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El ‘dilema del erizo’. Una parábola para explicar cómo funcionan las relaciones humanas

La emoción más vieja y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el miedo más fuerte es el miedo a lo desconocido

H.P. Lovecraft

Hace algunos días, sostenía un diálogo percutido con Ivón, madre de Lía, y aunque estamos casados civilmente, no me agrada la frase “mi esposa”, porque no es un objeto para poseerlo ni mucho menos para ser de mi propiedad. Pero bueno, regresando al tema, el conflicto que traíamos era un poco acerca de nuestra comunicación, un poco acerca de la relación, un poco más de los dos y un poco menos de cada uno, o viceversa tal vez si le preguntamos al ego. Aún siendo mediador y sabiendo técnicas de comunicación, es complejo serlo y aplicarlas en tus propios conflictos cuando eres, a su vez, la víctima, el victimario, el juez, el mediador y, hasta el verdugo, y más cuando de relaciones familiares se trata. 

Posterior a esa discusión, me hice las siguientes preguntas: ¿por qué si nos queremos nos cuesta tanto trabajo contemplar un momento el momento de estar ahí para mirarnos como espejos (iguales) y dejar de flagelarnos? ¿por qué si en algún momento hemos ideado separarnos y abandonarnos, siempre terminamos desechando esa idea?; ¿por amor?, ¿por el recuerdo?, ¿por los hijos?, ¿por miedo? H.P. Lovecraft dice que “la emoción más vieja y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el miedo más fuerte es el miedo a lo desconocido”. 

Todas estas preguntas formuladas, aún sin respuestas, me hicieron recordar que hace tiempo descubrí el Dilema del Erizo de  Arthur Schopenhauer; filósofo alemán del siglo XIX, precursor y máximo representante de la filosofía pesimista. El dilema del erizo es una parábola escrita en 1851 dentro de su obra Parerga y paralipómena

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“En un día muy helado un par de erizos que se encuentran cerca sienten la necesidad de acercarse para darse calor y no morir congelados, cuando los erizos se aproximan demasiado, sienten el dolor que les causan las púas del otro y eso los impulsa a alejarse de nuevo; el hecho de alejarse va acompañado de un frío insoportable, entonces ambos se ven en el dilema de elegir entre herirse con la cercanía de sus púas o morir congelados; para soportar el dolor ambos erizos se acomodan hasta encontrar la distancia en la que ninguno se hace demasiado daño, pero en la que tampoco mueren de frío”.

Como puedes leerlo, el dilema se centra en la elección de los erizos de acercarse para no morir de frío o alejarse para no hacerse daño físicamente. Lo mismo pasa con las relaciones humanas. Cuanto más cerca es la relación entre dos personas, más probabilidad existe de que puedan hacerse daño mutuamente; por el otro lado, mientras más distancia deciden tomar, están más propensos a sentir angustia y miedo por la soledad y, al final, morir de frío. 

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En otras palabras, las relaciones humanas, están consternadas a un bucle interactivamente humano, interminable e inestable, en el que vivimos todos los días. Somos seres naturalmente sociables. Necesitamos de otros para ser, hacer, dar, crecer; que se refiere al calor que damos y recibimos de los otros; y en ese encuentro, también estamos condenados a soportar la inevitable necesidad de alejarnos y soportar el frío por la amenaza de sangrar el cuerpo, pero aún así, en la distancia, sangra el alma, así que digamos, en esta parábola no existen muchas alternativas.

Al final, en la permanencia intermitente de nuestras relaciones, debemos buscar una distancia óptima para hacer de ellas interacciones más soportable, pues debemos tomar en cuenta que la interacción es perpetua, tanto real como idealmente, pues aún en la distancia, estamos condicionados a construir nuestra realidad con las vivencias y experiencias en las que los demás también han contribuido para construirla. 

El ser humano es complejo, ambiguo, absurdo, irracional, impaciente, terco, amoroso, callado, impasible, contradictorio. Somos buenos pero imperfectos. De todos los animales que habitamos este planeta, el humano se dice que es el único racional porque tiene la capacidad de resolver problemas, de crearlos, armar, desarmar, innovar, destruir y volver a crear. Pero en realidad, nadie de nosotros es consciente del entorno, de lo que piensa y de lo que ejecuta. La construcción de nuestro ser queda a dispensas de lo que el otro está dispuesto a sacrificar de sí para mí. Sólo a través de ese sacrificio podemos experimentar una realidad, mediante la suplantación de ese otro ajeno a mí. Para contrarrestar eso, sólo a través de la contemplación de uno mismo, seremos capaces de mejorar nuestra realidad personal.

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A manera de conclusión, considero que en todas las relaciones personales debe construirse una distancia óptima para mantener una relación más sana y humana. No me refiero a que sean relaciones frías, vacías, sin empatía; tampoco me refiero a etiquetar todas tus relaciones como tóxicas, mucho menos a las personas, porque entonces, tóxicos somos todos. Y seguramente te estarás haciendo la pregunta: ¿Cómo logro construir esa distancia óptima para mantener relaciones sanas y humanas? La respuesta, desde un enfoque restaurativo, es a través de la ventana de la disciplina social; una teoría de las prácticas restaurativas que puede ser aplicada a todas nuestras relaciones interpersonales y sociales; pero este tema lo analizaremos en el siguiente artículo.

Si te ha gustado este artículo puedes dejar tu opinión y también, te invito a que me digas que opinas acerca de esta parábola, ¿crees que así funcionan las relaciones humanas? o ¿crees que es muy extremista, y en la filosofía de Schopenhauer, muy pesimista?

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La Teoría del ‘Desarrollo a Escala Humana’ aplicada a la Justicia Restaurativa

Cuando tenía 15 años aproximadamente, estudiando la preparatoria, conocí a un amigo que acababa de ingresar a la escuela. Un adolescente, aparentemente como cualquiera de todos nosotros. Experimentando cambios fisiológicos, mentales, biológicos, de carácter y bueno, de muchas otras cosas que seguramente has de recordar también. A Víctor (le pondré ese nombre para identificarlo mejor), le gustaba la música de rock (algo que teníamos en común), tocaba la guitarra eléctrica y tocaba en una banda todos los sábados en el Bar La Salamandra. Terminando la preparatoria no lo volví a ver.

Muchos años después, en 2019 para ser exactos, participé en el programa de “Puentes a la Vida”, un programa de justicia restaurativa llevado a cabo en el Centro Penitenciario de Ixcotel, Oaxaca, México. Sin darme cuenta, alguien me saludó como si de muchos años nos conocieramos. No pude reconocer en ese instante el rostro pues parecía de un hombre mucho mayor que yo; pero poco a poco, mi mente empezó a aclarar el recuerdo; así es, era Víctor. Tal fue mi sorpresa que al saludarme, no supe qué decir; en ese momento lo primero que pasó por mi mente fue el tiempo en que lo conocí cuando teníamos 15 años aproximadamente. Un rostro totalmente diferente, irreconocible para mí. Me resultó impactante encontrarlo ahí. ¿El motivo? Comisión del delito de robo a mano armada y posesión de droga. Situación jurídica, sentencia condenatoria.  

Mucha gente diría que Víctor es una mala persona, que es un delincuente por el sólo hecho de estar prisionero. Algunos otros dirán que se lo merecía; pero, ¿por qué Víctor estaba en prisión? Sí, lo sé, porque cometió un delito, pero, ¿qué lo motivó a cometer ese delito? Víctor tuvo una vida de niño y adolescente un poco trágica. Un padre alcohólico, agresivo que ejercía violencia hacía Víctor, sus hermanos y su mamá. Su madre cansada de esa violencia, un día decidió ya no continuar con esa vida y decidió abandonar su casa, a su esposo golpeador, pero lamentablemente también a sus hijos. Los dejó a la suerte, y la suerte tomó una decisión para con Víctor con tan sólo 15 años.

A sus 17 años, con una madre que había desaparecido de su vida y un padre totalmente ausente, encontró en la calle nuevas amistades y, lamentablemente también drogas que lo llevaron a confundir la manipulación con el amor y el peligro con seguridad. Al menos para él, tenía cubiertas tres necesidades básicas: una familia, seguridad y, hasta comida. Por fin sentía que era parte de un grupo de personas que tenían interés en él aunque sólo para dañarlo. Claro, eso no lo sabía él, sin embargo, sentía que formaba parte de algo, que era alguien, que era mirado y escuchado. Por fin sentía afecto de otros seres humanos, un afecto mal dirigido pero al fin y al cabo, se sentía amado.

Su vida delincuencial lo llevó a donde se encuentra ahora. Una prisión que jamás pensó conocer y una reflexión que le enseño la mejor lección de su vida: “todo el tiempo le eché la culpa a mi mamá por ser quien soy, por haberme abandonado, pero ahora entiendo que el único responsable de estar aquí soy yo, sólo que nadie me enseñó a protegerme de mí mismo” Al final Víctor reconoció que las condiciones en las que vivió fueron determinantes para dirigir su vida a donde estaba en ese momento. ¿Tenía opciones? A los 17 años no creo, pues nunca le enseñaron a mirar a ambos lados de la calle, solamente a uno y eso le causó un accidente. Sus necesidades fueron satisfechas de una manera que lo llevó a donde nunca se lo imagino. Nadie nace predestinado a robar, asesinar, violar o hacer daño. 

Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Estas son, bajo el enfoque de una teoría que ofrece una mirada social sobre el desarrollo, las necesidades humanas básicas, finitas y universalmente constantes. Esto, hace referencia a la “Teoría del Desarrollo a Escala Humana” implementado por el economista Chileno Manfred Max-Neef.

A diferencia de Maslow, y su pirámide de las necesidades, Max-Neef propone que las necesidades básicas del ser humanos son las indicadas en el párrafo anterior, y que, además; contrario a lo que establece Maslow en su Teoría de la motivación humana, las necesidades no siguen una jerarquía ascendente para ser satisfechas de acuerdo a la supervivencia y la capacidad de motivación; es decir, mientras que para Maslow las necesidades básicas deben ser satisfechas de manera ascendente conforme a su pirámide, para Max-Neef no existe una lista jerarquizada de necesidades, sino que, las necesidades son un sistema en el que se interrelacionan e interactúan. 

El ser humano es un ente de múltiples necesidades interdependientes y que, para satisfacerlas se requiere de elementos satisfactorios, es decir, que debe existir una diferencia entre necesidades y satisfactores. Puede suceder que para cubrir una necesidad se requiera de uno o múltiples satisfactores o, a la inversa, que un satisfactor ayude a cubrir múltiples necesidades. 

Ahora bien, te estarás preguntando, Josué y, ¿qué relación hay entre la teoría de Max-Neef y la justicia restaurativa? Bueno, regresando al caso de Víctor, la calidad de vida del ser humano dependerá mucho de las posibilidades y condiciones materiales que tenga para poder satisfacer sus necesidades básicas humanas. Es decir, que la satisfacción de necesidades será acorde a las fuentes de satisfactores con que cuente la persona en determinado momento específico de su vida. 

Considero que, las fuentes de satisfactores revelan de una manera apremiante el ser y el hacer de las personas; es decir, que la manera de actuar, pensar y ser, de cada persona, dependerá mucho de los recursos que tenga al alcance para lograr satisfacer sus necesidades fundamentales, sin importar de donde provengan esos satisfactores. Por ejemplo, para Víctor, los satisfactores de sus necesidades como de subsistencia y afecto, los encontró en amistades dañinas y consumo de drogas. 

La relación que puede existir entre la Justicia Restaurativa y la Teoría del Desarrollo a Escala Humana, es que, la Justicia Restaurativa puede encontrar en esta teoría, nuevos elementos teóricos y fácticos que hagan posible la satisfacción de necesidades en ofensores, víctimas y comunidad, y potencializar el desarrollo del humano, que en esencia, es el postulado de dicha teoría de Max-Neef. 

Recordemos que, ante la comisión de un delito o una conducta dañina, lo que busca la justicia restaurativa es reparar el daño causado, restaurar el tejido social y reintegrar a la sociedad tanto a la víctima como al ofensor, mediante la satisfacción de sus necesidades fundamentales, esto, partiendo de la premisa que, generalmente, el delito se comete por la insatisfacción de necesidades. 

Por lo anterior, ¿puede la teoría del desarrollo a escala humana introducirse a la justicia restaurativa? No lo sé, pero seguramente podemos encontrar en ella el entendimiento de que motiva a una persona a delinquir, pues se ha mitificado la idea de que las necesidades son la ausencia de algo cuando en realidad no es así, pues también puede ser el motivo de una conducta. Así que bueno, esto es sólo una introducción a la Teoría del Desarrollo a Escala Humana. En un artículo posterior entraremos a analizar a profundo de que se trata y si es posible aplicarlo como parte del método de la justicia restaurativa. 

Espero haya sido de tu agrado este artículo y te invito a que dejes tus comentarios acerca de ello. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerlo.

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La dialéctica hegeliana y la mediación. Un modelo para armar

“Las verdaderas tragedias no surgen del enfrentamiento de un derecho y una injusticia; surgen del choque de dos derechos”.

Hegel

Hace algunas semanas que estaba dando una clase de mediación, despertó en mí la curiosidad de ¿por qué el conflicto es positivo? Dentro de todas las capacitaciones de mediación que he tenido y que, incluso, he dado, se ha hecho la pregunta sobre si ¿el conflicto es positivo o negativo? Y sin darle más vueltas a la pregunta, se concluye que es positivo porque permite crecer y mejorar las relaciones, claro, siempre y cuando el conflicto sea tolerable para resolverse. Este enfoque pedagógico, o pregunta, siempre ha llegado a ese límite, pero más allá de eso, nadie me ha explicado porqué es importante pensar eso. ¿Cuál es la razón de mejorar nuestras relaciones a través del conflicto? ¿Cuál es la raíz de ese positivismo? 

Imaginemos un conflicto sencillo, un conflicto sobre un choque de tránsito. Seguramente ya te habrá pasado o alguien cercano a ti le pasó. Entonces, imagina que sucede un choque de tránsito en un crucero de tu ciudad, en uno de los vehículos vas tú y cuando se da el percance, inmediatamente sales del vehículo para ver primero los daños de tu carro y posteriormente para confrontar al otro conductor. En ese momento, lo primero que sucede en tu mente es echarle la culpa al otro conductor y automáticamente empiezas a diseñar un discurso con el que tienes que ganar para hacer que te pague los daños. Ahora, ese mismo proceso mental que pasó en tu cerebro, pasó en el cerebro del otro conductor. 

Y la pregunta no es ¿quién ganará? sino, ¿cómo se resolverá el conflicto cuando existe un 50/50 de que ambos tengan la razón? Y posiblemente responderás: mediante una prueba pericial; sí pero… mejor no nos metamos en más problemas. ¿Cómo llegamos a la verdad de los hechos? (olvida la prueba pericial porque solamente se centran en el choque pero no analizan el contexto del conflicto, es decir, no está diseñado para analizar el ecosistema conflictual) 

Este ejemplo puede servir como referencia para lo que quiero explicar. En la mayoría de los conflictos, siempre existen posturas contradictorias. La mayoría de las veces que nos encontramos dentro de un conflicto, creemos, a priori, que tenemos la razón y por lo tanto mi reacción primaria será tratar de convencerte que las cosas pasaron como yo digo que pasaron y, por lo tanto, no hay cabida en mis razones para tu argumento. A esto le llamamos retórica, entendida como la habilidad del lenguaje para probar, a través de las palabras, que mi dicho tiene validez vs el tuyo, y para lograr eso se utilizan técnicas de persuasión y convencimiento. Es decir, la retórica es un discurso lineal y monológico que en la antigua grecia se usaba para hablar en auditorios de una manera elegante. 

Durante mi carrera y ejercicio como abogado, me di cuenta que en un litigio lo que se busca es llegar a la verdad histórica de los hechos para resolver el conflicto, por medio de la retórica y la argumentación jurídica, apoyados de elementos probatorios y la habilidad del abogado para hablar bonito y elegante con palabras rebuscadas. Sin embargo, en mediación, o cualquier método de solución de conflictos autónomo, lo que se busca es llegar a una verdad emocional apoyada en las vivencias de cada persona y en la colaboración y cooperación creativa de ambos, encontrar una realidad colectiva y así solucionar el conflicto; es decir, crear una nueva historia que haga sentido a ambas partes, a partir de las posturas individuales. ¿Suena romántico e ingenuo? o, ¿tal vez confuso? Lo sé, pero vamos a explicar a detalle esto. 

Empecemos con ¿Qué es dialéctica? A diferencia de la retórica, la dialéctica es un método comunicacional compuesto de argumentos contradictorios lógicos y objetivos que a través de una disputa de argumentos, se busca llegar a conclusiones fiables, lógicos y probables para los dialogantes. Es decir, en tanto que la retórica es saber hablar para persuadir, la dialéctica es saber argumentar para crear. La dialéctica es ética, la retórica es estética. 

Ahora bien, para poder explicar todavía un poco más lo anterior, voy a hacer una introducción a la dialéctica hegeliana y unirla con el método de mediación para resolver conflictos. Para Hegel, la dialéctica tiene tres momentos: tesis, antítesis y síntesis. La tesis es la afirmación de algo, ejemplo, por un descuido chocaste mi vehículo; la antítesis es la negación o contradicción de la tesis, sí pero tu me pegaste primero; y la síntesis contiene la tensión de la tesis y la antítesis: ocurrió un accidente de tránsito pero si hubo descuido de ambos cada quien se hace responsable de sus daños. Pongamos otro ejemplo, el típico de todas las clases de mediación: las niñas que se pelean una naranja. ¿Cuál sería la tesis? Ambas quieren la naranja; la antítesis sería que nadie la quiere compartir; y la síntesis que una niña quiere el zumo para hacer agua y la otra niña quiere la cáscara para hacer un pastel. 

Hegel, con su dialéctica, intentó explicar la realidad de las cosas, del mundo, el arte, las relaciones humanas, entre otras muchas cosas. Y trasladando la dialéctica hegeliana a la mediación, podríamos decir que la tesis y la antítesis serían las posturas individuales, y la síntesis, la satisfacción de necesidades de las personas.

Por último, es importante resaltar que la dialéctica hegeliana en mediación debe sostenerse en 4 pilares fundamentales:

  • El primero es la legitimidad, es decir, que en el proceso comunicacional debe existir cierta legitimidad de tu punto de vista para que el otro pueda crear uno nuevo o, incluso, reforzar su propio punto de vista, pues nadie por si solo es capaz de valorar todas las variables relevantes para crear una nueva narrativa.
  • Pero para lograr legitimar al otro, se requiere del segundo elemento que es la escucha, pues a través de una escucha activa es cómo podemos empatizar y crear una dialéctica creativa,
  • El tercer elemento de la dialéctica es la creatividad, que ayudará a tener la capacidad de crear una nueva historia que nazca de las ya contadas individualmente para mantener el contenido de verdad de cada narrativa.
  • Y por último, el método dialéctico de mediación debe ser colaborativo, es decir, que la mediación pasa de un juego de suma cero a un juego de suma no cero, donde el fin último es ganar-ganar, es decir, que las ganancias que obtenga una de las partes debe ser proporcionalmente a las ganancias de la otra. Y cuando digo ganancias, me refiero al sentido emocional que surge de la satisfacción de las necesidades personales.

Concluyendo, considero que a través de este método, podremos lograr lo que busca el derecho: una verdad histórica de los hechos. Pero no nada más eso, sino que lograremos una verdad histórica y colectiva.

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Las niñas y los niños no son el futuro

“En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero reparar asimismo este presente”

Friedrich Nietzsche

En 2018 y 2019, tuve la oportunidad de cursar una increíble especialización en justicia restaurativa aplicada en reuniones víctima-ofensor en delitos graves como secuestro, violación, delincuencia organizada, etc. Aunado a ello (en esos mismos años), y como complemento de dicha especialización, participé como facilitador en el Programa de justicia restaurativa “Bridges to life” (puentes a la vida), dentro de la Penitenciaría Central de la Ciudad de Oaxaca; impartido por dos personas con una calidad humana y una visión sin fronteras de la justicia restaurativa: Marisol Ramírez Sánchez y Eddie Mendoza. 

Considero que la manera en cómo funciona el mundo es a través de una visión filosófica dualista, es decir, que existe un mundo material y el mundo de las ideas, estamos conformados por ideas y materia. Visualizamos el mundo por medio de nuestras ideas materializándolas por medio de significados. Somos consecuencia de nuestras condiciones idealistas, imaginarias, materiales e históricas en las que hemos vivido y crecido desde nuestra niñez. Toda la información y condiciones que nos fue transmitida por nuestros padres, tutores, educadores, maestros, etc; resulta ser, a la postre, las mejores o peores condiciones en las que viviremos de adultos. 

Cobra mucha relevancia la educación que recibiste, el lugar donde viviste y creciste, las interacciones sociales que tuviste, la relación de pareja que viste de tus padres, ya sea entre tus progenitores o de ellos con otras parejas, los amigos que tuviste en la infancia, los idiomas que aprendiste, la relación con tus padres (ausentes o presentes), con uno o con los dos, el estado o país donde creciste, las costumbres y creencias religiosas, en fin, un sin fin de factores que poco a poco se van impregnando en tu subconsciente y que los vas normalizando a lo largo de tu vida. Por esa razón, la relación con tu pareja actual es un reflejo de tus lecciones aprendidas en tu niñez. Esas ideologías sembradas en la niñez, serán las acciones cosechadas en la adultez. 

La historia y evolución humana se da a partir del conjunto de hechos y sucesos que se han desarrollado en torno a nuestras vidas. En muchas situaciones, nuestros pensamientos y acciones nacen de factores endógenos y exógenos que limitan o potencializan nuestro desarrollo humano. 

Sólo a través de nuestro pasado podemos crear nuestro futuro. No podemos negar de donde venimos y menos restarle valor a nuestras enseñanzas. Con esto no digo que no exista la posibilidad de cambiar nuestras creencias e ideologías y, consecuentemente, nuestras acciones, reacciones y respuestas al mundo; claro que se puede. Gracias a nuestra plasticidad cerebral, tenemos la habilidad de cambiar radicalmente de creencias y aprender cosas nuevas en cualquier etapa de nuestra vida; claro, mientras más envejecemos, más perdemos dicha capacidad. 

Ridículamente creemos muchas veces que el castigo recibido por una conducta dañina es el resultado de nuestras propias decisiones, es decir, que uno mismo al accionar “mal” se busca el castigo, y aquí es donde entra al juego lo que llamamos “karma” (que también resulta ser más ridículo atribuir a algo espiritual nuestros actos pues es como una manera de autoflagelarse). 

Es ridículo pensar eso porque en realidad son nuestras precondiciones históricas y preconcepciones de la vida lo que nos llevan a tomar las decisiones, ya que muchas veces no contamos con el abanico de opciones y herramientas humanas para generar y evaluar múltiples respuestas a una misma condición, pero ¿por qué? Porque nunca se nos enseñó. 

Y aquí traigo a colación la parte introductoria de este artículo en el sentido que, al saber o conocer de que una persona ha sido privada de su libertad por la comisión de un delito, la primera respuesta que la mayoría da a la pregunta de ¿por qué están encarcelados? sería: “porque se lo merecen” “por castigo divino” “porque seguramente hicieron algo malo” “porque son malas personas”; y todo lo vamos dirigiendo hacia la persona, hacia sus condiciones materiales de vida, hacia el lugar donde nació, si pertenece a alguna etnia, vive en determinada colonia, etc. Y la verdad es que lo malo no está en las personas que viven privadas de su libertad, lo malo está en las personas que vivimos en libertad. Si tan sólo tuviéramos el valor de mirar en su alma, en lo profundo de su océano, nos daríamos cuenta que sus decisiones no fueron tomadas deliberadamente, muchas veces son consecuencia de cómo vivieron su niñez.

Ahora, hay algo que en lo personal me preocupa mucho: ¿que les estamos transmitiendo hoy a nuestros hijos? ¿cómo van a llegar al futuro nuestros hijos? Los niños y niñas son el género más vulnerable de toda la humanidad, son los que más sufren el mayor grado de marginación, los separamos del mundo porque los minimizamos, los infravaloramos, promoviendo así en ellos la desigualdad, la irracionalidad, el racismo, la inequidad, la alexitimia. Muy posiblemente sintamos envidia de ellos porque solamente ellos tienen la capacidad innata de crear, inventar, de caer y levantarse infinidad de veces, de llorar y reír y de enojarse y ser feliz, porque para ellos es más importante la felicidad que les produce jugar, que perpetuar su enojo. 

Las niñas y los niños no son el futuro, ellos son el presente para formar un futuro colectivamente más responsable. Los niños viven en una inconsciencia que espera curiosamente ser dotada de luz, amor y virtudes. 

Así que cuando conozcas a un niño, niña, adolescente o adulto que, según tus pre concepciones idealistas, no es correcto su actuar; primero trata de averiguar la razón y su verdadera intención de ese actuar: no juzgues, no critiques, no califiques, no estigmatices. Guarda un rato el ego. 

Y también, la próxima vez que tu hijo o hija haga un berrinche no lo recrimines, no lo culpes, no lo castigues; en lugar de eso mirate al espejo y pregúntate qué estás aportando tú para que su reacción sea esa. ¿Le enseñas a reaccionar o a responder? ¿Le transmites confianza o miedo? ¿Le enseñas amor o egoísmo? ¿Le enseñas lo que te enseñaron a ti? 

Para finalizar, hay una frase que me ha encantado de Nietzsche: “En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero reparar asimismo este presente”

Los adolescentes, la justicia restaurativa y la ley que los une

Imagina a un niño de 5 años vestido con corbata, camisa, pantalones cortos o largos, zapatos negros y boina o sombrero, listo para tomarse una foto como si de un adulto pequeño se tratara. Seguramente pensarás “¡ay que bonito!” “¡qué guapo!”. Y digo, hoy en día eso puede ser un buen outfit para la foto del recuerdo, pero, esto tiene una historia que posiblemente no conocías. Anteriormente, entre los siglos XVIII y XIX, los niños no eran considerados como niños y se les privó de su niñez en muchos aspectos, a tal grado que no existía ni siquiera ropa que hoy consideramos de niños, ya sabes, colores vivos, destellantes, con figuras de acción, héroes, princesas, etc. Los padres vestían a sus hijos como ellos mismos, o sea, como adultos. Pero esto no es lo grave del asunto, es solo una referencia. Lo grave de esto, es que durante esa época, específicamente durante la revolución industrial, los niños eran considerados elementos trabajadores en Europa pues representaban el 15% de la fuerza laborar en las fabricas y minas, obligándolos a trabajar más de 10 horas diarias realizando actividades peligrosas e inadecuadas para su edad y capacidad. Los niños eran considerados objetos solamente, el respeto a sus derechos simplemente no existían. Fue hasta el año de 1989 que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Convención Nacional de los Derechos del Niños, que a la fecha la han ratificado 186 países en el mundo, dentro de ellos México.

Es así que llegamos a la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, publicada el 16 de junio de 2016 y ha representado un avance significativo en materia de justicia penal aplicada a adolescentes, pues en México no existía una Ley que protegiera sus Derechos Humanos ante los Tribunales penales.

Y bueno, quiero destacar un tema de mucha trascendencia que se encuentra incluido en la ley; es el cambio de paradigma sobre los mecanismos alternativos, pues en comparación con la Ley Nacional de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Materia Penal, la ley de justicia penal para adolescentes se erige sobre el principio de Justicia Restaurativa, específicamente en el artículo 21 de la ley mencionada. 

Este principio pondera el uso de las prácticas restaurativas para el abordaje de las conductas delictivas cometidas por personas adolescentes, cuyas prácticas son: las reuniones víctima-persona adolescente, junta restaurativa y círculos

Cabe señalar que la justicia restaurativa, como paradigma, es el conjunto de valores y principios que ayudan a responder de manera positiva, ante las conductas delictivas, transformando dicha conducta en acciones tendientes a responsabilizar al adolescente ofensor, reparar el daño causado a la víctima y a la comunidad y, en la medida de lo posible, restaurar la seguridad y confianza de la comunidad en la persona adolescente mediante la no repetición del delito. Todo ello bajo principios de respeto a la dignidad de las personas, sobre el contexto de que el adolescente es un individuo en pleno desarrollo socio-emocional, cuya psique se encuentra inmerso en condiciones ilusorias que muchas veces no alcanza a dimensionar. 

Dentro del espectro de las prácticas restaurativas, las reuniones víctima-persona adolescente, juntas restaurativas y los círculos, son procesos restaurativos con una estructura metódica que requiere de una preparación a las personas que participen para evitar la posible revictimización de la víctima y la vergüenza estigmatizante en el adolescente. Esta preparación debe ser dispuesta tanto para la víctima, para la comunidad, como para el adolescente ofensor. Estos procesos restaurativos distan mucho de los procesos de conciliación y mediación, pues la construcción del delito debe ser abordada a partir de las condiciones materiales en que el adolescente ha crecido y vivido, y ni la conciliación ni la mediación están diseñados para sumergirse tanto en la vida de las personas. Por esta razón, en la ley penal para adolescentes no se contempla el mecanismo alternativo de conciliación, y la mediación es usada para delitos menores pero que generan una trascendencia significativa en la vida del adolescente y de las personas que lo rodean.

Las prácticas restaurativas aplicadas con adolescentes, requieren de un especial cuidado al momento de decidir qué mecanismo se aplicará, atendiendo a la naturaleza y gravedad del delito, a la franja etaria del adolescente pues eso implica conocer su desarrollo psicoemocional, y a las necesidades que se buscan satisfacer en las personas involucradas. 

Por otro lado, se requiere que el facilitador que guiará estos procesos restaurativos, cuente con una preparación especializada en el sistema de justicia penal para adolescentes, y todo conocimiento relacionado con el funcionamiento y desarrollo de la persona adolescente; pues en gran medida, dista mucho del sistema de justicia penal aplicado a los adultos.

Un aspecto muy importante y que va más allá de los límites de la ley, es que, no debemos castigar o estigmatizar a los adolescentes que están en conflicto con la ley por la comisión de un delito. Debemos saber que todo ser humano atraviesa por esa etapa e implica muchos cambios psicoemocionales que en la mayoría no alcanzamos a comprender. Por ello, es importante brindarles el apoyo a los adolescentes y transmitirles la tranquilidad de que su conducta puede ser reparada de muchas maneras. 

Tal vez alguna vez has escuchado la frase que dice: “los niños, las niñas y los adolescentes son el futuro”, y yo no creo que eso sea así; más bien, yo creo que los niños, las niñas y los adolescentes son nuestro presente para mejorar su futuro. En nosotros está cambiar la individualización del ser humano por una colectividad más responsable. Pero para ello debemos empezar desde ahora, el presente es el momento para actuar y cambiar ciertas ideologías y actuar en pro de la humanidad, no de la individualización.

Los límites de la empatía en mediación

Hace unas semanas atrás, publiqué un artículo acerca de cómo mejorar tu empatía en 5 minutos, y la clasificación que, según yo, es la que comprende de una manera más amplia la manera de desarrollarla mejor. Dentro de esta clasificación, se aduce a que existen dos tipos de empatía tomando en cuenta la naturaleza funcional del ser humano: la empatía racional y la empatía emocional.

Ideológicamente, el ser humano debe aspirar a una empatía emocional para crear capital humano más compasivo y solidario, sin embargo, creo que en algunas circunstancias no es conveniente ser empáticos de primera instancia. Para comprender un poco mejor esta idea lee lo siguiente y al final puedes dejar tus comentaros acerca de lo que opinas.

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Dentro de la justicia restaurativa, y de las prácticas restaurativas,  existe una teoría propuesta por Ted Watchel llamada “ventana de la disciplina social”, que es aplicada como elemento conductor de las personas que lideran o ejercen autoridad sobre un grupo de personas. En ella, encontramos que para poder llegar a ser personas con una autoridad restaurativa debemos aprender a brindar apoyo a las personas que lo necesiten pero también, y muy importante, aprender a poner límites o control, y creo que esto puede ser aplicado en todos los ámbitos de nuestra vida para tener un balance en nuestras relaciones intrapersonales e interpersonales.

Bajo esta premisa, creo que lo mismo debemos hacer en el campo de la empatía aplicada en mediación. Debemos aprender a poner límites a la empatía para no perjudicar nuestra propia salud emocional y mental. No digo que la empatía sea mala, sólo que, si no sabemos gestionar nuestras propias reacciones emocionales ante una empatía más allá de, corremos el riesgo de perder la objetividad y tomar emociones que no son nuestras. Sé que esto parece sencillo de decir pero lo complicado no es decir no, sino, saber identificar cuando estoy perdiendo la objetividad en mis propios pensamientos y sentimientos; sobre todo, aquellos que nos dedicamos a interactuar con los problemas y conflictos de otras personas. 

Por esa razón, aquí te muestro algunas situaciones en las que es necesario establecer algunos límites a la empatía.

Un exceso de empatía puede generar el síndrome de burnout, o de desgaste profesional. Este síndrome, que no es propiamente una enfermedad, está asociada a la exposición constante de estrés crónico, exigencias agobiantes, que pueden desencadenar enfermedades mentales, psicológicas y físicas. Generalmente, este síndrome recurre a personas que se dedican a jornadas estresantes de trabajo o profesionales que se dedican a la interacción constante con otras personas como, la medicina, salud psicológica, seguridad, trabajo social, y ahora agregare, la mediación. 

En este sentido, el no poner límites en la empatía puede llevarnos a querer ayudar al mayor número de personas a resolver su conflicto en un mismo día, por ejemplo. Las personas que nos dedicamos a esto, sabemos que una sesión de mediación puede durar una hora y media o dos, y en casos muy excepcionales, hasta más de dos horas. El tiempo es un factor muy importante que debemos aprender a medir y controlar ya que la descarga emocional de las personas recaen en el mediador o mediadora y puede llevarle a generar estrés o ansiedad por la situación, más aún, cuando el mediador o mediadora se identifica con la historia de la persona mediada. 

Por esa razón, y tomando en cuenta que la actividad mental y psíquica que debe aplicarse al escuchar activamente, al formular preguntas, al validar emociones y pensamientos, debemos aprender a buscar la manera de vaciar esas cargas emocionales que llegamos a sentir en el momento platicando con alguien más o, escribiendo un diario de ello, y también, aprender a definir horarios entre sesión y sesión para tomar meditaciones cortas o cualquier otra actividad que te distraiga. 

Otra de las razones de porque debemos poner límites a la empatía es que el exceso de empatía puede limitar la capacidad de imparcialidad y justicia. Es un trabajo complejo ser empático con 2 personas, o más, al mismo tiempo porque nuestras preconcepciones nos hacen inclinarnos hacia un lado siempre. Ya sea porque las historias son similares a la mía o porque ideológicamente apoyo más una causa que otra; por ejemplo, si nací en un lugar socioeconómicamente pobre donde históricamente he conocido más casos de pobreza, negligencia de autoridad, más criminalización, etc., esas condiciones crearán en mi la idea de que tengo que ayudar más a ese tipo de personas que a cualquier otra, y eso se traduce en que voy a ser más empáticos con ellos. Y si en determinado momento me encuentro con un asunto en donde una persona con recursos económicos ilimitados ha sufrido algún crimen, diré que seguramente andaba metido en malos pasos por eso le sucedió eso y, más aún, que seguramente se lo merecía. 

Creo que de seis años que tengo desarrollando procesos de mediación, me he dado cuenta que es algo normal y natural sentir más empatía por una persona o grupo de personas que por otras. Ideológicamente siempre tenemos que identificarnos con ciertos pares para encontrar una identidad en nosotros. Sin embargo, para el tipo de labor que desarrollamos los mediadores, si debemos educar a nuestra habilidad empática para no salirnos del marco de imparcialidad y la justicia. 

Otra limitante que debemos aprender a poner a la empatía es conocer y saber la intención de las personas al hablar o actuar de cierta manera. No debemos ser condescendientes ni ingenuos con las primeras palabras que nos dicen. Esto cobra mayor relevancia en las sesiones previas porque es aquí donde podemos acercarnos un poco a la verdad de los hechos, contados desde la perspectiva de cada parte. La curiosidad es un elemento fundamental en la mediación pues a través de ella podemos descubrir partes de la historia que no quiere ser contada. Esta es la razón que le aporta valor a la importancia de siempre hacer sesiones previas. 

Para concluir, podemos encontrar muchas situaciones donde debemos poner límites a la empatía, al final de cuentas la empatía no debe ser enfocada para sentir lastima con las personas, pero si tal vez compasión y solidaridad. Puedo no ser empático emocionalmente pero si debo serlo primero racionalmente, es decir, para saber y comprender qué es lo que sientes, primero tengo que saber y comprender qué es lo que piensas respecto a aquello que te llevó a sentir eso que sientes.

Dentro de un conflicto el ser humano siempre va a sentir la necesidad de excusarse o justificarse contando su versión de los hechos. La carga emocional que experimenta cada persona dista una de otras y eso puede desencadenar en narrativas manipuladas y manipulables. Por esta razón siempre es importante saber la intención de las personas pues muchas veces las necesidades se albergan en la intención y no en las acciones mismas. 

Por último, creo que para poder desarrollar una empatía emocional plena (que creo es difícil lograrlo), debemos aprender primero a conocer la empatía cognitiva. Sólo de esta manera podremos comprender la intención en las conductas y así determinaremos el grado de empatía emocional que debemos demostrar.

Cómo aprender a desarrollar tu empatía en 5 minutos

Imagina que un equipo de psicólogos o científicos te invitan a ser parte de un experimento que está a punto de desarrollarse en tu ciudad. La dinámica consistirá en que reunirán a 100 personas. A cada persona se les enviará un video corto donde una persona les narra la historia siguiente:

Hola, en noviembre del año pasado me despidieron del lugar donde trabajaba. Derivado de la pandemia, la empresa tuvo que cerrar sus puertas por la falta de ventas y de producción. Tengo una familia que mantener y hasta ahora no he logrado conseguir otro trabajo pues por mi edad es muy difícil que me contraten. He pensado en abrir un negocio propio pero no sé de qué y tengo muchos miedos y dudas. Afortunadamente he recibido mucho apoyo de amigos y familiares pero ya no sé qué hacer, la desesperación de esta situación no me deja dormir bien. Sin embargo, mis hijos están contentos porque hacía mucho tiempo que no pasabamos todo el día juntos

Al final del vídeo, se les pide a las personas que contesten un cuestionario: ¿Se trata de un hombre o una mujer? ¿Qué emociones logras identificar en la persona que narra? ¿Qué emociones logras identificar en ti con relación a la narración? ¿Qué harías tú en su lugar? ¿Empatizaste con esa persona? ¿Por qué? ¿Por qué ha pasado algo similar en tu círculo social y lo relacionas? O ¿Por qué no te ha pasado pero logras identificar sus emociones?

Ahora, te invito a responder también esas preguntas. Las respuestas a esas preguntas (y muchas otras obviamente), son construcciones sociales que te vas formando a lo largo de tu vida. Las situaciones materiales que has vivido, como el lugar en el que viviste, las escuelas en las que estudiaste, la situación económica de tu familia, la relación con tus padres, tu círculo de amigos y amigas, las parejas que has tenido, en fin; cada ser humano se va creando una narrativa conforme a los factores externos que le rodean y la empatía tiene un papel protagónico en la manera como interactuamos con los demás. 

Somos seres vivos naturalmente sociales, necesitamos de otros seres humanos para crecer, aprender, evolucionar. La interacción con las demás personas va formando nuestro carácter porque muchas veces aprendemos de los demás a través de la observación, análisis y conclusión, y la empatía es una habilidad social que también se aprende a desarrollar a través de la interacción con el mundo que nos rodea. No sé qué opines pero creo que no nacemos siendo empáticos, son los factores endógenos y exógenos los que ayudan a desarrollar la empatía. 

Ahora bien, regresando a las preguntas del ejercicio que sirvió como ejemplo, te pediré que te centres en las últimas dos: ¿Por qué ha pasado algo similar en tu círculo social y lo relacionas? O ¿Por qué no te ha pasado pero logras identificar sus emociones? Especialmente en las respuestas a estas preguntas es donde podemos identificar el tipo de empatía que tienes, pero para poder hacerlo, primero te explicaré los tipos de empatía que (según yo) aprende a desarrollar una persona. 

La primera es la empatía subjetiva, es aquella en la que yo creo (desde mi ego) que sientes lo que pienso que sientes; es decir, que de tu narrativa deduzco tus emociones con base en mis propias experiencias e ideas preconcebidas, tomando en cuenta únicamente lo que me pasó a mi similar a ti, o comparandola con otras narrativas que escuché de otras personas, pero que en realidad no sé cómo te ha afectado a ti. Este tipo de empatía es un poco más fría, o carente de conexión emocional, pues solamente son deducciones  subjetivas acerca de lo que la otra persona siente. Es una predisposición basada en mis propias experiencias materiales las que crean la empatía contigo cuando te veo en una situación ‘similar’ a la mía pero que evidentemente tienen diferencias sustanciales.

La segunda es la empatía objetiva, es aquella en la que el oyente se separa completamente de su individualidad y ego, para, como coloquialmente se dice, ponerse en los zapatos del otro. A su vez, la empatía objetiva puede ser cognitiva en la que nuestros pensamientos, ideas, conclusiones, son uniformes o también, tomo en cuenta tus ideas y pensamientos para lograr llegar a un punto medio entre ambos. Es más común este tipo de empatía en negociaciones o procesos de conciliación donde la solución del conflicto tiene más interés en las partes que la misma relación bajo el principio de cooperación. Y la empatía emocional, en la que nuestras emociones están íntimamente ligadas. Daniel Goleman dice que la empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo; cuanto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar los sentimientos. Este tipo de empatía crea conexiones emocionales más intensas porque es donde permite a las personas vivir y experimentar en carne propia la emoción de la otra persona. 

Ahora sí, ¿cómo puedes identificar qué tipo de empatía proyectas ante los demás? Sólo tienes que seguir estos dos pasos en la siguiente oportunidad que tengas de escuchar una historia o que alguna persona tenga la confianza de contarte algo. 

  1. Escuchar activamente. La escucha activa es una técnica de comunicación básica al interactuar con otra persona. Escuchar activamente implica estar presente con los cinco sentidos y evitar distractores externos como el celular, la televisión o hacer otras actividades; incluso, internos como tus propios pensamientos, ya que es muy común que conforme nos cuentan una historia, vamos deduciendo o prejuzgando a la historia o a las personas. Ya sea que alguien te cuente una experiencia personal o que tengas un conflicto con alguien, siempre es bueno escuchar activamente. 
  2. Identificar el tipo de empatía que estás experimentando. Como ya sabes los tipos de empatía que puedes experimentar, la próxima vez que alguien te cuente algo o que tengas un conflicto con alguien, identifica el tipo de empatía en que te estás acomodando. Te recomiendo que si estás en una empatía subjetiva, te muevas inmediatamente a una empatía cognitiva por medio de la escucha activa, hagas preguntas pertinentes sobre la situación e intentes conectar emocionalmente con la otra persona. 

Cualquiera de los tipos de empatía son buenos dependiendo de la situación y el contexto de la misma. La empatía subjetiva no hay que evitarla, al contrario, hay que aprender a identificarla porque de ahí partimos para lograr desarrollar una empatía objetiva emocional. Esta es la que debemos aprender a desarrollar por encima de las otras, pues la empatía es la verdadera naturaleza del ser humano, o al menos, debe serla.

Por último, hay un paso todavía más allá de la empatía sobre todo en sentimientos de tristeza, angustia, desesperación, y es la compasión. Esta es la ejecución de un acto o una llamada a la acción para aliviar el dolor emocional de las personas. La empatía es la intención, la compasión es la acción.

LA imPARCIALIDAD DE LA JUSTICIA EN MÉXICO

En el año 2019, el World Justice Project publicó resultados de encuestas aplicadas a más de 25,000 mexicanos sobre la perspectiva que tienen de la justicia en México, orientadas a conocer las necesidades legales que tienen los mexicanos. En dichos resultados, se reveló que muchos mexicanos no contratan servicios de abogados para resolver sus disputas, prefiriendo acudir a un conocido para resolver el conflicto o acudir directamente con la contraparte para solucionarlo. Asimismo, sólo el 30% de los mexicanos con problemas legales, buscó asesoría o representación legal. Y el 40% de los encuestados, manifestó haber obtenido una consecuencia negativa derivada del conflicto principal. 

Estos resultados, demuestran dos cosas. La primera, la falta de confianza de la ciudadanía en las autoridades que imparten y administran justicia, ya sea por que los procesos son muy tardados; o por desconocimiento de dónde acudir o falta de recursos económicos para pagar un abogado y mantener un proceso jurisdiccional por muchos años. Y la segunda, tiene que ver con la justicia retributiva, es decir, la justicia que impone castigos en proporción al daño causado, y que además, es moralmente aceptable, sin importar los beneficios y/o perjuicios que dicho castigo pueda producir para la ciudadanía, porque en realidad al estado no le interesa la ciudadanía como individuos sujetos de derecho, sino como objetos de derecho, ya que se considera que el daño se cometió en contra el estado y no contra una persona; por lo tanto, al tener el estado el poder de juzgar y castigar, es este quien determina quien es el bueno y quién es el malo de la historia, cayendo así en una parcialidad hacia sus propios intereses.  

El mayor problema de la justicia retributiva es que dimite de la imparcialidad y la equidad, haciendo valer una justicia completamente utilitarista, porque supone que “protege” debidamente los intereses y necesidades de las personas, cuando en realidad, nunca se ha acercado a preguntarles qué necesidades desean satisfacer. Por muchos años hemos vivido en una justicia desde el idealismo, creada en el imaginario de las personas que representan a la autoridad. Entonces, ¿por qué no aplicar una justicia dentro del marco de la democratización? Y la democracia no debe entenderse como la participación de la mayoría, sino la distribución de fuentes de generación de riqueza para que todos tengan acceso.  

Siguiendo esa línea, creo que la justicia debe componerse de dos elementos importantes: la imparcialidad y la equidad. Vistas como la antesala a la impartición de justicia (pronta, expedita e imparcial), tomando en cuenta primero que, toda persona nace libre e igual, que otros, en derechos y obligaciones. El problema surge cuando las personas, desde su individualización, entrañan la razón de que su postura es la que debe prevalecer y ganar por encima del otro. Y la otredad, para el ser humano, no es más que la parte equivocada de su propia postura pero que no acepta ni reconoce. 

Y bueno, creo que debemos esclarecer el término de justicia pero desde la dicotomía compuesta por LIBERTAD e IGUALDAD, porque de estos dos elementos, parte la idea que cada persona tiene sobre JUSTICIA, pues en general, todos exigimos igualdad basada en nuestra libertad y respetando los derechos que el mismo estado está obligado a proteger y garantizar. Pero el problema se enraíza cuando las partes en conflicto exigen justicia con base en la premisa de que, mi libertad pesa más que la tuya y por lo tanto yo tengo la razón y la verdad de los hechos. Entonces, la pregunta es ¿Cuál es la línea que divide sutilmente la libertad de la igualdad? 

En términos de justicia ¿Qué o quién nos da la calidad de iguales? Y, ¿Cómo medimos la libertad? Se dice que mi libertad termina donde inicia la tuya, pero, ¿dónde termina mi libertad e inicia la tuya? Y por otro lado, ¿no se puede confundir la libertad con el poder? Es algo muy común en la sociedad que las condiciones economicas, de influencia política o personal, de mejores puestos laborales, etc; influyan mucho en la marcación de la desigualdad social, cayendo incluso en la discriminación, prestandose a corromper la imparcialidad de la autoridad. Ese exceso de libertad, que en realidad ya es llamado libertinaje, es el que promueve la desorientación de la justicia y la prostitución de la parcialidad.  

Creo que para arribar a una impartición de justicia imparcial y equitativa, es necesario respetar la decisión individual de las personas, y no me refiero a una individualidad egoísta, sino aquella donde se busque la manera de entrelazar tus intereses y necesidades con mis intereses y necesidades, para que, de manera equitativa, podamos encontrar un punto de referencia común que nos ayude a crear una comunidad más empática, responsable y respetuosa, cuyo vehículo para llegar a ello sea el reconocimiento mutuo, no como adversarios, sino como seres humanos que buscan el placer de vivir una vida más tranquila, armoniosa y feliz. 

Y bueno, concluyo sin una conclusión concreta. Sólo agrego que considero, desde mi punto de vista como abogado y mediador, que la mejor manera de impartir una verdadera justicia en nuestro país es a través de las prácticas restaurativas, estando inmersa en ese espectro la mediación. Pues durante seis años, me ha quedado claro que es el único método de impartición de justicia que cumple con las cualidades de ser imparcial y equitativa, donde las personas se hacen responsables de sí mismos en lo individual y en lo colectivo.

4 dimensiones de la mediación familiar que nadie te había contado

Imagina a una malabarista que está parado sobre un risco y frente a él una cuerda floja cuya distancia que está dispuesto a recorrer es de 200 metros. El malabarista sin miedo y dispuesto a lograrlo, inicia su camino sobre sobre la cuerda floja y culmina de manera satisfactoria. ¿Qué crees que lo ayudó a lograr terminar semejante travesía? Muchos dirán que el equilibrio, y claro muchos pantalones para hacerlo; pero en realidad, lo que ayuda a los malabaristas a realizar ese tipo de hazañas es el balance que existe entre su cuerpo, su mente, su espíritu, conocer sus capacidades y aptitudes, su alimentación, mucha mucha práctica, y muchas otras características y cualidades necesarias para lograrlo. 

De esa misma manera es que debemos conseguir balancear el conflicto dentro de la mediación familiar. Antes de continuar con esto, es importante recalcar que existe una diferencia entre el equilibrio y el balance. El equilibrio es el estado de inmovilidad de un cuerpo que requiere de otros cuerpos a los extremos para controlar la gravedad y evitar su caída. En cambio, el balance, es la capacidad de actuar y crear condiciones nuevas que modifiquen positivamente situaciones adversas cuya finalidad es la armonización entre el núcleo y el cuerpo familiar. El equilibrio es estático, el balance es movimiento. 

En ese sentido, la familia tiene una función circular dentro de la sociedad, es decir, que se requiere del funcionamiento activo de todos los integrantes para su funcionamiento, incluso, la pasividad u omisión, afecta considerablemente la interacción familiar y consecuentemente, sus relaciones. Lo que es causa puede pasar a ser consecuencia y viceversa. Por esta razón, podemos encontrar múltiples asuntos familiares dentro de los juzgados que se han extendido por dos o tres décadas sin poderse resolver. O conflictos, que sin conocimiento de causa, han perdurado por muchas generaciones.

Por esta razón, te mostraré cuatro dimensiones dentro de las cuales la mediación influye positivamente para la solución de conflictos, interacción y mejora de las relaciones entre los integrantes de la familia como la base multidimensional de la sociedad. 

Dimensión Holística

En contraposición del reduccionismo, el holismo es un postulado que promueve el estudio de un sistema como conjunto y no por medio de cada una de sus partes. En esta circunstancia, la familia debe ser estudiada como un todo para conocer y comprender cada una de sus partes. La familia debe ser estudiada desde la totalidad de individuos (individualismo) que es considerada la base de toda sociedad, y no la suma de partes (individualizadas) que conforman a la sociedad. Es decir, que de la operación 2+2=4, la familia es el 4 y los individuos son los 2. Pero Josué, ¿exactamente a qué te refieres con esa totalidad? Y, ¿Qué tiene que ver con la mediación? Bueno, para la mediación familiar, el conflicto debe ser estudiado desde la interactividad, interconexión, interacción de las relaciones expresadas dentro del núcleo familiar (esto es la totalidad), ya que las consecuencias de esas relaciones son continuas, inmediatas y totalmente correlacionadas e interdependientes, y por lo tanto, el conflicto se vuelve accesorio de esas relaciones. 

Dimensión colectivista

La familia como sociedad colectivista, reúne las características de interdependencia de sus miembros y el bienestar del grupo por encima del bienestar individual. Los derechos y necesidades del grupo son tomados en cuenta como un benefactor a priori. Y aclaro, con esto no quiero decir que el individuo deberá someterse de manera anárquica a obligaciones impuestas. Por el contrario, en una sociedad colectivista debe tomarse en cuenta, siempre, el respeto a la individualidad, autonomía y voluntad  de las personas. En una familia formada colectivamente prevalecerá la horizontalidad de sus integrantes, vistos todos como parte del todo, no como todos a merced de uno o unos cuantos; olvidándose de las jerarquías y rangos de autoridad. Por otro lado, a pesar de esto, es importante que existan personas, por ejemplo papá o mamá, que lideren y protejan los derechos y necesidades de la familia colectiva, no por obligación o jerarquía, sino para garantizar los fines de la familia dentro de la sociedad que son, promover la inclusión, el respeto y la responsabilidad de los individuos para con el resto de la sociedad.

En ese sentido, para la mediación familiar, resulta importante crear espacios donde sus miembros se miren como una colectividad destinada a protegerse unos a otros. Donde las diferencias individuales no sean vistas como puntos de inflexión permanentes de conflicto, sino como la oportunidad que tienen de escucharse, comprenderse, respetarse y responsabilizarse por las causas y consecuencias del conflicto. En el entendido que, la familia al funcionar como la totalidad de todos, debe prevalecer la 

Dimensión de la responsabilidad

Para la responsabilidad, y siguiendo la línea de la colectividad y la holística, debemos comprender que la familia debe desarrollar la capacidad de responsabilizarse de aquello que le atañe, afecta y beneficia para todos sus integrantes. Aquí, convergen los principios de inclusión, respeto y una profunda colaboración voluntaria de los miembros para beneficios tanto individuales como colectivos. Existen comunidades en muchas partes del mundo que se han convertido en autosustentables produciendo sus propios alimentos, pero para lograr eso, ha sido indispensable que cada uno de los miembros sea incluido, asignando tareas a cada persona para beneficios individuales y colectivos. 

En el caso de un conflicto, lo que la mediación busca, es impulsar esa auto responsabilidad colectiva dentro del núcleo familiar, en el cual, cada miembro tiene un interés muy particular para resolverlo y desde esa perspectiva individual de cada uno, puedan proponer acuerdos de solución que beneficien a todos los integrantes. El Instituto Internacional de Prácticas Restaurativas, tiene un programa restaurativo denominado Reunión de Grupo Familiar que busca resolver conflictos para fortalecer la convivencia familiar.

Dimensión del reconocimiento

Creo que es más que sabido que ante la ruptura de un matrimonio, de una relación de concubinato, de una custodia, alimentos, o cualquier otro tema en el que estén involucrados integrantes de la familia, puede ser muy desgastante, catastrófico y hasta económicamente insalubre. Por estas razones, la noción de otredad es el reconocimiento del otro como un individuo diferente. La mediación, lo que promueve es el reconocimiento del otro (aunque formemos parte del mismo núcleo familiar), desde sus necesidades e intereses hasta factores como psicológicos, biológicos, físicos y todo lo que le rodea y condiciona. Reconocer a otro ser humano como ser humano es reconocerme a mí como ser humano. Es la forma más humana y natural de auto descubrirnos y crecer como sociedad. El reconocimiento es el espejo de la humanidad donde descubrimos que necesitamos del otro para crecer en una sociedad libre, respetuosa y consciente más allá de nuestro egoísmo. 

Conclusiones

Considero que para lograr un balance en la familia, deben coexistir estas 4 dimensiones: holística, colectivista, de la responsabilidad y del reconocimiento. Para lograr este balance, creo que la mediación, y  las prácticas restaurativas, son la herramienta perfecta que puede ayudar a las familias a promover la inclusión, el respeto y la responsabilidad de la familia como la unidad central de la sociedad, pudiendo aplicarse tanto para resolver cómo para prevenir conflictos y, mejorar aquellos programas que ya estén dirigidos a mejorar la convivencia y relaciones familiares.

Se buscan personas de igualdad para cambiar el mundo

Lo que estás a punto de leer constituye un punto de vista muy personal que procede de un análisis objetivo (hice mi mayor esfuerzo cognitivo para ello), de lo que pasa en nuestra sociedad hoy en día con temas de feminismo, machismo, patriarcado, matriarcado, nuevas masculinidades y muchas construcciones sociales que engloban al ser humano con relación al género. Además de que hoy, 8 de marzo de 2021, se conmemora el día internacional de la mujer. 

Honestamente, dudé mucho al publicar este artículo por el miedo al “qué dirán” y, puede ser que no estés de acuerdo conmigo pero igual aquí va. Creo que parte de la igualdad es dar espacio a todos para que puedan expresar lo que piensan, sienten y necesitan para sí mismo y para los demás, siempre respetando los límites de lo permitido y de lo racional. Considero que soy una persona muy imparcial y equitativa y escudándome (o justificando tal vez) en eso, trataré de ser lo más inclusivo y respetuoso posible (creo que hasta ahora me sigue preocupando el “que dirán”). 

Hace unos días leí una anécdota, cuento o historia, sobre una mujer y un hombre que llega a un restaurante. Al acercarse la mesera les pregunta: “hola chiques ¿qué van a ordenar?” la reacción de los comensales fue de molestia y enojo al haberse expresado de esa manera la mesera, refutando que si en ese lugar querían ser inclusivos, debían tener rampas para personas en sillas de ruedas, menús con sistema braille, meseras y meseros que sepan lenguaje de señas, y no pretender serlo al incluir la letra “e” al adjetivo chico o chica. 

Género sólo hay uno

Esa historia me recordó que en redes sociales he visto muchas publicaciones y post que incluyen la letra “e” para referirse a masculino y femenino por igual (es más, creo que hasta yo lo he hecho), pero reflexionando un poco más acerca de eso me pregunté, ¿en realidad eso es igualdad entre hombres y mujeres? Desde mi punto de vista no creo que lo sea.

Creo que eso es sólo una forma de crear más desigualdad entre las personas. En realidad, la hablar de género en las personas sólo hay uno y es: el ser humano. Todos, como seres humanos, formamos parte de una pequeña partícula en el inmenso espacio llamado universo. Todos habitamos en el mismo lugar. Todos tenemos las mismas necesidades. Todos somos parte de la misma naturaleza. Todos nacimos de la misma naturaleza, tan compleja y rica. Todos somos “homo sapiens” Y desde mi perspectiva, si queremos igualdad entre todos los seres humanos, no iniciemos una revolución por una letra en el nombre de las cosas o de las palabras y comencemos a mirarnos los unos a los otros con solidaridad, respeto e inclusión (con palabras que cualquiera puede pronunciar pero que nadie nos enseña a aplicar). Además de que, para promover la igualdad entre hombres y mujeres, no creo que sea suficiente empezar a cambiar gramaticalmente algunas palabras por masculinos o femenino o, peor aún, querer cambiar el nombre de los objetos, porque los objetos no tienen sexo. 

‘Género’ es una palabra muy compleja. De inicio, lo que pensamos al escuchar o leer la palabra, inmediatamente nuestro cerebro hace la construcción de: hombre y mujer. Etimológicamente, la palabra ‘género’ proviene del latín genus, generis que significan, estirpe, linaje, nacimiento. Y a su vez, se origina en una raíz indoeuropeagen’ que significa, dar a luz, engendrar. Y eso, como yo lo veo, significa que el ser humano es el género de la naturaleza, nacimos de ella. Incluso, la lengua española es una herencia del latín, por lo tanto, muchas palabras mantuvieron el género de masculino y femenino, y creo que no podemos cambiar eso; no podemos cambiar ‘el castillo’ por la castilla, o la castillo o, mesa por meso. Pero bueno, hablar de género en gramática implica remontarnos a lenguas antiguas y descubrir la razón de las palabras. Tomemos en cuenta también que todas las lenguas en el mundo no son coincidentes. Por ejemplo, la cuchara en alemán se escribe en masculino, tenedor se escribe en femenino, y taza, en alemán, es una palabra neutra. 

Construcciones sociales

¿Qué es una construcción social? Bueno, antes de responder de fondo esta pregunta, quiero empezar diciendo que desde el año pasado, un poco más consciente de querer mejorar como persona y profesionalmente como mediador, me vino a la mente la pregunta de: ¿por qué pensamos lo que pensamos? Y eso me llevó a leer e investigar acerca del lenguaje y de las ideas. Dos acepciones de la comunicación que crean conexiones desde que nacemos. Y en ese despertar de la comunicación, concluí que todo lo que pensamos es una construcción de nuestras ideas, creadas desde perspectivas objetivas de nuestro mundo exterior, es decir, de factores exógenos como por ejemplo, el lugar en el que viviste, en el que vives ahora, la relación con tus padres desde la niñez, que conceptos aprendiste, que te dijeron acerca del mundo, ¿era bueno o malo? En consonancia, tenemos que nuestros pensamientos son solo signos de nuestras ideas y, por lo tanto, la función primaria del lenguaje es la comunicación que nos ayuda a explicar esos signos, a través de intercambios sociales. 

Esos intercambios, o interacciones sociales, conjugados con las ideas, los pensamientos, el lenguaje y factores exógenos, llevan al ser humano a crear perspectivas individuales de hechos o sucesos que, para comprenderlos mejor, terminan dándoles significados concretos. Esos significados individuales, una vez adjudicados como valores, comienzan a transmitirse de persona en persona de manera colectiva, formando en todos y cada uno, la creencia de que esos valores (ideas con sus significados), forman parte de su naturaleza. Esto, creo yo, es una construcción social. Transmitir valores de manera colectiva hasta creer que forman parte de tu naturaleza, de tu vida y que tienes que actuar de determinada manera por mandamiento divino. 

Por esto creo, que el movimiento feminista incorpora el “género” como categoría de análisis para diferenciar las características entre hombres y mujeres, e interpretar los roles de ambos desde la perspectiva del patriarcado. Es decir, que el género desde la perspectiva del movimiento feminista, busca liberar a las mujeres de roles impuestos por la sociedad patriarcal o masculina, y brindar a ambos, roles apropiados para cada uno en función de la construcción social que se tiene de la masculinidad y la femineidad, tomando en cuenta más a las mujeres que siempre han vivido en la obscuridad o en la sombra de los hombres. 

Roles de hombres y mujeres

Creo que al hablar de roles entre hombres y mujeres, lo primero que pensamos es en las desigualdades entre ambos; dime si no lo pensaste, incluso en este momento. En nuestra mente automática, vienen un montón de roles que hacen injusta la vida para unas u otros. Como por ejemplo, que la mujer trabaja más en casa que el hombre, que tiene que cuidar a los hijos (e hijas), hacer tareas con ellos, y encima de ello, si también trabaja en oficina tiene que hacer doble trabajo, en oficina y en casa. Por su parte, el hombre, puede decir que es él el que tiene la obligación de mantener a la familia, que a veces tiene que conseguir hasta dos o tres trabajos, que es el que sale perdiendo en juicios de custodia o alimentos, que en las prisiones hay más hombres que mujeres, en fin son estereotipos que, al menos en esta parte del mundo, han sido arraigados de generación en generación desde hace miles de años y que actualmente están vistas como puntos de inflexión entre hombres y mujeres, creando caos en la sociedad.  

Para estudiar los roles que juegan el hombre y la mujer dentro de la sociedad, creo que primero tenemos que empezar por remarcar que género y sexo son dos términos completamente diversos. Mientras que género es una construcción social formada desde el feminismo, para diferenciar entre masculino y femenino; el sexo es, las caracteristicas físicas y biologicas que hacen distintos a hombres y mujeres. Fisiológicamente, hombres y mujeres somos distintos, aunque, hoy en día, ya no se habla solamente de hombres y mujeres, sino también, de homosexuales, transexuales, pansexuales, bisexuales, y otros tipos de sexualidad que han construido una diversidad de seres humanos en el mundo. 

Sin lugar a dudas, el ser humano es una caja de diferencias no solo fisiológicas y biológicas, sino también, mentales, emocionales, y todos aquellos factores endógenos que hacen única a cada persona dentro de la faz de nuestro planeta tierra. Sin embargo, los roles son construcciones sociales creadas por la cultura de cada lugar en el mundo y que determinan la conducta de hombres y mujeres. 

Para poder determinar los roles que juegan los seres humanos dentro de su comunidad, debemos analizarlos desde la base de la diversidad versus la jerarquización. El hombre no es más fuerte, más inteligente, más de lo que sea, en comparación con la mujer. “Toda persona debe gozar de los mismos derechos” y eso implica aceptar la diversidad de personas, ideas, pensamientos, preferencias, dejando a un lado la estructura de jerarquías en todos los sectores de la sociedad.

Nuevas masculinidades

Otro de los constructos sociales que ha surgido en nuestra sociedad es sobre las nuevas masculinidades. El nuevo modelo de masculinidad elimina por completo el machismo, el patriarcado. La nueva era de masculinidades da crédito a las mujeres por el simple hecho de ser seres humanos y busca la igualdad de condiciones tanto fuera como dentro de casa, eliminando los roles que se han perpetrado a lo largo de muchos años en donde a la mujer se le mira con inferioridad cuyas actividades diarias no tienen mayor relevancia, argumentando que son sus “obligaciones”. Por ejemplo, las labores del hogar es una tarea, que culturalmente, tienen que desarrollar la mujer y así lo ha impuesto el machismo y el patriarcado a lo largo de la historia. Ahora, creo que el hombre debe compartir esas obligaciones, debe cooperar en casa, debe vivir su paternidad plenamente. En diversas ocasiones he escuchado a hombres decir que apoyan a su esposa en casa “ayudándoles” con las labores del hogar. El hombre no ayuda a la mujer, el hombre tiene la obligación irrestricta de cooperar y colaborar en su casa, de repartirse las labores porque también vive ahí, porque también come ahí, porque también ensucia los platos. No es un invitado.

Conclusiones

Una realidad es que las mujeres han estado durante años bajo el yugo del patriarcado. Y creo que hasta ahora, no debemos verlas como un grupo “vulnerable”, creo que desde esa perspectiva, seguimos mirándolas como jerárquicamente inferiores a los hombres. Y en realidad creo que se han calificado como “vulnerables” porque la misma sociedad las ha vulnerabilizado con tantos estereotipos que se han construido al rededor de las mujeres y hombres. Marcar diferencias entre ambos sexos es lo que nos ha llevado a luchas y conflictos. El movimiento feminista es un arma pacífica a nivel mundial que lucha por el respeto a los derechos humanos de las mujeres, por conseguir igualdad de condiciones de vida y de oportunidades para ellas en todos los sectores y ámbitos de nuestra sociedad. La inclusión, el respeto y la horizontalidad en las relaciones entre hombres y mujeres, debe ser comprendida por ambos. Estas construcciones sociales han generado caos y conflicto en muchas partes del mundo, y entiendo bien la intención: la igualdad entre hombres y mujeres. Es muy valido. Yo también estoy a favor de eso y lo apoyo. Sin embargo, creo que se ha confundido mucho el verdadero mensaje.

Hoy en día, tanto hombres y mujeres tienen los mismos derechos, a buscar una mejor calidad de vida, a crecer personal y socialmente, a cumplir y desarrollar metas personales. Creo que aquí radican los movimientos feministas, en el respeto a la autonomía de la voluntad de seres humanos. En el respeto a su libre desarrollo de la personalidad. El mundo es de nadie pero la vida es de quien la mira todos los días al espejo. Así que respeta a la persona que está frente a ti, la que está tu lado. Todos los días libramos batallas internas impuestas por el exterior. Si vas a mirar a alguien que sea para ayudar y no para señalar.

Esto, todo lo anterior, es solamente una parte del contexto general, hablar de igualdad entre hombres y mujeres engloba el respeto a muchos aspectos, porque actualmente, el número de feminicidios, abuso sexual, violaciones, cometidos en contra de niñas y mujeres han ido en aumento y sigue subiendo. NO debemos permitir que estos siga sucediendo y la única manera de lograrlo es educar a nuestros niños y niñas sobre la inclusión y el respeto.

Hoy, 8 de marzo no felicites a las mujeres. Es un recordatorio para toda la sociedad de la lucha incesante que por años han batallado las mujeres para que se les respeten sus derechos, su persona y su libertad humana. En lugar de felicitar a las mujeres empieza por dejar de culparlas, de verlas como víctimas, de minimizarlas, deja de mandar y recibir fotos de niñas y mujeres desnudas, deja de minimizar el acoso, deja de creer que el color rosa es para niñas y el azul es para niños; empieza por compartir las tareas del hogar con los demás miembros de tu familia, no es obligación de tu mamá, tus esposa, tu hermana o tu novia. Deja de mirar al exterior y empieza a cambiar tu interior. Empieza por educar a tus hijos e hijas sobre lo que es el respeto hacia los demás y la inclusión. Hoy, 8 de marzo, no felicites a las mujeres, no es una celebración.

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