qué si nos queremos nos cuesta tanto trabajo contemplar un momento el momento de estar ahí para mirarnos como espejos (iguales) y dejar de flagelarnos? ¿por qué si en algún momento hemos ideado separarnos y abandonarnos, siempre terminamos desechando esa idea?; ¿por amor?, ¿por el recuerdo?, ¿por los hijos?, ¿por miedo? H.P. Lovecraft dice que “la emoción más vieja y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el miedo más fuerte es el miedo a lo desconocido”. 

Todas estas preguntas formuladas, aún sin respuestas, me hicieron recordar que hace tiempo descubrí el Dilema del Erizo de  Arthur Schopenhauer; filósofo alemán del siglo XIX, precursor y máximo representante de la filosofía pesimista. El dilema del erizo es una parábola escrita en 1851 dentro de su obra Parerga y paralipómena

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“En un día muy helado un par de erizos que se encuentran cerca sienten la necesidad de acercarse para darse calor y no morir congelados, cuando los erizos se aproximan demasiado, sienten el dolor que les causan las púas del otro y eso los impulsa a alejarse de nuevo; el hecho de alejarse va acompañado de un frío insoportable, entonces ambos se ven en el dilema de elegir entre herirse con la cercanía de sus púas o morir congelados; para soportar el dolor ambos erizos se acomodan hasta encontrar la distancia en la que ninguno se hace demasiado daño, pero en la que tampoco mueren de frío”.

Como puedes leerlo, el dilema se centra en la elección de los erizos de acercarse para no morir de frío o alejarse para no hacerse daño físicamente. Lo mismo pasa con las relaciones humanas. Cuanto más cerca es la relación entre dos personas, más probabilidad existe de que puedan hacerse daño mutuamente; por el otro lado, mientras más distancia deciden tomar, están más propensos a sentir angustia y miedo por la soledad y, al final, morir de frío. 

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En otras palabras, las relaciones humanas, están consternadas a un bucle interactivamente humano, interminable e inestable, en el que vivimos todos los días. Somos seres naturalmente sociables. Necesitamos de otros para ser, hacer, dar, crecer; que se refiere al calor que damos y recibimos de los otros; y en ese encuentro, también estamos condenados a soportar la inevitable necesidad de alejarnos y soportar el frío por la amenaza de sangrar el cuerpo, pero aún así, en la distancia, sangra el alma, así que digamos, en esta parábola no existen muchas alternativas.

Al final, en la permanencia intermitente de nuestras relaciones, debemos buscar una distancia óptima para hacer de ellas interacciones más soportable, pues debemos tomar en cuenta que la interacción es perpetua, tanto real como idealmente, pues aún en la distancia, estamos condicionados a construir nuestra realidad con las vivencias y experiencias en las que los demás también han contribuido para construirla. 

El ser humano es complejo, ambiguo, absurdo, irracional, impaciente, terco, amoroso, callado, impasible, contradictorio. Somos buenos pero imperfectos. De todos los animales que habitamos este planeta, el humano se dice que es el único racional porque tiene la capacidad de resolver problemas, de crearlos, armar, desarmar, innovar, destruir y volver a crear. Pero en realidad, nadie de nosotros es consciente del entorno, de lo que piensa y de lo que ejecuta. La construcción de nuestro ser queda a dispensas de lo que el otro está dispuesto a sacrificar de sí para mí. Sólo a través de ese sacrificio podemos experimentar una realidad, mediante la suplantación de ese otro ajeno a mí. Para contrarrestar eso, sólo a través de la contemplación de uno mismo, seremos capaces de mejorar nuestra realidad personal.

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A manera de conclusión, considero que en todas las relaciones personales debe construirse una distancia óptima para mantener una relación más sana y humana. No me refiero a que sean relaciones frías, vacías, sin empatía; tampoco me refiero a etiquetar todas tus relaciones como tóxicas, mucho menos a las personas, porque entonces, tóxicos somos todos. Y seguramente te estarás haciendo la pregunta: ¿Cómo logro construir esa distancia óptima para mantener relaciones sanas y humanas? La respuesta, desde un enfoque restaurativo, es a través de la ventana de la disciplina social; una teoría de las prácticas restaurativas que puede ser aplicada a todas nuestras relaciones interpersonales y sociales; pero este tema lo analizaremos en el siguiente artículo.

Si te ha gustado este artículo puedes dejar tu opinión y también, te invito a que me digas que opinas acerca de esta parábola, ¿crees que así funcionan las relaciones humanas? o ¿crees que es muy extremista, y en la filosofía de Schopenhauer, muy pesimista?

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