Una luz después del crimen

“Somos más las personas que queremos paz. Somos más las personas que queremos amor”

Marisol Ramírez Sánchez

Este viernes 18 de diciembre de 2020, se llevó a cabo un evento muy especial para toda la comunidad. Desde el año 2018, en Oaxaca y cada año en diciembre, se ha llevado a cabo el evento “El Árbol de los Ángeles”. Un programa cuyo origen se remonta en Texas, Estados Unidos, para conmemorar a todas las víctimas del crimen y a sus familias que han sufrido por las consecuencias de tales crímenes. En el Instituto Internacional Crecer con Justicia, nos hemos encargado de dar vida a esta ceremonia con la intención de brindar a las familias un espacio de acompañamiento, luz y esperanza para recordar a cada una de esas víctimas por no estar cerca de su familia. Recordándoles que siguen siendo parte de nuestra comunidad y que a pesar del miedo, la angustia, la tristeza, aún hay gente en el mundo que eleva una oración al cielo y al universo para mejorar sus vidas. 

Crímenes como el homicidio,feminicidio, violencia doméstica, abuso físico y sexual a niños y niñas, delitos sexuales, crímenes causados por el alcohol y, en general, todos aquellos delitos que han causado grandes pérdidas humanas y dolor para las familias, han creado barreras sociales en muchas partes de nuestro país y del mundo. Con sentimientos de venganza y de infringir el mismo dolor a la persona que nos arrebató la vida de la persona que amábamos, es como queremos vivir después de tan atroz evento. Y no es para menos. 

Vivir la pérdida de un ser amado en manos del crimen es el sufrimiento más hondo del ser humano. El vacío que se siente ante la falta de esa persona genera mucha incertidumbre en la vida de las familias. Sin embargo, el evento del “Árbol de los Ángeles” les ayuda a mirar que hay personas dispuestas a ayudarles y, en alguna medida, a transformar sus historias de vida. Que pueden seguir confiando en la humanidad y encontrar el sentido de la vida del familiar que ha partido. Recordarlo de la manera más humana posible y vivir su vida a través de su recuerdo. 

Cada uno de nosotros somos agentes de cambio que el mundo necesita urgentemente. No perdamos la esperanza en la humanidad. La etapa en la que podemos intervenir para prevenir crímenes violentos es desde la niñez. Y eso implica, en una enorme medida, dejar de normalizar la violencia. Cuántos padres o adultos enseñan a los niños a decir groserías en casa a tal grado de que el niño normaliza esas palabras y lo llevan a conductas adversas que pueden dañar a otras personas porque las palabras ya no son suficientes para dañar a otros. Y posiblemente, por esa normalidad, ellos crean que no dañan a nadie. Sin embargo, de una manera muy sutil y agresiva se suprime en los niños y niñas la empatía y la compasión. Si queremos tener adultos respetuosos, enseñemos a los niños y niñas principios y valores que ayuden a formar relaciones positivas y asertivas con los demás. Educarlos desde la compasión, la solidaridad  y el respeto, los ayudará a mirar el mundo desde su interior.

El conflicto es ¿destrucción o transformación?

“La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”

Ley de conservación de la materia

“La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”, de esa manera es como se le conoce a las reacciones químicas que sufre la materia traducidas en cambios físicos y químicos. En realidad no sé absolutamente nada de química, pero me atrevo a señalar dicho principio como una introducción comparativa a un principio (según yo), que tiene que ver con el conflicto (y aquí sí sé algo más o menos), y es que, creo que en tratándose de conflictos personales, el ser humano sí se destruye pero para crear y transformarse.

Durante la vida de todo ser humano hemos de vivir inmersos en tremendas batallas conflictivas de unos contra otros y de uno contra uno mismo. La escalada del conflicto puede darse en tres niveles: partiendo de conflictos intrapersonales, aquellos que son con uno mismo; conflictos interpersonales, aquellos que son con otras personas y; conflictos sociales, aquellos que trascienden las fronteras sociales en el mundo. El conflicto es visto por la mayoría de las personas como una dualidad; es decir, siempre hay uno que es el bueno y otro que es el malo de la historia (he leído en diversas ocasiones que el lobo siempre es el malo porque el cuento se narra desde la perspectiva de caperucita roja). Esa dualidad preconcebida es la que nos limita ver que entre lo bueno y lo malo existe algo que se llama “bienestar social”, pero estamos tan acostumbrados a creer que el “malo” merece un castigo acorde al nivel de daño que causó, siendo visto como normalmente aceptable por la sociedad. Creo que eso es una construcción social instaurada en nuestras mentes desde el nacimiento, y es algo que tenemos que empezar a cambiar. 

Ahora, ¿por qué digo que ante el conflicto el ser humano se destruye, para crear y transformarse? Primero, creo que para contrarrestar la idea de que la única respuesta válida ante conductas ofensivas o delictivas es el castigo con cárcel, o la imposición de penas severas, tenemos que mirar al conflicto no cómo un aspecto negativo del ser humano, sino como una característica natural de este (véase la diferencia entre aspecto y característica. Lo primero es una interpretación, lo segundo es natural). Consecuentemente, si el conflicto es natural para nosotros (como una extremidad de nuestro cuerpo), de la cual no podemos prescindir, la realidad es que en muchas situaciones conflictivas el daño está presente, es casi como una consecuencia lógica que eso pase. Sin embargo, debemos aprender a aceptarlo, abrazarlo, y darle el valor que se merece, pues, solo de esa manera podremos crear nuevas visiones acerca de cómo queremos transformar nuestras vidas transformando el conflicto, partiendo del reconocimiento a las emociones propias, la transición los sentimientos desde el inicio del conflicto (aunque muchas veces no somos conscientes de su nacimiento); aceptando que así han sucedido las cosas (tratando de averiguar cuáles fueron las razones que dieron origen al conflicto y ser conscientes de las consecuencias), para finalmente, responsabilizarnos de todo ese proceso, de uno mismo y comenzar a buscar soluciones que nos lleven a transformar nuestras vidas para el futuro. 

Un concepto que ha sido muy relacionado con el conflicto, es la resiliencia, entendida como la capacidad de soportar el dolor y salir adelante apesar de él. Sin embargo, hay otro concepto que para mi gusto, puede desarrollar más la actitud del ser humano de transformar su vida, y es, la antifragilidad (término acuñado por Nassim Nicolas Taleb), entendida como la capacidad de aprovechar el caos y los estresores que el conflicto nos brinda para crear nuevas oportunidades y transformar lo dañino en muchos beneficios. En ese sentido, considero que el conflicto es la oportunidad de aprovechar la situación (desagradable) y darle un sentido más positivo para transformar nuestras relaciones personales. Sin embargo, hay otro elemento que debemos tomar muy en cuenta para que ese proceso de transformación pueda darse y es la mediación. La mediación viene siendo  el agente de cambio que guiará a las personas a gestionar y transformar el conflicto llevándolos a tomar acuerdos que beneficien a todos los involucrados, mediante la oportunidad de expresar sus emociones, pensamientos y sentimientos que cada uno ha tenido respecto al conflicto. 

Y bueno, a manera de conclusión, creo que debemos empezar a cambiar la perspectiva que tenemos respecto del conflicto. El conflicto no es positivo ni negativo, solo es parte de nuestra naturaleza y debemos aprender a vivir con él. El conflicto sí destruye pero para transformar; para transformar a las personas, a las relaciones, la comunicación, su vida. Destruye lo que es necesario destruir para permitir la evolución del ser humano.

La mayor enseñanza que el conflicto (construido o de la naturaleza), nos brindan es aprender a crear evolución. A desarrollar adaptaciones psicológicas, cognitivas y emocionales para vivir en aquello que no podemos cambiar. Sin embargo, también hay una pregunta que viene a mi mente: 

¿Por qué nos resistimos al cambio?

¿Qué no es la mediación?

“Todos los hombres pueden caer en el error, pero solo los necios se mantienen en él”

Cicerón

Durante estos cinco años que he estudiado e investigado acerca de la mediación; su naturaleza, su función, su aplicabilidad, y mi práctica tanto en el sector público y ahora en el sector privado, he descubierto que los desafíos que enfrenta la mediación todavía son abismales, sobre todo ahora en el sector privado porque implica promover la mediación en todos los sectores de la población, y eso conlleva un gran trabajo, ya que las personas no se han familiarizado con este método de solución de conflictos por dos razones (desde mi perspectiva y desde mi estado, Oaxaca): La primera, porque no se le ha dado una difusión amplia a la mediación (y en general a los MASC) y la que existe es únicamente para hacerle saber a la ciudadanía que la mediación responde a asuntos legales, cuando en realidad se puede aplicar desde las escuelas, hasta en asuntos vecinales que no ameritan denuncia o demanda y; segundo, que se ha entendido como un proceso débil que consiente al delincuente “otorgando el perdón” (en el caso de delitos) y la conclusión de la denuncia sin haberlo castigado con prisión (todavía creemos que justicia es ver a alguien pagando una pena dentro de la cárcel), evadiendo así la justicia; también se ha visto como una terapia o; en el caso de los abogados litigantes, como el antagonista de su trabajo, pues consideran que les va a reducir su chamba y consecuentemente, sus ingresos; pero bueno, ese tema es de otro día.

Ahora bien, para evitar esas confusiones acerca de lo que en realidad es mediación, abordaré el presente artículo desde la visión de lo que no es mediación. Una lista de falacias, interpretaciones o confusiones que se han difundido de manera equívoca, entre muchas estas son las más comunes. Con el ánimo de cambiar la perspectiva sobre el uso de la mediación, sus beneficios y también sus debilidades.

La mediación no es un proceso exclusivo del sistema de justicia.

A raíz de la reforma constitucional de 2008 en materia de seguridad y justicia en México, se constituyó como un derecho humano, reconocido por la Constitución Federal, el uso de los mecanismos alternativos de solución de controversias para garantizar el derecho de acceso efectivo a la justicia. En ese plano, y a causa de dicha reforma, el estado mexicano instauró lo que llamamos justicia alternativa (como derecho humano en materia penal), para lo cual, se creó el Código Nacional de Procedimientos Penales, en el que se enmarcan las soluciones alternas: Acuerdos Reparatorios y Suspensión Condicional del Proceso. Dentro de esos acuerdos reparatorios encontramos a la mediación. Si bien es cierto que la mediación forma parte del sistema de justicia en México, (y estoy seguro que en muchas partes del mundo), más cierto es que, tampoco le es exclusiva, sino todo lo contrario, la mediación, además de ser parte del sistema de justicia, también debe estar al alcance de todas las personas que se vean inmiscuidas en cualquier conflicto interpersonal (sea cual sea la naturaleza), para ser usada no de manera reactiva (cuando el conflicto ya ha escalado a la polarización), sino de manera preventiva, es decir, previa a la intención de ejercer el derecho de acción y presentar una demanda o incluso una denuncia, pues dentro de mi experiencia, hay muchos conflictos que no ameritan poner en marcha la máquina del sistema de justicia. Los conflictos cotidianos no deben ser solucionados por la justicia cotidiana.

La mediación no pretende sustituir a la potestad del Estado de juzgar.

La finalidad de la mediación no es resolver todos los conflictos de derecho positivo ya que existen asuntos que la mediación no le corresponderá solucionar atendiendo al impacto social que tales conductas conllevan, como por ejemplo, los delitos catalogados como graves. La naturaleza de su función es ser complemento del sistema de justicia y apoyo para el estado en la solución de conflictos, ya que, si bien es cierto que de acuerdo a la Constitución, se privilegiará el uso de MASC, también resulta ser cierto que no todos los asuntos podrán ser resueltos a través de la mediación o cualquier MASC (según sea el caso). Y esto, nos lleva a proponer dos funcionalidades de la mediación. La primera, como complemento, apoyo y alternativa del sistema de justicia, pues objetivamente, mientras la mediación esté dentro del sistema de justicia, seguirá siendo alternativa de él y; la segunda, como un proceso que puede solicitarse previo a la presentación de una demanda o denuncia. La meta es lograr que dentro de las leyes de MASC se pondere el uso de mediación no como una alternativa, sino  como la primera acción a operar para solucionar los conflictos, siempre y cuando el asunto sea susceptible de solucionarlo por esa vía.

La mediación no es un método dirigido al perdón.

Otra interpretación que se ha realizado de la mediación es que busca el perdón del ofensor hacia la víctima, y esto no es así. El perdón es una opción. La mediación no persigue el perdón de las personas, sino la toma de acuerdos que ayuden a las partes a solucionar el conflicto en el que se encuentra y, para llegar a ello, el rol del mediador o mediadora, no es solucionar el conflicto, sino gestionar y transformar el conflicto para que sean las partes quienes, personalmente, tomen los acuerdos a futuro que resuelvan la controversia para beneficio de todos los involucrados. Si al final del proceso, las personas deciden, por autonomía, expresar su perdón lo pueden hacer; pero para que quede claro, la mediación no busca ni obliga a que las partes se perdonen.

La mediación no es para reconciliar a las personas.

Otra falacia acerca de la finalidad de la mediación es de reconciliar a las personas, crear amistades o hacer “nuevos amigos”. Esa no es la esencia de la mediación. No es para que las partes que hayan concluido el proceso de mediación terminen siendo los mejores amigos. Al igual que el perdón, la reconciliación es una opción que solamente los involucrados sabrán si están listos para hacerlo. La finalidad de la mediación es transformar el conflicto para mejorar la comunicación y las relaciones bajo los principios de respeto y responsabilidad para, al final, tomar acuerdos que solucionen el conflicto, mas no, reconciliar la relación de las personas. Por ejemplo, una pareja que pretende divorciarse, acude a mediación con la intención de ayudarse a tomar acuerdos en común, para beneficio de sus hijos, por salud emocional y hasta económica; más no, para buscar reconciliarse y al final decidir ya no divorciarse (¿eso puede suceder? claro, sin duda, pero esa no es la finalidad de la mediación).

La mediación no es terapia psicológica.

El mediador o mediadora tiene formación basada en conflictología, pues esta es la materia prima de su labor. Nos referimos a conflictos interpersonales y sociales, en donde están involucradas dos o más personas. En cambio, la psicología, se enfoca en tratar conflictos intrapersonales, es decir, de la persona en lo individual. Está entrenado para analizar el conflicto, saber las causas que lo originaron y las consecuencias que se ocasionaron. Las técnicas y herramientas de comunicación son para gestionar y transformar el conflicto. No son técnicas de psicología, psicoanálisis o psiquiatría. Sin embargo, cabe resaltar que la mediación (y también la justicia restaurativa), generan efectos psicológicos en las personas en razón de que guardan una estrecha relación la mediación con la psicología, ya que dentro de los beneficios que encontramos en la mediación para las personas son desarrollar habilidades sociales, aptitudes y valores como: la autonomía, el respeto, la empatía, la tolerancia, la responsabilidad y la comunicación. En realidad la mediación es una práctica multidisciplinar ya que está compuesta (en pequeñas o grandes dosis), por la filosofía, la ética, el derecho, la sociología, la psicología, y muchas ramas sociales más.

La mediación no es una panacea.

Esta es una interpretación propia en la que posiblemente no todos los mediadores o facilitadores estén de acuerdo. Considero que la mediación no resuelve todos los conflictos, ni tampoco debe hacerlo por salud propia. Dentro de la opcionalidad de los MASC, tenemos (al menos los más conocidos), 4 procesos autocompositivos de solución de controversias que son: la negociación, la mediación, la conciliación, la justicia restaurativa (juntas restaurativas y círculos tanto en adultos como en adolescentes), ya que su característica principal es la de privilegiar la participación activa de las partes dejando en sus manos la solución a la controversia. Y 2 procesos heterocompositivos que son: el arbitraje y el proceso jurisdiccional, ya que su característica principal es que un tercero decide la solución. Dentro de este universo de opciones para resolver conflictos, la mediación no está construida para soportar todos los conflictos. Por ejemplo, en un delito grave de homicidio doloso, tendrá que ser el estado quien ejerza su potestad de aplicar la ley para castigar la conducta, en atención a que la mediación no está diseñada para tratar ese nivel de conflicto. Otro ejemplo podría ser en tratándose de personas que han sido diagnosticadas con trastornos de la personalidad o alguna enfermedad psíquicas, diagnosticadas perfectamente por un especialista.

La mediación no es un proceso informal

He escuchado muchos comentarios acerca de que la mediación es nada más sentarse a “platicar” sobre el problema y firmar acuerdos; así como irse a tomar un café y contarse la película que se acaba de estrenar en el cine. Eso no es así. La mediación es un procedimiento sistemático de gestión compuesto de principios, reglas, etapas, herramientas, técnicas y un especialista que lo lleve a cabo; cuya meta es ayudar a las partes a transitar en el conflicto del pasado al futuro para tomar acuerdos que beneficien a todos los involucrados. 

Bueno, estas son algunas de las interpretaciones, confusiones o falacias que se han divulgado en el entramado social respecto a la mediación y en general de los MASC. Considero que la mediación es más que una alternativa al proceso jurisdiccional. La mediación es un método innovador de conexiones humanas. Ahora, cada vez que tengas un conflicto con otra persona (sea el lugar en el que sea y de la naturaleza que sea), analiza bien la opcionalidad de la mediación para ayudarte a solucionarlo de una manera más tranquila, pacífica, rápida y consciente.

Muchas gracias por tomarte el tiempo de leerme. Si llegaste hasta aquí es porque algo  de lo que escribí se movió a tus emociones (coincidamos o no en las ideas). Y si quieres saber más acerca de la mediación déjame en los comentarios de mis redes sociales, ¿Qué es lo que te gustaría conocer acerca de la mediación para el próximo artículo?

Te deseo una excelente semana llena de muchos aprendizajes.

Innovación en la solución de conflictos

Parece que es más fácil imponer ‘penas más severas’ que cambiar al ser humano

– Josué Ferrer –

Era el año 2012 cuando comencé a litigar para un despacho jurídico. Honestamente nunca me ha gustado trabajar para alguien más. Prefiero ser el piloto de mi propia nave y no el copiloto de la nave de alguien. Y eso me impulsó a comenzar mi carrera de abogado litigante. Las primeras emociones por comenzar a ejercer mi profesión eran grandes. Inexperto, ingenuo, soñador un poco, todos los días me vestía con la firme intención de crear cambios significativos en ayudar a las personas para acceder a la justicia. Años atrás ya había realizado prácticas en un juzgado penal, y me di cuenta de la realidad de nuestro sistema de justicia, un poco deficiente, impreciso, tardado, caro y lleno de burocracia, simplemente era un sistema que ya no estaba ajustado a la realidad actual de esos años. Estando en la otra línea de la cancha, en el sector privado, me di cuenta que la manera de impartir justicia por parte del Estado era la misma y era más difícil aún poder realizar cambios significativos desde esa trinchera. Las expectativas que tenía en un principio terminaron convirtiéndose en displicencia, pero a la vez, despertó en mí la curiosidad por encontrar la manera de cumplir con mi meta.  

He encontrado en la mediación esa fórmula que estaba buscando desde el principio, aplicada en mi vida profesional pues en más de cinco años de experiencia he descubierto que la mediación es la respuesta a mi intención, a mi propósito, es el arma más eficiente para impartir una justicia efectiva, eficiente y verdaderamente imparcial. Se ha convertido en un destino sin retorno. 

Hablaré de mediación no como una alternativa. Tengo la convicción que la mediación no funciona nada más para servir como alternativa dentro del sistema de justicia en el mundo. Debe ser el jugador principal dentro de la cancha y no estar en la banca. Su multifuncionalidad le permite ingresar a los diversos sectores socio-culturales hasta el punto de crear una construcción social como producto de la interacción de las personas a la hora de resolver sus conflictos, creando significaciones compartidas y dejar de mirarla como una alternativa para convertirla en la opción prima de resolución de conflictos.

Hablar de mediación es como construir una mesa redonda con cuatro soportes: el proceso, la forma, la materia y el propósito; siendo la mediación el tablero redondo sobre el que deben incorporarse todos los elementos involucrados: el conflicto en su estructura de análisis (proceso, persona y problema); la comunicación, el mediador y/o mediadora, las partes, las emociones y el método de solución. Hago referencia a esta metáfora no para explicarla, sino para dejar de manifiesto que la asunción de esos elementos que conforman a la mediación debe estar estimulada por la innovación. Esta innovación debe estar vinculada a las nuevas realidades que nos exigen un cambio del sistema paternalista (obsoleto), a un nuevo sistema basado en la prerrogativa de crear valor en la vida de las personas, solucionar problemas de manera eficaz y eficiente, cubrir necesidades, de respetar su individualidad con el objetivo de conseguir un bien común no un bien personal. El tema central en este artículo es el conflicto y la comunicación; y la manera de cómo innovar en esa comunicación para solucionar el conflicto.

La innovación en la solución de conflictos va más allá de aplicar tecnologías super avanzadas, y menos acá de crear “penas más severas”. Innovar en la solución de conflictos es crear alternativas para tratar el conflicto desde otra perspectiva. Es adaptarnos a los cambios mundiales, sociales, tecnológicos sin perder la esencia y dignidad del ser humano. 

Las relaciones humanas son un complejo sistema basado en vínculos ya sea familiar, laboral o colectiva, y eso quiere decir que, vivir en comunidad también implica vivir en conflictos (por naturaleza), teniendo como herramienta principal para crearlos y solucionarlos también: la comunicación humana. Dentro de la comunicación, existe un axioma que dice: “Es imposible no comunicar”. Todo el tiempo los seres humanos nos comunicamos a través del habla, de nuestros gestos, movimientos corporales, de la escritura, señas, forma de vestir, de caminar, incluso, ideologías políticas, creencias religiosas, todo eso y más, expone nuestra comunicación al mundo. 

La mayoría de los conflictos se dan por falta de comunicación o una mala gestión en la comunicación; entonces, por sentido común, si el conflicto se da por falta de comunicación, la manera de solucionar ese conflicto es restaurando esa comunicación (y aclaro, en mediación buscamos restaurar la comunicación entre las personas, no necesariamente reconciliar relaciones, esto es opcional). Pero la pregunta es: ¿cómo restauramos esa comunicación? A través de un proceso que sea justo para las personas en el que prevalezca la manifestación expresa y equitativa de sus necesidades, preocupaciones, e intereses; a través del canal de la comunicación asertiva, de una escucha activa compuesta por la observación, la atención, la reflexión y la transformación y, del entendimiento recíproco del conflicto cuyo fin es tomar acuerdos que prevengan y/o solucionen conflictos. Todo eso, conjugado con una empatía auténtica y una visión al futuro positiva. 

Para la solución de conflictos hay que basarnos en una comunicación positiva, inclusiva, asertiva, que permita el acercamientos de las personas dentro de la sociedad y respete, a su vez, la individualidad, la voluntad y la dignidad de cada persona. Así, la cooperación, el diálogo, la escucha activa y adquirir un pensamiento crítico, flexible y de crecimiento, serán las gemas que unidas ayudarán a crear una comunidad más empática, más tolerante, más humana. Eso, para mí, es innovación comunicacional. 

La mediación es un método que aún está en construcción (social) para ser aceptada como un modelo primario de solución de conflictos aplicado en sus tres vertientes: preventiva, proactiva y reactiva. Un factor que ha influido mucho para que las personas rechacen esta nueva manera de solucionar conflictos a través del diálogo es la resistencia al cambio. Estamos acostumbrados al castigo y creemos que esa es la única opción y la más eficiente para construir un significado de paz.

La construcción de la mediación requerirá de adaptaciones acordes a nuestra realidad cambiante, a nuestra forma de comunicarnos, adecuándola incluso a la tecnología, pero nunca debemos dejar a un lado esa individualidad de las personas, su autonomía de la voluntad, y el respeto a la dignidad humana. Debemos empezar a conectar a los seres humanos entre sí. Y considero que debemos empezar por los más pequeños de casa: los niños y niñas. Inculcarles estos nuevos procesos cognitivos y de construcción emocional para la solución de conflictos y una comunicación más empática, asertiva y sin violencia. En conclusión, diría que ahí radica la innovación, en mejorar el sistema educativo de los niños y niñas; y no únicamente desde las escuelas, sino también en casa. Educándolos en técnicas y herramientas de comunicación efectiva, comunicación positiva, inclusiva, asertiva; enseñándoles a formarse un pensamiento crítico, flexible y de crecimiento,  que les ayude a consolidar relaciones humanas más conscientes basadas en una cultura orientada al ser.

Mediación Penal en México

Agradezco mucho tu tiempo que inviertes en leer mi artículo de hoy. Si has leído los anteriores te agradezco infinitamente que estés atento a lo que publico, y si de todo, hay algo que quieres aportar, para mí será un placer leer tus opiniones. Si este es el primero que lees, te invito a que leas los anteriores que he publicado y me digas que opinas al respecto. En esta ocasión nos vamos a poner un poco más técnicos, dejaremos de filosofar por un momento para dialogar acerca de la mediación penal dentro de la Ley Nacional de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Materia Penal (en adelante la Ley de MASC). 

A partir de las reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el año 2008, en materias de seguridad y justicia, se han generado grandes aportes doctrinales, legales, jurisprudenciales y sociales, tanto nacionales como internacionales, desde el punto de vista de quienes participan directa o indirectamente en los procedimientos penales o, conocen, poco o mucho, nuestro sistema de justicia penal en México. En ese sentido, a doce años de dichas reformas, que marcaron un avance en nuestro sistema de justicia, existe un tema que a nivel nacional empieza a permear todo el sistema de justicia en México, los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias, y no me refiero solamente aplicados en el ámbito penal, sino en general a todo el sistema de justicia en México, pues el 15 de septiembre de 2017, se adiciona el actual párrafo tercero que prevé la aplicación de los Mecanismos Alternativos en materias distintas a la penal, cuya iniciativa de ley aún se encuentra en revisión (de la cual posteriormente vertiré mi opinión). Pero para efectos del presente artículo, nos abocaremos únicamente a los Mecanismos Alternativos en materia penal, como una de las salidas alternas al procedimiento penal y que de la misma manera, es un tema controversial, pues ha generado diversificación de miradas a la hora de aplicarlos, partiendo de la premisa que el Derecho Penal busca, más que la reparación del daño, la sanción punitiva del Estado para la persona que cometió el delito, entonces, cómo siempre lo he puntualizado: lo que el derecho penal es para el victimario, la justicia restaurativa y la mediación penal son para la víctima y la comunidad.

La reforma al artículo 17 constitucional de fecha 18 de junio de 2008, específicamente, en materia de mecanismos alternativos de solución de controversias en materia penal, cuyo párrafo quinto, se desarrolló una serie de mecanismos que han revolucionado el método de solucionar los asuntos penal de la forma más simplificada, rápida y económica para las partes involucradas en el delito, sin la necesidad de agotar todo el procedimiento penal hasta la etapa de juicio oral y esperar la sentencia por un delito que por su poca o nula trascendencia social puede ser solucionado a través del diálogo. Tales mecanismos se desarrollan bajo la premisa de lograr un acuerdo mutuo entre las partes, garantizando siempre el pago de la reparación del daño para la víctima, cumpliendo así, con el principio procesal, y derecho humano, de acceso efectivo a la justicia, de una manera imparcial, pronta y expedita.

La Ley de MASC fue publicada el 29 de diciembre de 2014, y podría considerarse como la Ley prima de los Mecanismos Alternativos, pues fue la primera en regular la aplicación y el procedimiento de desahogo de la conciliación, la mediación y la junta restaurativa como soluciones alternas al procedimiento penal, guiados por un facilitador o facilitadora, en los que convergen un cúmulo de emociones, sentimientos, pensamientos y demás factores endógenos y exógenos que permean los actos de las personas involucradas en el hecho delictivo, antes, durante y después de la comisión del mismo; así como antes, durante y después de haber participado en un proceso de conciliación, mediación o junta restaurativa..

Tocante a la mediación, la Ley de MASC resulta ser tal vez un poco ambigua y en cierto modo confusa, pues conforme al concepto literal de ‘mediación’ se prevé que: “Es el mecanismo voluntario mediante el cual los Intervinientes, en libre ejercicio de su autonomía, buscan, construyen y proponen opciones de solución a la controversia, con el fin de alcanzar la solución de ésta. El Facilitador durante la mediación propicia la comunicación y el entendimiento mutuo entre los Intervinientes”.

El concepto que el artículo nos da, simplifica lo que es la mediación en términos generales, pero no define lo que es la mediación en materia penal, puesto que del concepto se desprende que no hace referencia específica sobre quienes son los intervinientes y al tratarse de un delito, debería ser claro en la identificación de estos pues no debemos pasar por alto que, en un hecho delictivo existe una persona (victimario) que cometió la conducta delictiva en contra de otra persona (víctima). Por lo tanto, el concepto de mediación debe ser con un enfoque penal, es decir, que al tratarse de un conflicto que se da por una situación de peligro que afecta en todos los sentidos a la víctima haciéndola vulnerable a los efectos y consecuencias, la lógica indica que debe ser la justicia alternativa a través de la mediación penal  (y no el derecho penal, pues este se encargará de imponer una pena o medida de seguridad al victimario), quien se encargue de abordar el conflicto desde la perspectiva socio emocional de esos efectos y consecuencias producidas por el victimario, cuya finalidad es que este se responsabilice de su conducta y garantice el pago de de la reparación del daño a favor de la víctima. Este modelo de mediación penal se diferencia del resto de los modelos de mediación como el civil o familiar, pues no se trata de un conflicto co-construido, en el que normalmente, existen aportes de ambas partes que contribuyen al nacimiento y crecimiento del conflicto. Por esa razón, considero que el concepto de ‘mediación’ que señala la Ley de MASC debe ser reformado, incluyendo elementos característicos y exclusivos de la mediación penal.

Algo que la mediación penal pretende alcanzar, es brindarles a las personas involucradas en el delito, la posibilidad de ser ellos quienes resuelvan de manera directa y activa el conflicto penal, sin la intervención de la autoridad jurisdiccional (claro, en aquellos delitos que sean susceptibles de ello), pero sí con el acompañamiento del especialista en mecanismos alternos denominado facilitador. Así pues, la opción que tiene cada sujeto de la sociedad, de tomar las riendas de su vida con amplio sentido de responsabilidad y, a través del diálogo, para ser partícipes activos en el esclarecimiento de los hechos delictivos para encontrar la verdad de los hechos, crea un avance significativo para el desarrollo humano y social en la sociedad mexicana, así como del mismo sistema de justicia penal en México.

La importancia de la participación de las personas en mediación.

“Es esencial que recuerdes que la atención que le des a cualquier acción debe ser proporcional a su valor”

– Marco Aurelio –

Aún recuerdo con cierto temor, ansiedad, presión, nervios y un crisol de emociones que perturbaban mi mente en ese momento. Fue mi primera sesión de mediación en la Fiscalía del Estado de Oaxaca. Cómo olvidar que media hora antes de la cita yo pedía al universo que no llegaran las personas citadas. Miraba el reloj y el tiempo era cada vez más rápido. La última vez que fui al baño (después de miles de veces) al regresar a la sala de mediación, ahí estaba en espera la persona que había sido citada. Un señor mayor de 57 años de edad con un semblante en el rostro, muy serio como quien se molesta por haberle interrumpido su tiempo de lectura. Pensé en el instante, que seguramente no aceptaría participar en la mediación. Pasamos a la sala de mediación para explicarle en qué consistía el proceso, la razón de la cita, la intención, la finalidad, mi rol como facilitador, el rol de las personas citadas y, después de haberle respondido algunas dudas que tenía y de haber escuchado su historia me dijo: “Está bien, sí acepto participar, me interesa escuchar directamente de Mike lo que está pasando” En ese momento ya no había vuelta atrás, ya me había aventado del avión y sin paracaídas. Pase a la sala de mediación al señor Mike y estando reunidos en la sala de mediación los tres, los señores John y Mike (los nombres reales han sido sustituidos), y un servidor como mediador, dimos inicio a la sesión de mediación por un conflicto vecinal. Después de 1 hora y 50 minutos, terminada la sesión, los señores se pararon de sus asientos y con una sonrisa en el rostro de ambos (y más de quien creía más enojado al principio), con un apretón de manos y un abrazo me agradecieron por haberlos ayudado. En ese momento la sensación de satisfacción, asombro y gusto  me llevaron a darme cuenta de tres cosas: La primera, que la mediación como un método de solución de conflictos es imperante en la vida del ser humano. La segunda, de lo importante e imprescindible que es acercar a las personas que están dentro del huracán del conflicto a ejercer sus derechos de participación, de diálogo y de auto gestión activa, tanto de sí mismos como de su propio conflicto. Y la tercera, la motivación y la razón que encontré en la mediación como la manera más pura y humana de ayudar a las personas a transformar sus vidas.

Después de haberte contado esa anécdota, sostengo la importancia que tiene la mediación de ayudar a las personas a resolver sus conflictos personales de una manera más rápida, cómoda, y acercarlas personalmente para ser ellas directamente quienes decidan (sin intermediarios), la solución a su conflicto, atendiendo a sus necesidades, intereses y preocupaciones; siempre, desde una perspectiva de equidad, cooperación, respeto y responsabilidad. 

Ahora bien, debemos saber que el conflicto se estructura de 3 elementos imprescindibles: La persona, el proceso y el problema. Pero para efectos de este artículo, nos abocaremos únicamente en el primer elemento que es: La persona.

Las personas, son el motor de búsqueda principal para conocer las raíces del conflicto. Naturalmente, sin personas no habría conflictos. Hay una connotación sobre el conflicto que refiere que este es inherente al ser humano, por esa razón no puede evitarse, predecirse y/o negarse. En los procesos de mediación y, en general, en todos los MASC, se privilegia la participación activa de las personas. En comparación con un proceso jurisdiccional, en la cancha de mediación las personas son los protagonistas del juego, no hay intermediarios, salvo casos específicos. Este protagonismo de las personas dentro del proceso de mediación es fundamental para que nazca a la vida restaurativa. Las personas son parte del engranaje que conforma el motor de la mediación y con ellas se hace posible subsanar relaciones para el futuro. La persona como ‘componente’ del conflicto está conformada a su vez de 3 factores: la voluntad, las necesidades y el objetivo

La voluntad es una cualidad primigenia del ser humano. La voluntad es la autonomía de decidir libremente por aquello que, en general en nuestra vida, cumple con nuestros propósitos, metas y objetivos. En ese sentido, el proceso de mediación se lleva a cabo por decisión de las personas y no por obligación, la ventaja de esta decisión es que te da la libertad de decidir sobre la solución al conflicto, esta es la opción más suprema que tienen las personas dentro de la mediación. Pero, ¿esa voluntad cómo se proyecta? La respuesta es, a través de la voluntariedad. La voluntariedad es el proceso de selección de aquellas alternativas que tenemos sobre la mesa para cumplir con esos propósitos, metas y objetivos. Este factor de la voluntad no es tarea sencilla de desarrollar, para los casos de mediación, obtener la voluntad de las personas para aceptar participar en el proceso implica un método de persuasión, y algunos de ustedes dirá: “Josué, ¿me estás diciendo que para que las personas acepten la mediación tenemos que persuadirlos primero? ¿Eso se podría confundir con manipulación no crees?” Lo sé, se puede confundir, sin embargo, mi labor como mediador es influir en su decisión atendiendo a lo que necesita, más no manipularlo atendiendo a mi interés de que acepte participar. Podríamos escribir un artículo exclusivamente sobre la voluntad, yo también tengo muchas dudas sobre esto. 

Las necesidades de las personas están íntimamente ligadas a los sentimientos de seguridad, tranquilidad, confianza, idealizar, merecer, ser, hacer, tener; entre otras muchas tal vez. Fomentar la expresión de las necesidades es básico dentro de la mediación para arribar a solucionar el conflicto. Esa expresión debe ser un proceso justo y equitativo para las personas. Un proceso que debe respetar esa expresión sobre el ‘¿cómo me siento?’, ‘¿qué pienso?’ y ‘¿qué necesito?’; de proponer respuestas resolutivas a esos cuestionamientos y satisfacerlos en la mayor medida posible; subsanando además, todas las preocupaciones que el conflicto les ha engendrado desde el inicio.

Las personas que participan en la mediación enmarcan en su mente el objetivo de solucionar el conflicto, diríamos que es el primer interés en común que tienen. Y para lograr eso se requiere de cooperación. La cooperación es talante en la mediación y si no subsiste, simplemente no estaríamos hablando de mediación, aún cuando las personas lleguen a tomar acuerdos. Y no me refiero a firmar un papel que contiene un montón de letras llamado ‘acuerdo’, sino va más allá de eso, se trata de mejorar las relaciones de manera personal, viajar a nuestro interior, y mejorar las relaciones con los demás. Esto no implica que todos los que resuelven el conflicto salen siendo los mejores amigos del mundo, no siempre se da así, tampoco es el objetivo principal; pero al menos, llegan a comprender que existen mejores alternativas de solucionar sus conflictos si tienen la oportunidad de poder expresarse de manera responsable y empática.

La mediación, me atrevo a decir que es un modelo de educación socio-emocional para las personas, ya que, al final, les ayuda a comprender y, en el mejor de los casos, a desarrollar valores como la empatía, la tolerancia, el respeto, la solidaridad, la cooperación, a potenciar su autonomía, aprender a resolver conflictos que en el futuro lleguen a tener,  y mejorar sus relaciones con sigo mismo y con las personas que forman parte de su comunidad.

Y para concluir, tomando en cuenta lo anterior podrías decirme: “Josué, ¿me estás diciendo que la mediación me ayuda a cambiar mi manera de pensar y de actuar? En alguna medida sí. “¿No crees que parece una locura?” Locura no, utopía tal vez sí. Pero entiendo que como seres humanos somos resistentes al cambio, no por voluntad, sino por miedo. Y ojalá algún día nos encontremos en una sesión de mediación para que experimentes en carne propia a lo que me refiero. Y no pienses que te deseo el mal y que tengas todos los conflictos posibles para vernos en mediación; pero, sencillamente, el conflicto es inherente a nosotros. Si lo piensas bien, el primer conflicto que tenemos al nacer es no querer salir del vientre; nuestro entorno acaba de cambiar y por eso lloramos. 

Espero haber aportado un poco de valor a tu día. Si crees que esto puede ayudar a alguien puedes compartirlo. ¡Muchas gracias por leer!

El rol del mediador y mediadora

“Los mediadores no eligen los conflictos en los que se involucran, sino que las partes en conflicto eligen al mediador”

-Martti Ahtisaari-

Mi primer acercamiento con la mediación fue en el año de 2014, a través de un citatorio proveniente del Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (en ese entonces era la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca), que le hicieron llegar a una persona que asesoraba como abogado litigante en ese entonces. Ante la incertidumbre de la persona que llegó a mí para saber la finalidad de la cita, me surgió la curiosidad de saber más acerca de los procesos de mediación pues mi realidad era que no los conocía. Inmediatamente, me avoqué a investigar más acerca de ello y en el proceso de investigación descubrí que el propósito de mi vida y de mi profesión me estaba esperando allí, en la mediación. ¿Intuición?, ¿Corazonada?, ¿Motivación?, no lo sé, sólo sé que la atracción por adentrarme en ese mundo era imprescindible. En atención al citatorio, acudí como representante de la persona requerida (obviamente, no me dieron información por no ser yo el requerido), lo más curiosos de ese momento fue que al entrar al edificio del Centro de Justicia Alternativa, la atracción que sentí por el lugar invadió mis sentidos eminentemente. Al salir de allí, me prometí que ingresaría al centro a como diera lugar. Meses después, en junio de 2015, logré incorporarme al Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía como conciliador. A partir de ahí, con una mente ingenua, sin conocimiento de los procesos, pero lúcida y soñadora, comenzó mi sendero por la mediación,  con el firme compromiso de prepararme constantemente. Fue aquí donde descubrí que soy autodidacta. Y agradezco profundamente a la Fiscalía porque fue el lugar en el que nací profesionalmente, pues no hay mejor lugar para aprender mediación que en Fiscalía. Sumado a ello, durante ese tiempo conocí a personas excelentes que compartían (y comparten), la misma pasión que siento. Hoy, a poco más de 5 años, reafirmo cada día que la mediación y la justicia restaurativa es y será, el mundo en el que pretendo desarrollarme y seguir creciendo, tanto personal como profesionalmente, y no como una visión nada más conveniente a mis intereses, sino como una visión universal en la que, utópicamente, el mundo puede mejorar a través de mejorar su comunicación y sus relaciones interpersonales y sociales, tanto en las naciones como en todo el mundo. 

A lo largo de estos 5 años, he descubierto (desde mi experiencia), que la función de la persona mediadora debe sostenerse en cuatro pilares fundamentales: 1) pasión, pasión por ayudar a la gente todos los días; 2) vocación, de servir a los demás para su beneficio y no por conveniencia propia; 3) Misión,  de ayudar a las personas a crear conexiones más humanas a través de una comunicación asertiva y mejorar sus relaciones personales y; 4) preparación, en sus dos canales: personal y profesional. Es importante que la persona que desee ejercer como mediador o mediadora, debe primero dirigir su preparación hacia su propio crecimiento personal, y para ello, debe aprender a desarrollar 3 cualidades específicas: atención plena, percepción y reflexividad. La atención plena, es la capacidad de estar completamente concentrados en una actividad sin que otros pensamientos ajenos nos distraigan. Pero, Josué ¿Para qué me sirve la atención plena en mediación? Para poder ayudar a las partes a crear una secuencia de los hechos puntualizada y construir una historia que sea coherente para las partes; identificar sus intereses, necesidades y preocupaciones, tanto individuales como en común. La percepción, implica la capacidad de percibir el conflicto desde distintas variantes, es decir, no dejarse influir por juicios de valor, percepciones o experiencias pasadas, y mirar el mismo suceso con distintos enfoques con la finalidad de poder desarrollar estrategias de intervención para gestionar el conflicto y ayudar a las partes a crear opciones a priori para solucionarlo. Y la reflexividad, entendiéndose como  la capacidad de observar, analizar los pros y los contras, y ayudar a las partes a tomar acción para construir un futuro más dinámico positivamente. En mediación, es muy importante que el mediador sea reflexivo sobre las narrativas de las partes para valorar la situación y establecer una estrategia de acción (a través de sus técnicas y herramientas de comunicación), que le ayudará a abordar y gestionar el conflicto de una forma más objetiva, estratégica e inmediata. Por último, la preparación profesional del mediador y mediadora debe ser  constante, continua y perpetua, dirigida al estudio teórico y práctico de todos los matices que se compone la mediación, pues está más que claro, que la mediación es multidisciplinar, y esto implica que cualquier profesionista, independientemente de su carrera o profesión, puede ser mediador. La mediación no le pertenece al Derecho, no es exclusiva de los abogados. El Derecho nunca ha firmado un título de propiedad con la mediación.

Por otro lado, la persona mediadora debe demostrar siempre una actitud proactiva y neutra que le permitirá acercarse al cumplimiento de su objetivo que es, servir como un puente de construcción de comunicación y paz para que las personas puedan construir acuerdos de solución pacíficos en beneficio de todos los involucrados, de una manera más humana, empática y responsable.

Un aspecto muy importante que hay que resaltar es que, la participación del mediador dentro del proceso de mediación estará condicionado a la confianza que genere entre las partes, es decir, que las partes tienen la libertad de decidir si la persona designada como mediador o mediadora, será quien lleve a cabo el desarrollo del proceso. Básicamente, las partes en el conflicto eligen al mediador y no el mediador elige sobre qué conflicto quiere intervenir, puesto que el conflicto pertenece a ellas y por consiguiente, son las únicas responsables de su conflicto, de sus consecuencias y de su solución a través de la asunción de responsabilidad. Esto, le otorga protagonismo a las partes (y no al mediador como muchas veces se cree), respetando en todo el proceso su autonomía de decidir (pues la naturaleza de la mediación así lo manda), y además, les brinda la garantía de que su conflicto será gestionado por un mediador o mediadora con objetividad apegada a los principios de imparcialidad, equidad, neutralidad, honestidad y legalidad.

Como podemos observar, la tarea del mediador y mediadora es una labor loable que debe ejercer todos los días en su vida personal y profesional. ¿Es una labor difícil? Sin duda, sobre todo aplicarla, primero, en el ámbito personal (familia, amigos, trabajo, vecinos), que es en donde debemos ser coherentes con lo que profesamos, pero nuestra naturaleza humana nos incita muchas veces a actuar desde una postura como parte y no como mediador. Pero somos, todavía, una comunidad pequeña que confía en la nobleza del ser humano, en su raciocinio y en su liderazgo para cambiar al mundo.

La horizontalidad de los MASC

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”

– Mario Benedetti –

Personalmente, desde que inicié mi camino en los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (en adelante los MASC), entendiendo por estos a la conciliación, mediación y junta restaurativa, he apostado al todo por todo a ellos, y es que, si me preguntan: Josué ¿por qué confías en los MASC? yo respondería simple y llanamente, “porque funcionan”. Contrario a ese punto de vista, me he encontrado con personas, amigos y colegas, que no comparten la misma visión, y esto lo confirmé hace 2 años, aproximadamente, con un amigo de la Universidad y también mi colega, pues también es abogado, que no veía desde hace 8 años. Después de un genuino y afectuoso saludo dentro del recinto de los Juzgados Civiles en la Ciudad de Oaxaca, salieron la típicas preguntas de: ¿Cómo estás?, ¿Cómo te ha ido? y sin obviar las respuestas, nos dispusimos a platicar mientras esperábamos pacientemente a que el actuario me notificara de un acuerdo y él, a que llegara la hora para su audiencia familiar. En ese conversatorio, salió a relucir el tema de los MASC. El debate se intensificó cuando, él un poco escéptico, decía que con los MASC se perdería la naturaleza jurisdiccional del Estado que, básicamente, consiste en que este es el único facultado (soberanamente) para resolver litigios con bases probatorias desahogadas en el desarrollo de un juicio llevado ante tribunales dirigidos por jueces, para, con base en ellos y de acuerdo a su expertis, criterios y conocimientos legales, dictar el fallo para cumplir con su cometido, que es, mantener el orden en la comunidad, hecho que no puede ser trasladado a los particulares. Después de 15 minutos entre argumentos de ambos lados (como juego de ping pong), llegó la hora de retomar nuestras labores dentro del juzgado sin poder concluir ese agradable debate. 

Después de esa anécdota, analicé que si bien es cierto, el Estado cuenta con la soberanía para responder y solucionar los conflictos que surgen entre particulares, más cierto es que, esa solución se desarrolla de manera piramidal, de manera jerarquizada, y con una configuración paternalista, consistente en llevar con la autoridad nuestro conflicto para que sea ‘papá estado’ quien lo resuelva por nosotros. Ahora bien, tomando en cuenta a los MASC, se ha demostrado que son la alternativa más idónea para resolver conflictos de una manera más equilibrada a través de prácticas que convierten a las personas en protagonistas de su propio conflicto, de esa manera, estamos hablando que los MASC, a diferencia de la verticalidad de la función jurisdiccional del estado, ejercen una justicia horizontal, una justicia transversal que incluye a todos los sujetos del conflicto y del Estado. 

Ahora bien, para señalar algunas referencias diferenciadoras entre la función jurisdiccional del Estado y la función restaurativa de los MASC (nos enfocaremos en materia penal ya que es la que actualmente se encuentra regulada por la ley nacional de MASC en materia penal), conviene señalar la similitud que existe entre ambas, y es que en ambas convergen los mismos sujetos: víctima, ofensor, comunidad y estado. Sin embargo, para señalar las diferencias, nos basaremos en los siguientes intereses y sus respectivas respuestas:

FUNCIÓNJURISDICCIONALFUNCIÓNRESTAURATIVA
INTERÉSRESPUESTAINTERÉSRESPUESTA
VÍCTIMA¿Quién recibió el daño?Al final (en sentencia) el Estado dicta el pago de la reparación del daño¿Cuáles son sus necesidades?Seguridad y reparación del daño
OFENSOR¿Quién cometió el daño?Impone una pena o castigo¿Cuáles son sus necesidades?Reintegración y responsabilización
COMUNIDAD¿A quién voy a proteger?El MP es el representante de la sociedad¿Cuáles son sus necesidades?Seguridad y contribuir a reintegrar a la víctima y al ofensor
ESTADO¿Qué fue dañado?Protege bienes jurídicos tutelados.¿Cuál es su intervención?Se respeta su potestad de juzgar la conducta delictiva

Como podemos observar en la tabla, la función restaurativa de los MASC se centra en la satisfacción de las necesidades de las personas, de esa manera, la justicia es vista como una facultad personal de cada ser humano y no del Estado; esto no quiere decir que los MASC pretenden suprimir o dejar a un lado la potestad del Estado de ejercer su función jurisdiccional, sino que, sirve de reforzamiento a este, ya que, lo que los MASC buscan es satisfacer la necesidad de las víctimas por medio de la responsabilización del ofensor y así alcanzar una reparación del daño más centrada en la conciencia, y desarrollada desde el aspecto natural-humano, sin imposición, ni mucho menos ser vista como un castigo. 

A manera de conclusión, la diferencia que existe entre la función jurisdiccional del Estado y la función restaurativa de los MASC, radica en la presencia de los sujetos en función de su intervención, de esa manera, en tanto que en la primera, la justicia se ejerce con base en la verticalidad donde, por jerarquía, se encuentra primero el Estado, después ofensor, y dejando al último a la víctima y a la comunidad; en la segunda todos los sujetos actúan de una manera más equilibrada, horizontal y transversal, convirtiéndose en una justicia más inclusiva, equitativa y respetuosa de los Derechos Humanos de las personas.

¡El mundo los necesita!

“El éxito no se trata de cuánto dinero ganas, sino de la diferencia que haces en la vida de las personas.”

-Michelle Obama –

Estudié Derecho con la firme intención de aportar un gran valor en la vida de las personas ayudándoles a mejorar su calidad de vida tratando de aligerar las cargas emocionales que implican los procesos judiciales. Durante mis estudios universitarios, y haciendo prácticas en un juzgado penal, descubrí que las víctimas de delitos eran quienes más atención requerían y eran a quienes menos interés se les brindaba, allí comprendí que ese no era el lugar indicado para conseguir lo que quería, y fue a partir de allí donde comencé a buscar la vía idónea para ayudar a las víctimas y, en general, a las personas más vulnerables. Posteriormente, decidí litigar pero descubrí que la burocracia, las formalidades excesivas (y muchas veces innecesarias), me impedía lograr mi objetivo, pues era todavía más complicado lograrlo estando de ese lado del tablero. Y en ese caminar para encontrar la práctica indicada que me llevara a crear un ambiente seguro para las personas, llegué a la intersección de la justicia donde encontré a los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias, y así, desde hace poco más de 5 años, tomé el tren de la resolución de conflictos pacífica con destino a un mundo de paz (aunque suene a utopía), convirtiéndose la mediación y la justicia restaurativa, la trinchera desde la cual empezaría a marca una diferencia en la vida de las personas, siendo esta mi causa más profunda hasta ahora, mostrar a las personas que la justicia no reside en los Tribunales, sino en el interior de cada ser humano.

Hago hincapié en lo anterior, recordando mis inicios en la mediación y la justicia restaurativa, ya que este fin de semana se llevó a cabo el primer Concurso Estatal en Oaxaca de Mediación y Justicia Restaurativa, en el cual, tuve el privilegio de asesorar (por segunda ocasión) a dos jóvenes increíbles, estudiantes de Derecho, y con un sentido de compromiso elevado con ellas mismas. Son dos mujeres con un espíritu que posee grandes regalos para los demás, y su mayor regalo es entregar su pasión a sus causas personales, y eso es algo que vale más que cualquier primer lugar. 

Lo que más les reconozco a ambas, durante los dos días que duró el concurso, y durante los días y las muchas horas incesantes de prácticas, fue el valor de compromiso que demostraron, lo enorme que han crecido en mediación porque la calidad de profesionalismo que mostraron es digna de llevarlo a la vida real. Me llenan de orgullo lo que han logrado y sobre todo, por lo que me enseñaron en estos días, en lo profesional y en lo humano, porque en cada retroalimentación de las prácticas aprendía cosas nuevas con ellas; me recordaron que aprender es una actividad que no termina con la universidad, me enseñaron durante estos días que el mejor premio no es el primer lugar, porque eso es efímero, sino el tiempo compartido, las risas, los nervios, la felicidad, el apoyo, el compromiso, la disciplina, las reflexiones, la curiosidad de aprender y saber más. Aprender con ellas, me hizo recordar la pasión constante que desde mis inicios he sentido por la mediación, por la perpetua y constante voluntad de seguir aprendiendo y mejorando. 

Con ello, queda demostrado que la idea de la cultura de paz, de los mecanismos de solución de conflictos, de la mediación y la justicia restaurativa, está ganando terreno en nuestro País, aunque lentamente, pues la práctica de estos mecanismos es a paso lento y sigue siendo un reto, pero también, es loable que se incluya, tempranamente, a la comunidad estudiantil, pues de esa manera pueden expresar su simpatía y hacer contribuciones muy grandes para estimular ese desarrollo y formar raíces profundas en ellos sobre la solución pacífica de conflictos.  

A ustedes, Sarahí Reyes y Miyoshi Zaragoza, felicidades no por el primer lugar, sino por la esencia de su corazón cálido y su valentía conmemorable. Admiro sus logros y esfuerzos. ¡El mundo las necesita! El mundo necesita a todos los niños, niñas y jóvenes para crear verdaderos lideres que ayuden a otras personas a mejorar sus vidas.

¿Es la mediación una filosofía?

“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de la práctica” – Séneca –

Hace algunos meses, una noche de abril para ser exactos en el mes aunque no en el día, siendo las 2:15 am aproximadamente, estaba sentado en una silla del comedor leyendo “Meditaciones” de Marco Aurelio, con la luz del comedor únicamente encendida, y frente a mi, una taza de café Blasón sin azúcar, un poco frío pues ya tenía más de media hora allí, el clima era cálido dada la hora y la estación del año. En ese instante, escuché la puerta de la recamara que se abría, bendita puerta que me servía de señal, y escuche pasos aproximándose a mi ubicación, tomé la taza y con un sorbo de café como para tomar valor, ví a mi esposa acercarse del otro extremo de la mesa, todavía dormitaba con los ojos entrecerrados por el destello de luz del comedor y con una voz ronca y muy seria me preguntó: ¿Qué haces despierto tan tarde? a lo que respondí, de la misma manera, en tono serio, leyendo; ¿la razón de la mutua seriedad? era que muchas horas atrás, habíamos tenido una discusión más intensa que fuerte que nos orilló a dejar de hablarnos, pero que, en lo personal, en ese preciso momento, verla parada frente a mí, me llevó a formularme mentalmente la siguiente pregunta: Josué, ¿Cómo deseas que sea tu relación con ella el día de mañana? Esa pregunta, y muchas otras, me llevaron a reflexionar acerca de lo que había pasado horas antes, de mi actitud, de mis ofensas, de mis acciones, y también, me llevaron a cuestionarme ¿Qué es lo correcto que tengo que hacer ahora para mejorar la relación con mi esposa? Y ahora, he descubierto que de no haberme hecho esas preguntas, y otras, seguramente no estuviera escribiendo esto en este momento. 

Este relato lo cuento como introducción a la frase de Séneca, ya que por más de cinco años he leído y estudiado, teóricamente, acerca de mediación, justicia restaurativa, solución de conflictos, cultura de paz, comunicación no violenta, en fin, todo el entramado cultural y teórico de la resolución de conflictos, que sin duda he aplicado cientos de veces en un plano profesional pero bueno, siendo honesto, conmigo y con ustedes, era algo que no había comprendido a conciencia porque ahora sé que no se veía reflejado en la relación con mi esposa; todas esas herramientas, técnicas y teorías que predica la solución de conflictos, pareciera que habían sido depositadas todos los días en el buzón de mi casa antes de entrar, y como bien decía mi abuela materna, era “Candil de la calle, obscuridad de mi casa” y pues sí, me cuesta pero lo admito, así era; por lo tanto, debemos ser el primer ejemplo en aquello que predicamos.

A partir de esa introspección, de ese viaje interno que realice y que he aprendido a vivenciar todos los días, he comprendido que  aplicar, pragmáticamente, todas aquellas teorías, técnicas y herramientas de comunicación que la mediación y la justicia restaurativa me ha enseñado, me han ayudado en gran medida a transformar la relación con mi esposa y mejorar la comunicación con ella, con las personas que me rodean y que sigo aprendiendo a hacerlo en el resto de mi familia, porque mejorar la comunicación y la relación para con los demás es una tarea que requiere paciencia, tolerancia, respeto y saber valorar esas relaciones.

Ahora, la filosofía, según yo, más que un concepto o una definición, es un saber, un saber que nos hace seres humanos más críticos, más curiosos, más reflexivos. La filosofía nos enseña a abrir nuestra caja mental para tener la capacidad de pensar por nosotros mismos, de preguntarnos sobre las cosas más raras de la vida pero que a su vez nos complementan y, de dialogar con uno mismo para reflexionar aquello de lo que pensamos y nos preguntamos para encontrar soluciones que nos lleven a actuar, tomando en cuenta siempre, que como parte de una sociedad, debemos respetar a los demás. A este proceso mental le llamo “diálogo filosófico intrapersonal”

Bajo esa premisa, considero que la mediación es una filosofía de vida y en eso, no es diferente con otras filosofías o, incluso, religiones, ya que cada una se compone de dos elementos primordiales que son, la metafísica y la ética; el primero, nos ayuda a comprender cómo funciona el mundo y, el segundo, dicta cómo nos comportamos en ese mundo.  La mediación como filosofía, me ha enseñado que existe un valor que es muy importante para el ser humano, y es la colaboración, nuestra naturaleza nos ha creado como seres completamente sociales y como tales tenemos que aprender a convivir con los demás, aunque, muy pocas veces nos enseñan en casa a convivir de la mejor manera, y me refiero a una manera sana, positiva, empática, es decir, buscar un equilibrio entre emoción y razón para beneficio de todos. Y si bien es cierto, que cada persona debe ser respetada en su individualidad, también es cierto que, cada quien debe aprender a superar esa individualidad para buscar el bien común, ser capaz de pasar del “yo” al “nosotros” y, ese camino, muchas veces no es sencillo recorrerlo. Afortunadamente, en mi caso, he encontrado en la mediación y la justicia restaurativa la manera de cómo andar en ese sendero y encontrar las respuestas a las preguntas que me formulo día a día, porque la mediación se ha convertido para mí en una manera de orientarme en la vida.

La mediación no es solamente una técnica para solucionar conflictos o una alternativa al proceso judicial para aligerar cargas laborales de los tribunales; no pertenece a los sistemas de justicia, el Estado no la inventó, tampoco le pertenece, es para las personas y pertenece a ellas. La mediación es una filosofía de vida porque nos enseña a vivir en sociedad, a desarrollar habilidades socioemocionales que forma una red de apoyo para aquellos que quieren mejorar sus relaciones interpersonales y formar seres humanos más empáticos, más compasivos, más solidarios, más tolerantes y más responsables de sí mismos.

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