4 estrategias que debes realizar con tus hijos para tener una comunicación más empática

Imagina que entras a una tienda de juguetes con tu hijo o hija de 5 años para distraerlo en lo que esperas tu turno en el banco. Al momento de querer salir de la tienda, tu pequeño o pequeña toma un juguete con la intención de que lo compres pero tu respuesta es un “no te voy a comprar nada, deja eso”. Inmediatamente su reacción es de un berrinche de aquellos que pareciera que lo estás torturando. Tirándose al suelo y llorando porque quiere el tremendo juguete que le ha encantado. ¿Qué haces en ese momento? ¿Lo levantas a la fuerza y casi casi lo arrastras a la salida? o, ¿le dices que ahí lo dejarás si no se levanta? o, haces la finta de que te vas y él nada que te hace caso o, la típica, le dices que el policía de la puerta se lo va a llevar. 

Bueno, los que tenemos, o han tenido, hijos sabemos que este tipo de reacciones, hasta antes de los 7 años, son muy comunes en nuestros hijos. Y por otro lado, también es muy común ese tipo de reacciones en los padres porque en realidad nadie nos ha enseñado a lidiar con esas situaciones. No hay libros que exactamente nos digan cómo responder pues dependerá mucho del grado de madurez mental y emocional que tengan los padres. 

Así que bueno, lo que estoy por platicarte en este artículo posiblemente pueda servirte de guía para poder ampliar y mejorar el grado de comunicación con tus hijos desde edades muy tempranas, hasta, tal vez, la adolescencia. Aunque para la adolescencia se requiere de otra especialización más robusta pues es el momento de abordar temas como el coito, las relaciones de pareja, identidad sexual, drogas, alcohol, en fin, temas que requieren de mayor madurez mental. 

Nuestro cerebro

El cerebro humano es el órgano más complejo e infinito del ser humano. Existe un mito sobre que, una persona promedio logra usar sólo el 10% de su capacidad cerebral a lo largo de su vida. Personajes como Einstein, se dice que ha logrado usar el 17% de su capacidad cerebral. ¿Cierto o falso? No lo sé. Sin embargo, para efectos del tema, nos abocaremos a pronunciar que nuestro cerebro está divido en 4 partes: izquierdo,derecho, superior, e inferior (No soy neurólogo pero si tú que estás leyendo esto, consideras que es incorrecto, dejalo en los comentarios por favor, ayudarias mucho a mejorar este artículo).

Y las dos partes que nos enfocaremos será en las partes superior e inferior. Imagina una casa en construcción. Los cimientos son muy importantes para que la casa no sufra daños estructurales y sea seguro para los habitantes. Después, se construye el primer nivel. Este primer nivel lo vamos a identificar cómo el cerebro inferior, aquel que se rige por estados emocionales reactivos, y que controlan las funciones básicas del ser humano como la respiración, el parpadeo, caminar, comer. Y el cerebro superior es el que está apenas en construcción. Es el segundo nivel el que tenemos que terminar de construir en nuestros hijos. Enseñarles a desarrollar las habilidades cognitivas y de razonamiento que les ayudará por el resto de su vida a razonar, planificar, empatizar, analizar, resolver problemas, generar opciones, tomar decisiones y, entre otras habilidades de razonamiento.

El cerebro de todo ser humano infante comienza a desarrollarse desde los primeros años de vida. Bueno, en realidad nuestro cerebro es cambiante y cambiable, eso quiere decir que, puede sufrir modificaciones de pensamientos e ideas y de tamaño, a esto se le llama “neuroplasticidad”. Así que todo lo que los padres decidan sembrar en el pequeño o pequeña, es lo que cosecharán el día de mañana cuando sean adultos. 

Ahora, para poder desarrollar bien el cerebro superior del niño o niña, es decir, para que aprendan a tomar decisiones racionales, es importante primero conectar con él o ella desde el cerebro inferior, es decir, conectar desde lo emocional, y no caer en las reacciones que tenemos muchas veces como en el ejemplo que mencionaba al inicio. Pero Josué, ¿cómo puedo lograr esa conexión emocional? En seguida te lo digo.

Conexión

Existe una gran diferencia entre reaccionar y responder. Reaccionar implica tomar decisiones y actuar conforme lo dictan nuestras emociones, es decir, sin analizar ni valorar, previamente, las múltiples opciones que tenemos al alcance. Y responder, implica analizar la situación para pensar y decidir razonablemente qué acción tomar en determinada situación con los hijos. Sin golpear, sin dañar, ni regañar. 

Para poder conectar emocionalmente con nuestros hijos, primero debemos ser conscientes que tenemos que aprender a adentrarnos en su mundo emocional. No quieras hacerlo entrar en razón cuando se encuentre en un estado de frustración, llanto, enojo, rabia, porque así no vas a conseguir nada. En lugar de ello, pregúntale ¿qué es lo que está sintiendo en ese momento? y ayudale a ponerle un nombre a su emoción. 

Ahora bien, para ayudarte a comprender mejor lo anterior, te voy a presentar 4 estrategias que debes llevar a cabo, sí o sí, para mejorar la relación con tus hijos (tomado del libro Disciplina sin lágrimas, de los autores Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson).

  1. Transmitir consuelo

¿Alguna vez has abrazado a tu hijo o hija cuando llora? o incluso, ¿cuando hace berrinche? Si no lo has hecho, es momento que lo hagas sin pensarlo. El abrazo es el gesto de amor más sincero que tiene el ser humano. Usalo para consolar a tus hijos. El contacto físico con los niños es muy importante porque libera en ellos la sustancia llamada oxitocina, la que provoca el sentimiento de felicidad, y por otro lado, disminuye los niveles de cortisol, que es la causante del estrés. Transmitir consuelo no es decir “ya callate” o “ya no llores, no pasa nada”. El libro refiere una técnica que en lo personal he aplicado con mi hija y que funciona perfectamente. La próxima vez que tu hijo o hija se encuentre agitado o con poco control en sus emociones, ponte a su nivel fìsico, es decir, tendrás que ponerte en una posición que te ponga al mismo nivel, o por debajo, de sus ojos, tu cuerpo y tono de voz deberán estar acordes para transmitir consuelo. De esa manera, tu hijo o hija sentirá tu acompañamiento y empatía hacia con ellos. La comunicación no verbal es muy poderosa.

  1. Validar

¿Qué significa validar? Validar es identificar y reconocer el sentimiento y la emoción de tu hijo o hija en el momento en que lo está sintiendo. Es darles la oportunidad y el espacio para que puedan expresarse asertivamente, sin anular o minimizar esas emociones. En lugar de decirles: “Ya no llores, mañana vuelves a jugar con tu amiga”, debes decirle “Entiendo que te sientes triste porque te gusta pasar tiempo con tu amiga”. Conectar a través de la validación ayuda a los niños y niñas a ampliar su inteligencia emocional porque es cuando empiezan a identificar sus propias emociones sin reprimirlas, aceptarlas como parte de su naturaleza humana. De esta manera, aprenderán a identificar las emociones y sentimientos en las demás personas. Validar las emociones es una técnica infalible para empatizar con tus hijos e hijas, y así, sentirán que los acompañas en su sentimientos. 

  1. Escuchar

Zenón de Citio, considerado como el padre de la filosofía estoica, decía que “La naturaleza nos dio dos oídos y una boca para escuchar más y hablar menos”. Si eres de los padres o madres que ante la conducta de tu hijo (que consideras reprochable), le “llama la atención” o “corrige” con un regaño y en voz alta, es momento que dejes de hacerlo. No existe nada en el mundo mejor que escuchar a tus hijos y eso implica brindarles una atención plena a lo que dicen, sin distractores, ni restarle importancia a aquello que están diciendo. Evita soltar sermones porque la lógica de tus palabras todavía no son asimilables para ellos. Para poder conectar con tus hijos y transmitirles consuelo y validar sus emociones, es importante escucharlos primero. Trata de identificar en sus palabras el verdadero mensaje de lo que sienten y piensan. No regañes, no grites, no sermonees, porque en momentos de alteración emocional, es lo que menos esperan de ti.

  1. Refleja lo que oyes

Después de haber escuchado a tu hijo, de transmitirles consuelo y validar sus emociones, es momento de devolverles sus palabras y emociones de una manera asertiva, con respeto a sus emociones, palabras y pensamientos; de esa manera, ellos sentirán que les has comprendido y estás para ellos en cualquier momento. A través de esta técnica, que en mediación le llamamos parafraseo, le transmites a tus hijos que les has escuchado y que entiendes su experiencia, creando lazos más fuertes y así le ayudas a calmar el caos que pasa en su cabeza. 

Conclusiones

El cerebro de los niños es un cerebro en desarrollo. El ser humano nace con el cerebro inferior ya listo para usar desde el momento en que sale del vientre materno. Las reacciones emocionales son imprescindibles para todo nosotros, sin embargo, debemos aprender a desarrollar la parte superior de nuestro cerebro que nos indique cómo responder ante esas reacciones emocionales; y es trabajo de los padres enseñar a sus hijos a lograrlo. ¿Cómo? conectando con ellos a través de las 4 técnicas: Transmitir consuelo, validar, escuchar y reflejar lo que dicen. Sólo de esa manera podrás crear lazos más fuertes con tus hijos y podrán mejorar su relación.

1:10 A.M.

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Lunes 2 de junio de 2013, se aproximaba la media noche y con ella la lluvia que caía parecía arrullar las estrellas. Suave, tranquila, relajante. Silencio total en la sala de espera; solo, como si de un sueño se tratara. En la esquina de la sala, una luz parpadeaba y mi mirada fijaba el tiempo en esa intermitencia. Recostado sobre la banca pasaron las 12 de la noche. Me levanté, y me acerqué a la máquina expendedora que se encontraba a 4 pasos de mí para retirar un paquete de galletas. Al lado, otra máquina de café me invitaba a un vaso de café para pasar el tiempo. 

1:10 de la madrugada. Ella estaba aquí. Nueva exploradora en el mundo. Yo estaba allá. Nueva exploración para mi. Nos conocimos sin pensarnos y vivimos pensandonos aún estando juntos. A partir de ese momento el núcleo de mi mundo colisionó con el núcleo de su universo, sin duda el suyo absorbió al mío. Era nada al lado de ella, soy nadie estando con ella. 

Han pasado 7 años y me sigue enseñando como funciona su mundo. Soy un viajero que llegó a su planeta para explorarlo y cultivarlo. Dejarlo listo para ser autosustentable y autosuficiente. Definitivamente no lo sé todo. Consciente estoy que siendo un extranjero, algún día tendré que retirarme. Como todo en la vida, hay que dejar ir para dejar avanzar. 

Son las 11:41 de la noche, del domingo 21 de febrero de 2021. Sé que esto no es un artículo informativo. Y tal vez sea algo que no te ayude en nada. En realidad la idea principal era escribir acerca de cómo mejorar la relación con tus hijos. Pretendía empezar con la historia del día que nació mi hija y terminó convirtiéndose en un sentimiento puro, plasmado en una pantalla. 

Sólo me dejé llevar por lo que siento en este momento. Porque amo a mi hija y siempre ha sido la mayor fuente de inspiración en mi vida. Y tal vez sea porque estoy escuchando “Undan Hulu” de Ólafur Arnalds (la humildad y la belleza con que toca el piano me lleva a lo profundo de mi alma), pareciera una fuente de agua relajante para mi alma. 

Pero así es la intuición del amor. Dejarte llevar por lo que sientes en el momento. No importa lo que pase mañana. Hace unos días escuché en un Podcast de Diego Dreyfus, una frase que me impactó mucho: “Existir en consciencia es el espacio que queda entre el pasado y el futuro”.

Amate a ti. Ama a tus hijos e hijas. Ama a tu pareja. Ama a tu familia. Ama tus enojos. Ama tus pérdidas. Ama a tu pasado pero más a tu presente, porque el tiempo que estés ocupando ahora tendrá repercusiones en el mañana. Ama tus errores, porque amarte también implica equivocarte, y viceversa. Ahí encuentras la mayor prueba de amor propio, en las adversidades. Ese amor que le transmites a tus hijos e hijas. 

Bueno, me voy. Gracias por leerme si llegaste hasta aquí.

Cómo mejorar tu relación de pareja en 1 hora

He vivido con Ivón desde hace 13 años. Y puedo decir, desde mi perspectiva, que hoy siento conocerla hace apenas 9 meses. Al principio, fue una relación obsesiva en la que nos buscábamos para estar todo el tiempo juntos. Esperar un mensaje, una llamada, vernos de 9 am a 9 pm y hablar por teléfono de 9 pm a 9 am. En fin, es parte del proceso que todas las parejas pasamos (o eso creo). Y voy a escribir desde mi perspectiva. Tal vez ella haya vivido y sentido las cosas de diferente manera pero si logro convencerla, publicaré su historia. 

Sin duda alguna, Disney y Hollywood nos han implantado en el cerebro la idea de un amor romántico nada convencional. Muy imaginario y que solo sucede con efectos especiales. Un tiraje de película donde la mujer espera ser salvada por un apuesto héroe. Es rescatada (de cualquier situación) para vivir felices por siempre. Pfff, si la vida real fuera así, no existirían, los psicólogos, los fármacos, la cerveza, los bares, los amigos, las amigas, el helado, entre otros muchos otros inhibidores del dolor causado por el amor y las decepciones causadas por esas expectativas hollywoodenses. 

La mayoría de las personas creen que la pareja ideal es un apuesto hombre, fuerte, caballeroso (que abra la puerta del carro), trabajador con dinero, para que te compre flores, te regale cosas, te lleve a desayunar, comer y cenar, que te haga feliz, que te diga que te ves bonita, y todo eso para decir con “orgullo” que te ama. Esto en el caso de las mujeres. Y en el caso de los hombres, una mujer que, para empezar, tenga las “medidas perfectas” (90-60-revienta), sepa cocinar, lavar ropa blanca sin perjudicarla, cuidar a los hijos, hacer tarea con ellos, atenderte como niño chiquito, planchar tus camisas, y muchos etcéteras. Por esta razón, y muchas otras, es que muchas parejas llegan a terminar con su relación por creer que no satisface sus necesidades de pareja ideal. Por creer que mi pareja debe ser como yo quiero que sea porque yo tengo la idea de que así debe ser una pareja. Esto, no es nada más que el ego proyectándose hacia el exterior. Y el ego no tiene nada que ver con cómo soy, sino con cómo quiero que sean los demás, en este caso, mi pareja. Si no me amas como yo quiero que me ames entonces no me amas (esto es muy común). Pero también tiene mucho que ver con lo que te dijeron en tu niñez acerca de lo que es el amor y la pareja; o con lo que viviste con tus papás o, lo que has aprendido y experimentado con tus parejas actuales.

La primera palabra que asociamos cuando escuchamos la palabra “pareja” es amor; y viceversa. Porque creemos que el amor es el único elemento que sostiene o destruye las relaciones de pareja. Debemos tener en cuenta que el amor es un proceso complejo que tiende a evolucionar (y que no es exclusivo de las parejas). Pasando desde la atracción sexual, hasta el desenamoramiento o pérdida de interés, pero ¿por qué perdemos el interés? Sencillo, porque siempre haces lo mismo. Podemos descubrir infinidad de razones por las que las personas deciden terminar con sus relaciones, y no nada más por ego o por monotonía. Ya sea porque sus intereses son distintos, por otras parejas, porque tus hijos ya están grandes y ahora es momento de tomar acción para separarte, porque tu círculo social te orilló a hacerlo, por violencia, por amor propio (esta sería la única y mejor opción), en fin, existen infinidad de razones y no me quiero detener en esto. 

Todo esto son construcciones sociales que con el tiempo vamos normalizando y creyendo que son parte de nuestra naturaleza humana. Cuando una idea, hecho  o fenómeno se planta en nuestro cerebro, le damos un significado de acuerdo a nuestra experiencia y al compartir con el mundo ese significado, porque resuena tan fuerte en nosotros que sentimos esa necesidad de compartirlo, es cuando creamos constructos sociales. Incluso, todo lo que estoy escribiendo es parte de un constructo social implantado en mi cabeza de manera voluntaria. 

Sin embargo, en los asuntos de parejas, dejando a un lado el amor, que sí es importante claro, pero no vista como Disney o Hollywood, sino desde el punto de vista filosófico, neurológico y científico, debes hacerte la siguiente pregunta ¿Qué debo hacer para mejorar mi relación de pareja? (porque la realidad es que llegan a un punto en que la relación se estanca y hay que buscar la manera de liberar el bloqueo). Y para responder hay que tomar en cuenta primero una premisa: Existen dos maneras en que puedes mejorar, evolucionar o transformar cualquier área de tu vida. La primera, reflexionas y transformas o, la segunda, tu situación te va a doler tanto que te va a obligar a cambiar o, las dos al mismo tiempo. 

Algo que agradezco inmensamente en lo que va del último año es la pandemia, aproveché el caos que creó para reflexionar y tomar consciencia acerca de lo que estaba haciendo con mi vida personal y con mi vida de pareja y familiar, porque en definitiva, considero que debe haber un equilibrio entre estos tres aspectos que conforman tu vida. De manera personal, yo me situé en un punto de inflexión en el que por varias ocasiones le pedí a Ivón que nos divorciaramos. A veces, el ego y la falta de conciencia plena acerca de quién eres, a dónde quieres ir y con quién, te hunden en el terreno de la desesperación, la angustia, el terror, y crees que la mejor salida es: la separación. Y bueno, no te juzgo si crees que eso es lo mejor para ti, al final de cuentas, cada quien es responsable de su vida. 

Pero volviendo a la pregunta de ¿Qué tengo que hacer para mejorar mi relación de pareja? Es la que yo me hice en esos momentos de desesperación. Y caí más en conciencia cuando al haber estudiado por mucho tiempo técnicas de comunicación y haberlo aplicado por mucho tiempo en mi trabajo como mediador, me dije: Josué, cómo es posible que sabiendo lo que sabes no puedas aplicarlo en tu propia casa. Y fue ahí donde encontré la respuesta y solución a mi problema. Tuve por mucho tiempo la solución en mis  manos y nunca quise ocuparla. Fuimos en algunas ocasiones con una psicóloga y me di cuenta que no importa con que especialista vayas, si no tienes la voluntad de cambiar, nada ni nadie lo hará por ti, ni para ti. Después de esa reflexión (que aún sigue presente todos los días), decidí hablar con Ivón acerca de nuestra relación. Platicamos en muchas ocasiones y nos dimos cuenta que en realidad lo que nos faltaba era mejorar nuestra comunicación. De aquí deriva el énfasis que pongo sobre la importancia de la comunicación en cualquier relación personal. Y después de horas, noches y días de platicar sobre nosotros, nuestra vida personal, vida en común como familia y como pareja, tomamos acuerdos que a la fecha de hoy nos han ayudado mucho. El primer acuerdo, es aprender a tomar acuerdos previos para evitar conflictos más grandes. Y el segundo, dedicarnos un tiempo para nosotros solos. 

Aquí es donde cobra sentido el título de este artículo. Si quieres, con voluntad plena, mejorar la relación con tu pareja, dedícale, al menos, una hora a la semana. Una hora en determinado día en el que van a tener una cita. Designen, de mutuo acuerdo, un día de la semana y una hora para agendarlo todas las semanas. Durante esta hora, van a conversar sobre lo que quieran llevar a la mesa. Planes de futuro, personales, familiares, hablen del amor, de ustedes, de cómo fue su semana, de lo que se les antoje. El objetivo principal, es que se enfoquen solamente en ustedes, sin hijos, sin celulares, ni distracciones. Si tienen la oportunidad de ir a un café, restaurante, o un parque, es un plus que les da para conectar mejor entre ustedes, porque acudir a lugares nuevos y fuera de casa los lleva a crear experiencias nuevas que los conecta más como pareja. Este ejercicio semanal, es un tantra para recargar energías positivas. Estas nuevas experiencias les va a permitir desarrollarse como pareja, como personas, les da confianza en el hecho de que pueden mejorar y transformar su relación y les ayudará a desarrollar la mejor de las herramientas que como seres humanos llevamos innata a nosotros: la comunicación. La cual, te ayuda mucho para resolver conflictos con tu pareja.

Así que bueno, espero te haya servido esta pequeña recomendación y no dudes en ponerla en práctica. Vale más salir y fallar que quedarse estacionado en el mismo lugar. 

Déjame tus comentarios y si consideras que esto le puede servir a alguien por favor ayúdame a compartirlo.

Por qué la familia es importante

La familia es la principal unidad social de la humanidad

“El poder de la familia” International Institute for Restorative Practices

Hablemos de ‘Las familias’ y un poco de mi vida.

Tengo 33 años, desde mi nacimiento crecí en el núcleo de una familia biparental, o como también se le llama: familia nuclear o familia “típica” (aquella conformada por papá, mamá e hijos). Toda mi vida creí que ese modelo de familia era el único que existía. El resto de mi familia (abuelos, tíos, primos, amigos), también crecieron y formaron familias con esa misma estructura familiar, biparental. Actualmente, he formado una familia con esa misma estructura con Ivón y nuestra hija Lía.

Hoy en día esa estructura familiar ha cambiado mucho. Ahora, no hablamos solamente de familias biparentales, sino; monoparentales (aquellas conformadas por papá o mamá solamente); adoptiva (padres que adoptan a un hijo); padres separados (rupturas matrimoniales o de concubinato); familias compuestas (aquellas conformadas por padres y madres separados pero con parejas e hijos en común e hijastros; tipo la película “los tuyos los míos y los nuestros”); homoparentales (padres o madre homosexuales); incluso, familias sin hijos (bueno, ni tanto porque ahora existen también los “perrijos”). De hecho, ahora puedes llamarle también familia al grupo de tus mejores amigos, de aquellos con los que has convivido gran parte de tu vida. A un nicho de negocio. A tus alumnos de clase. En fin, hoy en día la familia no comprende de manera limitada solamente a los que viven bajo el mismo techo, sino a las personas con las que sientes una sensible conexión; porque la familia no se define por el lugar sino por el corazón. 

En lo que va de mi vida, crecí y he vivido en un núcleo familiar muy completo. Antes de la pandemia teníamos la costumbre de reunirnos toda la familia (y cuando digo toda es tíos, primos, hijos, nietos, sobrinos, nuevos miembros, colados), cada fin de semana, y estoy seguro que tú también porque así es la familia mexicana. La navidad pasada de 2020 fue muy diferente; cada quien en su casa, convivimos unos minutos por video llamada (la tecnología nos salvó la tradición), pero mantenemos la comunicación, el respeto y el amor de unos por otros. 

El ser humano es la especie animal capaz de modificar y adecuar su sistema de vida por cuantas maneras le plazca. No existen límites para el ser humano a la hora de adaptarse a cambios personales, sociales, culturales o de cualquier índole que afecte su esfera personal y social. Y la familia no ha sido la excepción a dichos cambios y adaptaciones. Esa diversidad de familias da pie a que las personas tengan la libertad de formar nuevas relaciones, más sanas, más duraderas, más empáticas, más responsables, porque las familias son la totalidad de múltiples interacciones. Existe una interconexión entre los miembros que funcionan como un todo, no como una suma de partes; es decir, que lo que sucede dentro de la familia se deberá a la calidad de esas interacciones; si algo está mal en la familia es porque todos los miembros han contribuido a que eso suceda así. Su funcionamiento es circular y no lineal. 

¿Alguna vez has escuchado que la familia es la base de toda sociedad? Bueno, eso lo escuché en mis clases de Derecho Familiar en la carrera de Derecho. Entonces, al ser la familia la base de toda sociedad, debemos entender que las funciones de la familia deben estar hechas en beneficio de todas las personas, tanto las que comprenden a la familia como las que engloban al resto de la sociedad. Esto convierte a la familia como grupo predominante de la sociedad. 

Pero, ¿cuáles son esas funciones que debe cubrir la familia? Primero, comenzaremos por decir que hay un común denominador en todas las familias: los hijos (claro, a excepción de la familia sin hijos). Y son los hijos la primera función de la familia, en el sentido de que, la familia, al ser la base de toda sociedad, es el único lugar en el que los niños y las niñas aprenden a desarrollarse personal y socialmente. En el que aprenden valores, cultura y respeto por otros seres humanos. Donde encuentran su mayor influencia para aprender y desarrollar su manera de comunicarse, de vivir, de actuar y de pensar, que más adelante se convertirán en hábitos o costumbres, que bien o mal van a definir su calidad de vida en la edad adulta. 

En los últimos 2 años, he aprendido a desaprender ciertas cosas que mis padres me enseñaron de niño, y no porque sea malo, sino simplemente porque ya no se adaptan a las necesidades actuales de nuestro mundo moderno. La vida ya no es la misma que hace 30 o 40 años, incluso que en la última década. Debemos aprender a adaptarnos a los nuevos cambios sociales que vivimos todos los días. Estamos en la era de la información y la tecnología y hacia allá tenemos que centrar nuestras nuevas experiencias y enseñarlas también a nuestros hijos e hijas, sin pasar por alto el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad que debe prevalecer en todas nuestras relaciones.

La familia es un sistema social muy complejo, y creo que la única manera de construir familias futuras más empáticas es enseñarle a nuestros niños y niñas, desde edades muy tempranas, cultura de paz, solución de conflictos pacífica y lo que Howard Garner llamaba: inteligencia intrapersonal e inteligencia interpersonal. Y con todo eso me surge la pregunta, ¿qué les estamos enseñando hoy a nuestros hijos e hijas? y, lo que les enseñamos ¿va encaminado a formar familias socialmente más responsables? Hay una frase que por mucho tiempo he repetido: “Si les enseñamos a nuestros niños y niñas lo que es la inclusión, no tendríamos que tratar de enseñarle a los adultos lo que es el respeto”

Déjame tus comentarios acerca de lo que opinas respecto a la familia y si gustas, comparte cómo es tu familia. Gracias por leer y nos leeremos en el próximo artículo.

3 elementos intangibles del acuerdo de mediación

Es la calidad y no la cantidad lo que importa

– Seneca –

Durante los primeros tres años que fui facilitador en la Fiscalía, creí que mi trabajo era ayudar a las personas a resolver sus conflictos. Y sí, en esencia eso es así, sin embargo, va más allá de eso. El verdadero trabajo estriba en ayudar a las personas a tomar acuerdos de manera pacífica y consiente que los lleve a resolver esos conflictos. Y no me refiero al acuerdo escrito que firman al final de la sesión. Y claro que es importante que esos acuerdos se celebren por escrito (por seguridad jurídica de las partes), sin embargo, tomar acuerdos va mucho más allá de un texto plasmado en una hoja. 

He observado en algunos facilitadores/as y centros de justicia alternativa, la creencia errónea de que el celebrar más acuerdos por escrito, los convierte en excelentes facilitadores o facilitadoras. O para el Centro de Justicia Alternativa, los convierte en un órgano especializado eficiente por el número de acuerdos celebrados en determinado tiempo. Pero, la verdadera eficiencia de esos acuerdos la descubrimos en respuesta a las siguientes preguntas: de esos acuerdos celebrados y firmados ¿Cuántos se cumplen? ¿Cuántos no se cumplen? La verdadera eficiencia del facilitador o mediador se medirá atendiendo al número de acuerdos que se cumplan, atendiendo al impacto positivo que haya causado en las personas la mediación y hayan decidido cumplir con los acuerdos en los términos establecidos, sin premura ni requerimiento alguno. 

El problema surge cuando ese acuerdo no es cumplido por alguna de las partes. Y eso se debe a que, en algunas ocasiones, no se lleva a cabo el proceso de mediación con todas sus etapas como debe de ser. En otras, por causas inherentes a la persona obligada, ya sea porque no tenía la intención de cumplir o, por que sus circunstancias han cambiado y eso le impide el cumplimiento.  Cualquiera que sea la causa del incumplimiento, he estado analizando las verdaderas razones por las que una persona no cumple con los acuerdos celebrados en sus términos y descubrí que la razón es porque carecen de los siguientes tres elementos. Entendiendo a contrario sensu, estos elementos deben formar parte intangible del acuerdo celebrado. 

VOLUNTAD

La voluntad guarda una estrecha relación con la ética. Y, ¿Qué entendemos por ética? El estudio de la conducta humana. Lo bueno y lo malo. Trasladando ese significado al acuerdo de mediación, puedo asegurar que el cumplimiento o incumplimiento del acuerdo va a depender mucho de la intención que tenga la persona durante el proceso de mediación hasta la etapa del seguimiento del acuerdo. Como mediador/a o facilitador/a, debes analizar a detalle el conflicto antes de llevar a cabo la primera sesión. Y aquí surge la importancia de llevar a cabo sesiones previas con las partes pues en un grado de probabilidad, podrás determinar si las personas tienen la intención de cumplir, o no, con el acuerdo. O saber hasta qué grado de compromiso está dispuesta a sujetarse para el cumplimiento. Ahora, si en el análisis determinamos que existe mayor probabilidad de que no cumpla, no des por sentado esa corazonada. Esa corazonada deberás mirarla como una hipótesis que posteriormente deberás confirmar o desechar. Al menos tienes ya una ventaja, sabrás como abordar la situación en la sesión conjunta. En ese sentido, diré que la voluntad es “el querer” hacer las cosas bien, y la voluntariedad es la manifestación de ese querer que se da cuando el acuerdo ya ha sido cumplido en sus términos. 

EQUIDAD

Otra de las causas por la cual el acuerdo de mediación no se cumple, es por la inequidad que existe entre las obligaciones de las partes. Si una de las personas tiene el sentimiento de que el acuerdo es desproporcional perjudicando a él, lo más probable es que ese acuerdo no se cumpla. Todos queremos ser tomados en cuenta. Todos queremos que nos validen nuestros pensamientos, sentimientos y no tengamos el sentimiento de que no fuimos escuchados. Las emociones que surgen ante un trato desigual pueden influir en que el conflicto pueda permanecer estacionario y crear futuros conflictos a causa de ello. Es imprescindible que el mediador/a, tengan mucho cuidado en que los acuerdos tomados sean totalmente equitativos. Para que esa equidad pueda reflejarse en los acuerdos, debe estar presente en todo momento la imparcialidad del mediador/a, y la imparcialidad no es más que analizar y evaluar la situación con objetividad, sin prejuicios y brindando a las partes un proceso justo donde puedan expresarse, escuchar y proponer soluciones. Si quieres saber más acerca de la imparcialidad lee mi artículo de la semana pasada sobre como desarrollar la imparcialidad.

Cómo desarrollar la imparcialidad

COMPROMISO

Creo que este elemento es el más marcado en el incumplimiento de los acuerdos. Tomando en cuenta la voluntad que mencionaba al inicio, de ahí partimos para determinar si la persona obligada tiene el firme compromiso de cumplir el acuerdo en sus términos. Por ello, es importante que el mediador sea imparcial y equitativo en su actuar para que las personas puedan confiar en él y de esa manera se comprometan a cumplir el acuerdo. El compromiso va más allá de la obligación. Sí, lo sé. Por un lado, es una obligación de las partes cumplir el acuerdo en sus términos, sin embargo, es importante señalar que muchas veces el sentido que le damos a las palabras influye mucho en nuestras acciones. Por esa razón, desde mi punto de vista, es mejor comunicar a las personas que al firmar el acuerdo adquieren el compromiso de cumplir con el mismo. Un compromiso que ellos mismos han aceptado y lo han hecho parte de sí al momento de firmar el acuerdo, pues ha sido un trabajo en conjunto. En lugar de decirles que tienen la obligación, ya que la obligación suena a imposición y el compromiso a invitación y, ¿Quién puede resistirse a una invitación? 

Conclusiones

Bueno, como podemos observar, la celebración del acuerdo de mediación no es simplemente llevar a una hoja de papel los acuerdos de las partes. Es importante que para llegar al cumplimiento satisfactorio deban observarse en todo momento el cumplimiento de estos tres elementos, la voluntad, la equidad acompañada de la imparcialidad y el compromiso a la hora de firmar. Y tomar en cuenta, siempre, que la calidad vale más que la cantidad. Y que la eficiencia de los acuerdos no es lo mismo que los números de la institución.

Cómo desarrollar la imparcialidad

Lo único que nos distingue son nuestras ideas

– Josué Ferrer –

¿Cuántas veces has calificado a una persona como buena o mala? ¿Cuántas personas te han dicho que lo que dices, haces o piensas está bien o está mal? Sobre todo lo que haces. Y, ¿a quién has eliminado de tu lista de contactos o de Facebook, solo porque crees que es una “persona tóxica”? En realidad el ser humano está acostumbrado a vivir en dualidades (creo que es un constructo social). Bueno – malo. Arriba – Abajo. Rico – Pobre. Negro – blanco. Como si los opuestos fueran lo único que existe. Pero, ¿Qué hay entre lo bueno y lo malo de una persona? Un sin fin de respuestas, interpretaciones, creencias, ideas, palabras; las cuales no sabemos identificar porque nos dejamos llevar por la primera reacción emocional que sentimos en el instante. Sin embargo, en medio de lo bueno y lo malo hay un ser humano que busca una guía que lo ayude a resolver su conflicto interno. 

Actualmente he llevado procesos de mediación en divorcios. Y una de las partes que más trabajo cuesta en conflictos de esta naturaleza es la imparcialidad. Hace unos meses, en medio de la pandemia, conocí a una matrimonio que estaba en planes de separarse. Durante la sesión de mediación ambos estaban conscientes que la comunicación entre ellos no estaba del todo bien. Y precisamente por ese tiempo, la relación con mi esposa pasaba por un sendero empedrado que comenzaba a romper las ruedas de nuestra carreta. El andar era muy incómodo y doloroso. El hecho de haber llevado a cabo esa sesión de mediación me abrió la mente para empatizar con ambos y consecuentemente caí en una conciencia profunda de trasladarme a mi propia situación y comprender que al igual que ellos, la comunicación con mi esposa requería de ser atendida y restaurada. Y en ese viaje interno me di cuenta de dos cosas. La primera, fue darme cuenta que ayudar a otras personas a resolver su conflicto es una forma muy efectiva de ayudarte a solucionar tu propio conflicto. Es como sobrevolar el mismo terreno y analizarlo para saber dónde vas a aterrizar. La visión y perspectiva que te da abandonar tu individualidad te da la oportunidad de crear una historia alterna donde caben todos las personas que te rodean. Crear una historia donde también tomamos en cuenta la narrativa de los demás. Y bueno, la segunda cosa que aprendí es que la imparcialidad (como valor humano), está compuesta de dos elementos: emoción y razón. En la mayoría de los casos siempre prevalece más la emoción que la razón y para poder equilibrar ambos elementos, considero que la fórmula maestra es la siguiente: 

Autodominio Emocional y Cognitivo + Pensamiento Flexible + Pensamiento Reflexivo 

AUTODOMINIO EMOCIONAL Y COGNITIVO

Qué difícil es esta parte. Creo que de toda la fórmula, esta es la parte más difícil y es que, no es nada sencillo hacer a un lado el ego y mirar las situaciones y a las personas involucradas, desde una perspectiva imparcial. El autodominio implica tener la capacidad de poder autogobernarte. De controlar tus impulsos emocionales reptilianos y no dar nada por hecho. De no sacar conclusiones apresuradas sobre las narrativas de las personas. En mediación no especulamos, toda hipótesis tiene que ser comprobada con base en elementos objetivos percibidos a través de los sentidos. La objetividad es un componente del autodominio ya que a través de ella, puedes detenerte a analizar la situación y valorar los probables caminos sobre los que puedes ir dirigiendo el conflicto. Eso suena fácil pero en realidad es un trabajo que requiere mucho desarrollo personal. Ser consciente de ti misma y saber identificar tus propios pensamientos y emociones parte de aceptar que tu realidad es lo que está pasando en el momento, y nada más. Suele sucederle a muchos mediadores que se identifican con el conflicto que están mediando. Ya sea porque están pasando por una situación así, o vivieron, o algún familiar lo vive. Y eso, tiende a nublar su objetividad, llevándolo a un callejón del que no encuentra salida porque empieza a inclinarse más sobre la persona que él considera, de acuerdo a sus experiencias vividas, es la más vulnerable en el conflicto. Recomendación: piensa lo que sientes y siente lo que piensas. Pero Josué ¿Qué significa exactamente eso? Que antes de actuar, identifiques la emoción y los pensamientos que te está provocando y posteriormente analices si la respuesta que vas a dar aterrizará en un plano imparcial. 

PENSAMIENTO FLEXIBLE

¿Qué hay antes del pensamiento flexible? Un pensamiento prejuicioso. Sí, antes de poder presumir de un pensamiento flexible, tenemos que reconocer que somos seres humanos prejuiciosos. Y en realidad creo que todos, sin excepción, somos así. Pero, ¿se puede contrarrestar eso? Sí, sin duda. Y para lograrlo se requiere de hacer un recableado mental eliminando todo lo que hemos aprendido desde nuestra niñez. Pararte en la postura de que todas las ideas que tienes, todas las creencias, todas las palabras, no son tuyas, tú no las creaste, siempre fueron implantadas en tu cerebro dictaminando como es que tienes que ser o actuar ante la vida. Generalmente los conflictos surgen por diferencias, y esas diferencias se manifiestan a través de las palabras, y esas palabras no son más que simples interpretaciones de nuestras ideas, no las cosas mismas. Todo lo que hemos aprendido por medio de los sentidos es lo que va determinando nuestras ideas y creencias del mundo. Las interpretaciones que hacemos son meramente manifestación de esas ideas aprendidas y preconcebidas. Pasar de un pensamiento prejuicioso a un pensamiento flexible, implica eliminar nuestras propias creencias, porque muchas veces creemos que lo que pensamos es lo único que existe en el mundo, y el mundo es el que tiene que adaptarse a uno. No hay verdad absoluta, solamente historias incompletas. 

PENSAMIENTO REFLEXIVO

Otra parte de la fórmula de la imparcialidad es el pensamiento reflexivo, y este pensamiento reflexivo está ligado con la curiosidad y la curiosidad es la antesala de la genialidad. Para poder alcanzar un nivel de compromiso bastante aceptable para las partes en mediación, debes ser lo suficientemente curioso, o curiosa, para despertar en ellos la misma curiosidad y decidan compartir contigo sus historias. Y así como un niño o niña que a los 3 años preguntan ¿por qué? debe ser el mediador o mediadora. Aclaro, en mediación es recomendable no utilizar las preguntas de ¿por qué? porque tienden a interpretarse como una pregunta que juzga. En lugar de preguntar ¿por qué? mejor pregunta ¿para qué? Y bueno, creo que la herramienta macro que tiene al alcance el mediador o mediadora son las preguntas. Saber preguntar es imprescindible para todo ser humano. Las preguntas aclaran situaciones complejas o confusas y ayudan a obtener más información sobre lo que nos interesa saber. Entonces, el pensamiento reflexivo ayudará a las personas a reflexionar sobre el conflicto en que se encuentren, con la finalidad de ubicarlos en una realidad objetiva y sepan que existen otros caminos que pueden tomar para lograr conseguir su tranquilidad. Y creo que la mejor alternativa de despertar la curiosidad y la reflexividad es por medio de las preguntas. Darle un orden a sus historias y poder formar, en colaboración, una historia restaurativa. Mirar el conflicto desde diferentes perspectivas para tener más herramientas de trabajo que ayuden a solucionar el conflicto.

Conclusiones

Si te preguntabas ¿Qué es la imparcialidad? Podemos definirla con base en esta fórmula y en ese sentido; la imparcialidad es tener un equilibrio emocional y cognitivo para desarrollar un pensamiento flexible y reflexivo basados en la objetividad, sin juzgar y estar abiertos a cualquier cambio en las personas o en el contexto. La imparcialidad es un valor y principio de la mediación que ayudará al mediador o mediadora a que las personas confíen más en él o ella. Si las partes, dentro de la sesión, observan que el actuar del mediador es completamente imparcial, aumentará la confianza y esa mediación podrá concluir con resultados positivos. La fórmula de la imparcialidad está compuesta por 3 partes: el autodominio cognitivo y emocional; el pensamiento flexible y el pensamiento reflexivo.

3 beneficios de la mediación prejudicial

Vale más prevenir que lamentar

Refrán popular

En el artículo pasado, publicado el día lunes 11 de enero, te hablé de 3 razones por las que considero no se usa la mediación previamente al juicio. Desde esa misma visión, y para contrarrestar esa perspectiva, en el siguiente artículo te mostraré tres ventajas de usar la mediación prejudicial, ya que sin duda alguna, te llevará a tomar acciones más sabias para la próxima vez, antes de que intentes presentar una demanda o denuncia, y que en algunas ocasiones ni siquiera es necesario. 

BENEFICIO EMOCIONAL

Durante el último año 2020 que pasó, y aprovechando la pandemia, me interesé mucho por saber y conocer acerca del desarrollo del ser humano desde la neurociencia, la filosofía y la psicología. Comencé a leer acerca del funcionamiento de nuestro cerebro, cómo funcionan las emociones y, sobre cuáles han sido las corrientes filosóficas que se han dedicado al estudio del ser humano (confieso que no he estudiado a gran escala porque el mundo de las tres disciplinas es inmenso). Y combinando cada una con la mediación y la justicia restaurativa (ya que mucha relación guardan), me di cuenta que la salud emocional del ser humano es lo que determinará la calidad de su vida. 

Y es aquí donde encontramos la primera ventaja de usar la mediación en etapa prejudicial o, incluso, aún cuando no pienses presentar una demanda pero sí tengas un conflicto con otra persona y no sepas como solucionarlo. Ejemplo, relaciones entre padres e hijos, relaciones laborales, relaciones vecinales. Tomando en cuenta que el conflicto, como parte inherente del ser humano, puede darse en cualquier relación en la que intervengan dos o más personas, y eso, siempre, genera discusiones, problemas, incluso violencia y, hasta guerras. Trayendo como consecuencia alteraciones emocionales que se convierten en enfermedades psicosomáticas y hasta físicas por no saber cómo gestionar esas emociones que afectan negativamente a nuestro cuerpo. Es por ello, que la mediación brinda a las personas las herramientas que les ayudará a gestionar los niveles emocionales escalables negativamente y, a prevenir que el conflicto caiga en situaciones de violencia grave. 

He aquí la importancia de solicitar la mediación antes de querer presentar una demanda o denuncia y una vez solucionado el conflicto, en muchas situaciones te darás cuenta que ya no será necesario presentar dicha demanda. Por otro lado, si resulta ser necesaria la demanda, como por ejemplo, para un juicio de divorcio, es importante que ambos consortes tomen acuerdos previos, acuerdos predivorciales que podrán tener como resultado ahorrarse muchos dolores de cabeza, enfermedades psicosomáticas y físicas, que llegan a ocasionar los juicios de divorcio donde no hay acuerdo mutuo entre las partes. Pensando siempre en la salud no solamente de los que se divorcian, sino también de los hijos o del resto de ambas familias, ya que generalmente, la mayoría de los divorcios donde no hay acuerdos, tienden a dañar la salud emocional del resto de los integrantes de las familias y sobre todo de los hijos cuando están en etapa de la niñez. 

BENEFICIO TEMPORAL

Otra de las ventajas o beneficios de usar la mediación antes de juicio, es el tiempo que inviertes en resolver el conflicto. Es decir, que la mediación brinda a las personas la oportunidad de resolver su conflicto en tiempos muy muy cortos que pueden ser de 2 horas o 2 semanas, en comparación con los procesos jurisdiccionales en los que el mismo asunto se estaría resolviendo en 2 años o más (dependiendo de la naturaleza del conflicto). Esta ventaja también debe ser tomada en cuenta por los abogados litigantes que tienen la firme convicción de que su mayor labor es ayudar a las personas a resolver sus problemas, brindándoles un servicio de calidad. Esta ventaja, también contribuirá en gran medida a la salud emocional de las partes, pues qué preferirías,  ¿resolver un asunto en 2 años o en 2 horas? ¿Cómo te sentirías en cada una de esas situaciones? ¿Cuál sería la mejor para tu salud emocional?

BENEFICIO ECONÓMICO

Una consecuencia de la ventaja anterior, es el costo-beneficio que puedes obtener con la mediación, ya que por muy inexperto que sea tu abogado, el mismo costo del proceso jurisdiccional puede ser mayormente desproporcionado, en precio, que el proceso de mediación. Por ejemplo, dentro de un juicio intestamentario donde los herederos no se ponen de acuerdo en la repartición de los bienes y el juicio ha perdurado por 3 años, eso les genera un despilfarro de dinero entre pagar abogados, pagar recursos, pagar transporte, alimentos, copias, y muchas veces, hasta pedir préstamos y endeudarse para continuar con el juicio. Estos gastos pueden ahorrarse si antes deciden  solicitar un proceso de mediación para arreglar sus diferencias y mejorar su comunicación para tomar acuerdos previos a la repartición de los bienes de la herencia. Asimismo, esta ventaja genera que la salud emocional de las personas se vea en óptimas condiciones. 

Como puedes observar de lo anterior, el beneficio que más impera y está más presente, es el beneficio emocional; porque, si puedes ahorrarte tiempo y dinero resolviendo un conflicto por medio de la mediación, tu salud emocional y tu cerebro te lo agradecerán por el resto de tu vida. Consciente estoy que muchas veces no se puede prescindir de la intervención de la autoridad judicial en casos muy específicos, sin embargo, debes tomar siempre en cuenta que vale más llegar con el juez presentando un acuerdo pactado por voluntad de las partes, el cual pudieron haber realizado en 2 horas; que llevarse 2 años, o más, en un juicio del que terminará decidiendo la autoridad judicial y que posiblemente el resultado no sea favorable para alguna de las partes. Claro está, solamente en aquellos asuntos en que la naturaleza del conflicto lo permita. 

Así que si quieres que la calidad de tu vida sea excelente, empieza por cuidar tu salud emocional, y eso, lo puedes lograr resolviendo tus conflictos a través de la mediación y las prácticas restaurativas.

Cambio de paradigma: la mediación previa al juicio

El primer deber de un hombre es pensar por sí mismo.

José Martí

Durante mi estancia en el Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, de 2015 a 2018, llevé a cabo más de 400 procesos de mecanismos alternativos, entre mediación, conciliación y juntas restaurativas. Considerablemente, puedo decir que de ese total, el 60% pudieron haberse resuelto mediante un método de solución de conflictos, como la mediación o la conciliación, previamente a la presentación de una demanda o denuncia. Aunado a ello, en realidad muchos asuntos eran disfrazados de “delito”, maquillando los hechos para que lo pareciera, pues las personas saben muy bien que una denuncia influye temor en los otros. Pero, ¿qué nos lleva a tomar ese tipo de decisiones? ¿Por qué no vemos a la mediación como una opción previa para la solución de conflictos? Estas preguntas, creo yo, pueden responderse de la siguiente manera.

Delegamos nuestra vida a otras personas

Creo que desde la infancia, a la mayoría de los niños y niñas, se les ha inculcado la creencia que necesitan de otra persona que les resuelva sus problemas. Un ejemplo claro de ello es, cuando el niño o la niña llegan a casa y le cuentan a mamá o a papá que el profesor o la profesora les ha llamado la atención, o que el maestro de coro, no admitió al alumno o alumna para formar parte del coro. En razón de ello, la reacción de la madre o padre es de enojo y al día siguiente acuden a la escuela para abogar por su hijo o hija (porque es inadmisible que un profesor o profesora haga sufrir a nuestros hijos ¿verdad?), y defenderla ante el profesor de coro, exigiendo que la admita o tomará otras medidas para lograrlo. Esto, por un lado, no ayuda en nada a ese niño o niña a formarse una autoestima alta de sí mismo, sino todo lo contrario, les perjudica totalmente, pues el mensaje que le enviamos a su cerebro es de: “no puedes o no sabes resolver tus problemas y necesitas de alguien que lo haga por ti”; este mensaje se queda almacenado en el cerebro para recordarlo por el resto de su vida; además de que limita su capacidad de resolver conflictos. Entiendo que siempre queremos proteger a nuestros hijos y en la mayor medida de lo posible evitarles que padezcan todo tipo de sufrimiento emocional (los hacemos intolerantes a la frustración). Esto influye mucho en la manera en cómo ese niño o niña solucionará sus problemas en el futuro. Cuando lleguen a la edad adulta, y ante cualquier conflicto con otra persona, no sabrán cómo gestionarlo y acudirán ante un tercero que le diga como solucionarlo, pues no es capaz de autodominarse y encontrar las alternativas que le ayuden a vivir tranquilamente, ¿por qué? Porque en su infancia nunca le enseñaron a resolver sus propios conflictos. Y en alguna medida, esto pasa mucho con las personas que se encuentran en medio de un conflicto que prefieren solucionar un conflicto mediante una demanda o denuncia, pues aún, cuando tienen la opción de solucionarlo a través del diálogo (ya ni siquiera le llamo mediación), la única manera que encuentran de solucionarlo es dejándolo en manos de la autoridad, y que sea esta quien decida por ellos, aún, a pesar, de saber que el resultado puede no ser favorable. 

Resistencia al cambio

Otra de las razones por las que considero que las personas prefieren solucionar el conflicto a través de una demanda o denuncia, y que además es consecuencia de la anterior, es que preferimos ver castigado a alguien (porque eso alimenta nuestro ego y nos da satisfacción superflua), y, ¿quien es el indicado para que castigue? Claro, la autoridad. Esto también es una costumbre que se nos ha implantado por décadas. La creencia de que el castigo es la única manera de reparar las violaciones a las leyes y a las personas. De que el mejor castigo es encerrando o excluyendo a esa persona de la sociedad (por una sensación de seguridad). Sin embargo, lo que durante mis años en Fiscalía pude observar (y aún todavía), es que las personas no admiten del todo la opción de solucionar el conflicto dialogando con la persona que cometió el daño o la ofensa. Pareciera que en general siempre hay una resistencia al cambio, traducida en la creencia que la única manera de hacer justicia es castigando y ver sufrir a aquella persona que nos hizo algún daño. Mike Ledwidge, es pionero en la teoría de la Bifurcación de la justicia, la cual, atañe que en todos nosotros existen dos impulsos contrarios sobre el modo de enfrentar las violaciones a las leyes: amenaza punitiva o reparación y reintegración (esta teoría será tema de conversación en otro artículo).

Desconocimiento de la mediación

Otra de las razones que considero ha sido una variante en la manera de resolver conflictos judiciales, es que no se ha llevado a cabo, por parte de las autoridades, una correcta campaña de difusión sobre lo que son los mecanismos alternativos, sus ventajas y beneficios y la manera de utilizarlos. En realidad los mecanismos han estado presentes dentro de nuestro sistema de justicia desde hace muchos años. En la constitución de 1824, se contemplaba la obligación de llevar a cabo la conciliación en materias penal y civil previamente al juicio. Es una realidad que la mediación, o cualquier mecanismo alternativo de solución de conflictos, no presenta para la mayoría de las personas, la primera alternativa para resolver su disputa, pues prefieren otros caminos más “justos” como el juicio. 

Estas razones posiblemente no sean las únicas que definen el desuso de la mediación y otros mecanismos alternativos, existen muchos otros, pero considero que estos tres son los más notorios. Lo que pretendo no es evitar promover juicios para optar por la mediación como la única salida, sino que, se contemple a la mediación, como una alternativa al juicio, ya sea antes de querer presentar una demanda o denuncia, o incluso una vez ya presentada, pues es muy cierto que en algunos casos será exigible, como requisito sine qua non, ejercer el derecho de acción de las personas ante la autoridad judicial o ministerial, y más, tratándose de materia penal.

La mejor manera, que considero, existe para mirar a la mediación como una alternativa previa al juicio (ya sea antes de presentar una demanda o denuncia o de iniciado el desahogo de pruebas, cualquiera que sea la materia), es ejecutando campañas de difusión y se capacite a más personas y operadores del sistema de justicia. De esa manera, crearemos una red de networking que haga llegar a todos los rincones de nuestro país el uso y beneficios de la mediación. Y a la par, enseñar a nuestros hijos desde edades tempranas este tipo de métodos de solución de controversias para que en un futuro sean ellos quienes decidan sobre la solución de su conflicto, sin necesitar la intervención de un tercero que decida por ellos.

La importancia que adquiere la mediación previamente al juicio, se traduce en prevenir desgaste emocional, físico y hasta económico. Ejemplo, para promover un divorcio, y si quieres evitarte esos desgastes, lo recomendable es llevar a cabo un proceso de mediación previamente a la presentación de la demanda para tomar acuerdos de una manera pacífica y rápida. Tomar acuerdos previamente al juicio te evitará muchos dolores de cabeza.

Mediar la comunicación y no el conflicto

“Buscar la verdad del otro es un ejercicio de humildad que no estamos acostumbrados a hacer”

Rafael Santandreu

Desde mis inicios como facilitador dentro de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, mis instructores influyeron para adoptar la creencia que la mediación es un mecanismo para resolver problemas o conflictos. Y claro, en un sentido amplio se entiende que es así, sin embargo, en un sentido estricto no lo es, y explico porqué. 

Durante el primer año en el Centro de Justicia Alternativa, comencé a darme cuenta que los conflictos en los que estaban inmiscuidos cargas emocionales más elevadas, eran los que me resultaba más difícil mediar, como por ejemplo, los conflictos familiares. Y siempre me pregunte: Josué, ¿qué estás haciendo mal? La respuesta: No lo sabía. Hasta que un día, llegó a la oficina de Justicia Alternativa, una persona enviada por el Ministerio Público, recomendando que acudiera a mediación para resolver su conflicto, sin embargo, dada su desesperación por haber acudido a mediación en muchas ocasiones anteriores, ya no quería volver a tomar el mecanismo, sólo estaba ahí para cumplir con el “trámite”.

El conflicto, era familiar, número de personas involucradas 10. En resumen, estaban involucradas dos familias que por más de 20 años habían acarreado un conflicto, muy polarizado, que en varias ocasiones había llegado a los golpes, insultos, incluso, ocasionó enfermedades psicológicas, clínicamente comprobadas, a una persona (y posiblemente a muchas otras). En la entrevista previa a la persona que solicitó el servicio, me comentó que por el lapso de 5 años, los facilitadores que me antecedían, habían llevado a cabo sesiones de mediación y ninguna de ellas había sido efectivas pues el conflicto aún seguía polarizado, pues las amenazas, los insultos y en algunas ocasiones, los golpes, seguían dirigiendo la situación. El trasfondo del asunto era muy peculiar, pero por respetar el principio de confidencialidad, no lo podré divulgar. 

Una vez tomado el caso (pues consideré que por mi experiencia, diligencia en ese tipo de asuntos y con la firme intención de ayudar a las personas para mejorar su calidad de vida), me aboqué a analizar la situación pero desde una perspectiva diferente. Las preguntas que me hice fueron: ¿Por qué la mediación no ha funcionado? Si después de 3 mediaciones, ¿por qué las personas seguían sumidas en el conflicto?, ¿cómo lidiar con un conflicto donde las cargas emocionales ya han rebasado la barrera de lo permitido? ¿cómo lidiar con una persona que el conflicto le ha causado enfermedades psicológicas? En fin, después de algunos días de reflexión, decidí proponerles que llevaría sesiones previas (privadas e individuales), con cada integrante de las familias, sí, con cada uno (afortunadamente, todos accedieron a mi propuesta, aún sabiendo que eso implicaría llevarnos más tiempo), pues mi intención era escuchar la perspectiva individual que cada uno tenía respecto al conflicto, saber como les había afectado tanto en el pasado como en el presente, y crear una estrategia de acción para abordar el conflicto. 

Una vez culminadas las sesiones previas, y haber escuchado a cada una de las personas, me di cuenta que todas las preguntas estaban mal enfocadas, pues comprendí que, después de 3 sesiones de mediación sin éxito, el objetivo no era resolver el conflicto, sino, mediar la comunicación. Así es, fue aquí donde expandí el poder de la mediación para concluir que su propósito no radica en resolver el conflicto, sino en mediar la comunicación para transformarla a mejor y así poder tomar acuerdos para solucionar la situación conflictiva. 

La comunicación entre ambas familias se había resquebrajado, existía nula comunicación entre ellos por informaciones erróneas, malos entendidos, situaciones emocionales mal gestionadas, y básicamente, por haber tomado la decisión de dejar de comunicarse correctamente; lo más grave de todo, es que ese conflicto ya había encarrilado a 3 generaciones, entonces, volver a confiar entre ellos mismos, era una meta prácticamente imposible para ellos. 

Afortunadamente, llevé una sesión de mediación, más bien, diría que un círculo de paz, en el que participaron los que necesitaban estar ahí. El resultado, aterrizó en transformar el paradigma que cada uno traía antes de entrar a la sesión. Lograron apartar de su memoria, los recuerdos que les ocasionaron tormentas y pudieron escuchar directamente lo que pensaban todos. La vulnerabilidad de todos los llevó a compartir sus historias positivas que habían vivido 20 años atrás. Descubrieron que una oportunidad, una ocasión, una decisión, decir , y centrarse en sus necesidades y sentimientos, en lugar de sus exigencias y aires de poder, transformó por completo su comunicación para beneficio de todos. 

Aquí aprendí dos cosas que quedaron en mi mente para siempre. Primero, que la mediación, y en general, todas las prácticas restaurativas, tienen un poder ilimitado que funciona con la energía de las personas. Y segundo, que la meta de la mediación es resolver el conflicto; su objetivo, tomar acuerdos, pero su propósito específico, es de restaurar la comunicación entre las personas; y esta parte siempre es la más compleja, la más ausente, pero también la más humana. La mediación gira en torno a la comunicación, no al conflicto. 

Por lo tanto, el trabajo del mediador debe partir de mediar la comunicación entre las personas y restaurarla, para restablecerla y poder tomar acuerdos que lleven a resolver el conflicto.

Cómo mejorar la comunicación para resolver conflictos

Siempre que centramos la atención en los sentimientos y necesidades de los demás, experimentamos lo que nos une: que todos somos seres humanos

Marshall Rosenberg

Hace 12 años que vivo con una persona que anteriormente no sabía que existía. Hace 33 años que duermo con otra persona que sabía que existía pero no sabía para qué existía. En lo que va de este año 2020 he aprendido a mirar al cielo y no juzgar a la lluvia o al viento, pero sí me pregunto ¿Por qué llueve? y, ¿Qué es el viento? He descubierto que la curiosidad de un niño es la forma más pura de demostrar su inteligencia, porque la curiosidad es dudar de aquello que vemos a simple vista, es querer mirar atrás de todo y no suponer la existencia de las cosas. Nuestro cuerpo está formado con millones de moléculas pero nos forjamos con millones de experiencias, experiencias que han palpitado nuestros sentidos y nos han llevado a la antesala de la genialidad. La curiosidad es eso, la antesala de la genialidad. 

No es lo mismo mirar a los ojos de una persona que mirar su alma. La primera forma es sencilla, vacilante; la segunda es una constante, a veces una tragedia dominante. Nunca nos han enseñado a mirar al interior de las personas porque nadie nos enseñó a mirar al interior de uno mismo. Para saber cómo reparar el motor de un vehículo primero hay que desarmarlo y conocer cada una de sus piezas. Lo mismo pasa con el ser humano; para saber cómo funciona primero tenemos que aprender a desarmarnos a nosotros mismos. Aprender a mirar el alma de las personas implica primero aprender a mirar tu propia alma, conocer tu esencia. Todo esto tiene que ver con la comunicación porque considero que la mejor manera de acceder a ella, de una manera efectiva, es a través de la curiosidad. Saber por qué y para qué suceden los conflictos, es la primera puerta para resolverlos. 

La primera persona que mencione al inicio de mi redacción es mi esposa, Ivón. La segunda, soy yo. Ha sido una constante aprender mucho de ella. Para ella lo más valioso es la comunicación. En sus palabras, siempre me ha dicho: “la base de toda relación es la comunicación” y la razón de su dicho avala los años que llevamos juntos, pero no ha sido nada sencillo. Ahora, estamos aprendiendo a comunicarnos de una manera diferente. A solucionar nuestros conflictos con base en una comunicación más empática, y asertiva, más estructurada.

Es irónico como el mayor generador de conflictos es la comunicación, pero me refiero a la inexistencia de esta o a una mala gestión. Es irónico como siendo la comunicación la primera herramienta del ser humano, se use para destruir. Es irónico como aquello que puede salvarnos primero tiene que destruirnos. Pero esa destrucción es aliciente para curarnos. 

Mejorar la comunicación para resolver conflictos es un sendero profundo y delicado que inicia con la primera caseta de cobro o peaje que es: tu mismo o misma. Así es, si quieres aprender a resolver conflictos con las personas que te rodean primero tienes que aprender a cambiar la comunicación que tienes contigo mismo o misma. Para comprender el por qué de lo que los demás piensan, primero tienes que comprender el por qué de lo que tú piensas. Y en la mayoría de las veces, las respuestas están en tu pasado. Y sólo comprendiendote, se te abrirá el camino para comprender y poder comunicarte mejor con los demás. No es un truco de magia o esoterismo, es simplemente tener conciencia de que todos tenemos una historia que contar. El conflicto surge de la interpretación que hacemos de la información o de las historias que nos cuenta. 

En su libro de “Comunicación No Violenta”, Marshall Rosenberg (por cierto, es lo mejor que he leído para aprender a mejorar la comunicación), parte de la idea de que para comunicarnos mejor hay que aprender a dar y escuchar desde el corazón, con empatía, compasión y sinceridad cumpliendo con los siguientes 4 componentes:

OBSERVAR SIN EVALUAR

Marshall Rosenberg, nos dice que el primer componente de la Comunicación no violenta, consiste en no confundir la observación, con la evaluación. Es decir, observar implica mirar a la otra persona de manera objetiva, atenta, con todos los sentidos, sin que ello nos lleve a evaluar, juzgar, criticar o sacar conclusiones tempranas sin haber analizado primero el contexto de la situación. De esa manera, se busca ampliar el panorama de la historia y mirarla desde diferentes perspectivas. 

IDENTIFICAR Y EXPRESAR LOS SENTIMIENTOS

El segundo componente tiene todo que ver con las emociones. El saber expresar cómo nos sentimos y qué emociones estamos experimentando ante determinada situación (sobre todo las desagradables) nos ayuda a expresar de manera clara y asertiva lo que sentimos. De esa manera, reconocer primero en nosotros nuestras emociones, nos llevará a reconocer en los demás las emociones y sentimientos que experimentan. Tener un listado de sentimientos y emociones, más allá de las básicas, nos ayuda a abrir más el abanico emocional. Por otro lado, no confundamos la emoción desde identificar las alteraciones fisiológicas del cuerpo hasta las acciones finales, por los pensamientos que tienden a evaluar e interpretar lo que sentimos. 

ASUMIR RESPONSABILIDAD DE NUESTROS PROPIOS SENTIMIENTOS

Esta parte es algo que requiere mayor trabajo personal. No es sencillo responsabilizarnos de nosotros mismos, sobre todo cuando vivimos dentro de una sociedad y cultura que nos ha enseñado a que mi tranquilidad depende de lo que los demás hagan y/o digan por mí y para mí. El primer paso para poder responsabilizarme de nuestros propios sentimientos es identificandolos. Y, ¿cómo le hago para identificarlos? Primero, ser conscientes de lo que esa emoción le está ocasionando a mi cuerpo. Que cambios fisiológicos estoy experimentando. Después, ponerle un nombre. Lo que siento es enojo, furia, tristeza, angustia, felicidad. Al final, tomar acción y hacer algo con eso que sientes para canalizarlo. Como dice Jorge Bucay: “Las emociones hay que saberlas encauzar. No se trata de hacer lo que siento, sino de qué hacer con eso que siento”. Y por último, no tomarte nada personal. Las personas no hacen o dicen nada contra nosotros; nosotros somos quienes permitimos que eso nos afecte. 

PEDIR PARA SATISFACER NECESIDADES

Este es el componente final de la comunicación no violenta de Marshall Rosenberg, el cual, inicia con la idea de que, muy en las raíces del conflicto, hay necesidades de las personas que no han sido satisfechas. Es por ello, que una vez recorrido el camino de los 3 primeros componentes, sabremos encontrar la manera de solicitar lo que necesitamos sin que suene a exigencia. Comunicar nuestras necesidades desde las emociones, nos abre el camino para la empatía. Aprender a expresar necesidades y también a escucharlas con empatía. 

Este método de comunicación es el que aplicamos en mediación. Como base de toda relación, la comunicación debe ser creada desde la conciencia de uno mismo, acompañada de empatía, compasión y una gestión correcta de la ira. La manera en cómo te comunicas contigo, refleja la manera en cómo te comunicas con los demás.

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