La importancia de la participación de las personas en mediación.

“Es esencial que recuerdes que la atención que le des a cualquier acción debe ser proporcional a su valor”

– Marco Aurelio –

Aún recuerdo con cierto temor, ansiedad, presión, nervios y un crisol de emociones que perturbaban mi mente en ese momento. Fue mi primera sesión de mediación en la Fiscalía del Estado de Oaxaca. Cómo olvidar que media hora antes de la cita yo pedía al universo que no llegaran las personas citadas. Miraba el reloj y el tiempo era cada vez más rápido. La última vez que fui al baño (después de miles de veces) al regresar a la sala de mediación, ahí estaba en espera la persona que había sido citada. Un señor mayor de 57 años de edad con un semblante en el rostro, muy serio como quien se molesta por haberle interrumpido su tiempo de lectura. Pensé en el instante, que seguramente no aceptaría participar en la mediación. Pasamos a la sala de mediación para explicarle en qué consistía el proceso, la razón de la cita, la intención, la finalidad, mi rol como facilitador, el rol de las personas citadas y, después de haberle respondido algunas dudas que tenía y de haber escuchado su historia me dijo: “Está bien, sí acepto participar, me interesa escuchar directamente de Mike lo que está pasando” En ese momento ya no había vuelta atrás, ya me había aventado del avión y sin paracaídas. Pase a la sala de mediación al señor Mike y estando reunidos en la sala de mediación los tres, los señores John y Mike (los nombres reales han sido sustituidos), y un servidor como mediador, dimos inicio a la sesión de mediación por un conflicto vecinal. Después de 1 hora y 50 minutos, terminada la sesión, los señores se pararon de sus asientos y con una sonrisa en el rostro de ambos (y más de quien creía más enojado al principio), con un apretón de manos y un abrazo me agradecieron por haberlos ayudado. En ese momento la sensación de satisfacción, asombro y gusto  me llevaron a darme cuenta de tres cosas: La primera, que la mediación como un método de solución de conflictos es imperante en la vida del ser humano. La segunda, de lo importante e imprescindible que es acercar a las personas que están dentro del huracán del conflicto a ejercer sus derechos de participación, de diálogo y de auto gestión activa, tanto de sí mismos como de su propio conflicto. Y la tercera, la motivación y la razón que encontré en la mediación como la manera más pura y humana de ayudar a las personas a transformar sus vidas.

Después de haberte contado esa anécdota, sostengo la importancia que tiene la mediación de ayudar a las personas a resolver sus conflictos personales de una manera más rápida, cómoda, y acercarlas personalmente para ser ellas directamente quienes decidan (sin intermediarios), la solución a su conflicto, atendiendo a sus necesidades, intereses y preocupaciones; siempre, desde una perspectiva de equidad, cooperación, respeto y responsabilidad. 

Ahora bien, debemos saber que el conflicto se estructura de 3 elementos imprescindibles: La persona, el proceso y el problema. Pero para efectos de este artículo, nos abocaremos únicamente en el primer elemento que es: La persona.

Las personas, son el motor de búsqueda principal para conocer las raíces del conflicto. Naturalmente, sin personas no habría conflictos. Hay una connotación sobre el conflicto que refiere que este es inherente al ser humano, por esa razón no puede evitarse, predecirse y/o negarse. En los procesos de mediación y, en general, en todos los MASC, se privilegia la participación activa de las personas. En comparación con un proceso jurisdiccional, en la cancha de mediación las personas son los protagonistas del juego, no hay intermediarios, salvo casos específicos. Este protagonismo de las personas dentro del proceso de mediación es fundamental para que nazca a la vida restaurativa. Las personas son parte del engranaje que conforma el motor de la mediación y con ellas se hace posible subsanar relaciones para el futuro. La persona como ‘componente’ del conflicto está conformada a su vez de 3 factores: la voluntad, las necesidades y el objetivo

La voluntad es una cualidad primigenia del ser humano. La voluntad es la autonomía de decidir libremente por aquello que, en general en nuestra vida, cumple con nuestros propósitos, metas y objetivos. En ese sentido, el proceso de mediación se lleva a cabo por decisión de las personas y no por obligación, la ventaja de esta decisión es que te da la libertad de decidir sobre la solución al conflicto, esta es la opción más suprema que tienen las personas dentro de la mediación. Pero, ¿esa voluntad cómo se proyecta? La respuesta es, a través de la voluntariedad. La voluntariedad es el proceso de selección de aquellas alternativas que tenemos sobre la mesa para cumplir con esos propósitos, metas y objetivos. Este factor de la voluntad no es tarea sencilla de desarrollar, para los casos de mediación, obtener la voluntad de las personas para aceptar participar en el proceso implica un método de persuasión, y algunos de ustedes dirá: “Josué, ¿me estás diciendo que para que las personas acepten la mediación tenemos que persuadirlos primero? ¿Eso se podría confundir con manipulación no crees?” Lo sé, se puede confundir, sin embargo, mi labor como mediador es influir en su decisión atendiendo a lo que necesita, más no manipularlo atendiendo a mi interés de que acepte participar. Podríamos escribir un artículo exclusivamente sobre la voluntad, yo también tengo muchas dudas sobre esto. 

Las necesidades de las personas están íntimamente ligadas a los sentimientos de seguridad, tranquilidad, confianza, idealizar, merecer, ser, hacer, tener; entre otras muchas tal vez. Fomentar la expresión de las necesidades es básico dentro de la mediación para arribar a solucionar el conflicto. Esa expresión debe ser un proceso justo y equitativo para las personas. Un proceso que debe respetar esa expresión sobre el ‘¿cómo me siento?’, ‘¿qué pienso?’ y ‘¿qué necesito?’; de proponer respuestas resolutivas a esos cuestionamientos y satisfacerlos en la mayor medida posible; subsanando además, todas las preocupaciones que el conflicto les ha engendrado desde el inicio.

Las personas que participan en la mediación enmarcan en su mente el objetivo de solucionar el conflicto, diríamos que es el primer interés en común que tienen. Y para lograr eso se requiere de cooperación. La cooperación es talante en la mediación y si no subsiste, simplemente no estaríamos hablando de mediación, aún cuando las personas lleguen a tomar acuerdos. Y no me refiero a firmar un papel que contiene un montón de letras llamado ‘acuerdo’, sino va más allá de eso, se trata de mejorar las relaciones de manera personal, viajar a nuestro interior, y mejorar las relaciones con los demás. Esto no implica que todos los que resuelven el conflicto salen siendo los mejores amigos del mundo, no siempre se da así, tampoco es el objetivo principal; pero al menos, llegan a comprender que existen mejores alternativas de solucionar sus conflictos si tienen la oportunidad de poder expresarse de manera responsable y empática.

La mediación, me atrevo a decir que es un modelo de educación socio-emocional para las personas, ya que, al final, les ayuda a comprender y, en el mejor de los casos, a desarrollar valores como la empatía, la tolerancia, el respeto, la solidaridad, la cooperación, a potenciar su autonomía, aprender a resolver conflictos que en el futuro lleguen a tener,  y mejorar sus relaciones con sigo mismo y con las personas que forman parte de su comunidad.

Y para concluir, tomando en cuenta lo anterior podrías decirme: “Josué, ¿me estás diciendo que la mediación me ayuda a cambiar mi manera de pensar y de actuar? En alguna medida sí. “¿No crees que parece una locura?” Locura no, utopía tal vez sí. Pero entiendo que como seres humanos somos resistentes al cambio, no por voluntad, sino por miedo. Y ojalá algún día nos encontremos en una sesión de mediación para que experimentes en carne propia a lo que me refiero. Y no pienses que te deseo el mal y que tengas todos los conflictos posibles para vernos en mediación; pero, sencillamente, el conflicto es inherente a nosotros. Si lo piensas bien, el primer conflicto que tenemos al nacer es no querer salir del vientre; nuestro entorno acaba de cambiar y por eso lloramos. 

Espero haber aportado un poco de valor a tu día. Si crees que esto puede ayudar a alguien puedes compartirlo. ¡Muchas gracias por leer!

El rol del mediador y mediadora

“Los mediadores no eligen los conflictos en los que se involucran, sino que las partes en conflicto eligen al mediador”

-Martti Ahtisaari-

Mi primer acercamiento con la mediación fue en el año de 2014, a través de un citatorio proveniente del Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (en ese entonces era la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca), que le hicieron llegar a una persona que asesoraba como abogado litigante en ese entonces. Ante la incertidumbre de la persona que llegó a mí para saber la finalidad de la cita, me surgió la curiosidad de saber más acerca de los procesos de mediación pues mi realidad era que no los conocía. Inmediatamente, me avoqué a investigar más acerca de ello y en el proceso de investigación descubrí que el propósito de mi vida y de mi profesión me estaba esperando allí, en la mediación. ¿Intuición?, ¿Corazonada?, ¿Motivación?, no lo sé, sólo sé que la atracción por adentrarme en ese mundo era imprescindible. En atención al citatorio, acudí como representante de la persona requerida (obviamente, no me dieron información por no ser yo el requerido), lo más curiosos de ese momento fue que al entrar al edificio del Centro de Justicia Alternativa, la atracción que sentí por el lugar invadió mis sentidos eminentemente. Al salir de allí, me prometí que ingresaría al centro a como diera lugar. Meses después, en junio de 2015, logré incorporarme al Centro de Justicia Alternativa de la Fiscalía como conciliador. A partir de ahí, con una mente ingenua, sin conocimiento de los procesos, pero lúcida y soñadora, comenzó mi sendero por la mediación,  con el firme compromiso de prepararme constantemente. Fue aquí donde descubrí que soy autodidacta. Y agradezco profundamente a la Fiscalía porque fue el lugar en el que nací profesionalmente, pues no hay mejor lugar para aprender mediación que en Fiscalía. Sumado a ello, durante ese tiempo conocí a personas excelentes que compartían (y comparten), la misma pasión que siento. Hoy, a poco más de 5 años, reafirmo cada día que la mediación y la justicia restaurativa es y será, el mundo en el que pretendo desarrollarme y seguir creciendo, tanto personal como profesionalmente, y no como una visión nada más conveniente a mis intereses, sino como una visión universal en la que, utópicamente, el mundo puede mejorar a través de mejorar su comunicación y sus relaciones interpersonales y sociales, tanto en las naciones como en todo el mundo. 

A lo largo de estos 5 años, he descubierto (desde mi experiencia), que la función de la persona mediadora debe sostenerse en cuatro pilares fundamentales: 1) pasión, pasión por ayudar a la gente todos los días; 2) vocación, de servir a los demás para su beneficio y no por conveniencia propia; 3) Misión,  de ayudar a las personas a crear conexiones más humanas a través de una comunicación asertiva y mejorar sus relaciones personales y; 4) preparación, en sus dos canales: personal y profesional. Es importante que la persona que desee ejercer como mediador o mediadora, debe primero dirigir su preparación hacia su propio crecimiento personal, y para ello, debe aprender a desarrollar 3 cualidades específicas: atención plena, percepción y reflexividad. La atención plena, es la capacidad de estar completamente concentrados en una actividad sin que otros pensamientos ajenos nos distraigan. Pero, Josué ¿Para qué me sirve la atención plena en mediación? Para poder ayudar a las partes a crear una secuencia de los hechos puntualizada y construir una historia que sea coherente para las partes; identificar sus intereses, necesidades y preocupaciones, tanto individuales como en común. La percepción, implica la capacidad de percibir el conflicto desde distintas variantes, es decir, no dejarse influir por juicios de valor, percepciones o experiencias pasadas, y mirar el mismo suceso con distintos enfoques con la finalidad de poder desarrollar estrategias de intervención para gestionar el conflicto y ayudar a las partes a crear opciones a priori para solucionarlo. Y la reflexividad, entendiéndose como  la capacidad de observar, analizar los pros y los contras, y ayudar a las partes a tomar acción para construir un futuro más dinámico positivamente. En mediación, es muy importante que el mediador sea reflexivo sobre las narrativas de las partes para valorar la situación y establecer una estrategia de acción (a través de sus técnicas y herramientas de comunicación), que le ayudará a abordar y gestionar el conflicto de una forma más objetiva, estratégica e inmediata. Por último, la preparación profesional del mediador y mediadora debe ser  constante, continua y perpetua, dirigida al estudio teórico y práctico de todos los matices que se compone la mediación, pues está más que claro, que la mediación es multidisciplinar, y esto implica que cualquier profesionista, independientemente de su carrera o profesión, puede ser mediador. La mediación no le pertenece al Derecho, no es exclusiva de los abogados. El Derecho nunca ha firmado un título de propiedad con la mediación.

Por otro lado, la persona mediadora debe demostrar siempre una actitud proactiva y neutra que le permitirá acercarse al cumplimiento de su objetivo que es, servir como un puente de construcción de comunicación y paz para que las personas puedan construir acuerdos de solución pacíficos en beneficio de todos los involucrados, de una manera más humana, empática y responsable.

Un aspecto muy importante que hay que resaltar es que, la participación del mediador dentro del proceso de mediación estará condicionado a la confianza que genere entre las partes, es decir, que las partes tienen la libertad de decidir si la persona designada como mediador o mediadora, será quien lleve a cabo el desarrollo del proceso. Básicamente, las partes en el conflicto eligen al mediador y no el mediador elige sobre qué conflicto quiere intervenir, puesto que el conflicto pertenece a ellas y por consiguiente, son las únicas responsables de su conflicto, de sus consecuencias y de su solución a través de la asunción de responsabilidad. Esto, le otorga protagonismo a las partes (y no al mediador como muchas veces se cree), respetando en todo el proceso su autonomía de decidir (pues la naturaleza de la mediación así lo manda), y además, les brinda la garantía de que su conflicto será gestionado por un mediador o mediadora con objetividad apegada a los principios de imparcialidad, equidad, neutralidad, honestidad y legalidad.

Como podemos observar, la tarea del mediador y mediadora es una labor loable que debe ejercer todos los días en su vida personal y profesional. ¿Es una labor difícil? Sin duda, sobre todo aplicarla, primero, en el ámbito personal (familia, amigos, trabajo, vecinos), que es en donde debemos ser coherentes con lo que profesamos, pero nuestra naturaleza humana nos incita muchas veces a actuar desde una postura como parte y no como mediador. Pero somos, todavía, una comunidad pequeña que confía en la nobleza del ser humano, en su raciocinio y en su liderazgo para cambiar al mundo.

La horizontalidad de los MASC

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”

– Mario Benedetti –

Personalmente, desde que inicié mi camino en los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (en adelante los MASC), entendiendo por estos a la conciliación, mediación y junta restaurativa, he apostado al todo por todo a ellos, y es que, si me preguntan: Josué ¿por qué confías en los MASC? yo respondería simple y llanamente, “porque funcionan”. Contrario a ese punto de vista, me he encontrado con personas, amigos y colegas, que no comparten la misma visión, y esto lo confirmé hace 2 años, aproximadamente, con un amigo de la Universidad y también mi colega, pues también es abogado, que no veía desde hace 8 años. Después de un genuino y afectuoso saludo dentro del recinto de los Juzgados Civiles en la Ciudad de Oaxaca, salieron la típicas preguntas de: ¿Cómo estás?, ¿Cómo te ha ido? y sin obviar las respuestas, nos dispusimos a platicar mientras esperábamos pacientemente a que el actuario me notificara de un acuerdo y él, a que llegara la hora para su audiencia familiar. En ese conversatorio, salió a relucir el tema de los MASC. El debate se intensificó cuando, él un poco escéptico, decía que con los MASC se perdería la naturaleza jurisdiccional del Estado que, básicamente, consiste en que este es el único facultado (soberanamente) para resolver litigios con bases probatorias desahogadas en el desarrollo de un juicio llevado ante tribunales dirigidos por jueces, para, con base en ellos y de acuerdo a su expertis, criterios y conocimientos legales, dictar el fallo para cumplir con su cometido, que es, mantener el orden en la comunidad, hecho que no puede ser trasladado a los particulares. Después de 15 minutos entre argumentos de ambos lados (como juego de ping pong), llegó la hora de retomar nuestras labores dentro del juzgado sin poder concluir ese agradable debate. 

Después de esa anécdota, analicé que si bien es cierto, el Estado cuenta con la soberanía para responder y solucionar los conflictos que surgen entre particulares, más cierto es que, esa solución se desarrolla de manera piramidal, de manera jerarquizada, y con una configuración paternalista, consistente en llevar con la autoridad nuestro conflicto para que sea ‘papá estado’ quien lo resuelva por nosotros. Ahora bien, tomando en cuenta a los MASC, se ha demostrado que son la alternativa más idónea para resolver conflictos de una manera más equilibrada a través de prácticas que convierten a las personas en protagonistas de su propio conflicto, de esa manera, estamos hablando que los MASC, a diferencia de la verticalidad de la función jurisdiccional del estado, ejercen una justicia horizontal, una justicia transversal que incluye a todos los sujetos del conflicto y del Estado. 

Ahora bien, para señalar algunas referencias diferenciadoras entre la función jurisdiccional del Estado y la función restaurativa de los MASC (nos enfocaremos en materia penal ya que es la que actualmente se encuentra regulada por la ley nacional de MASC en materia penal), conviene señalar la similitud que existe entre ambas, y es que en ambas convergen los mismos sujetos: víctima, ofensor, comunidad y estado. Sin embargo, para señalar las diferencias, nos basaremos en los siguientes intereses y sus respectivas respuestas:

FUNCIÓNJURISDICCIONALFUNCIÓNRESTAURATIVA
INTERÉSRESPUESTAINTERÉSRESPUESTA
VÍCTIMA¿Quién recibió el daño?Al final (en sentencia) el Estado dicta el pago de la reparación del daño¿Cuáles son sus necesidades?Seguridad y reparación del daño
OFENSOR¿Quién cometió el daño?Impone una pena o castigo¿Cuáles son sus necesidades?Reintegración y responsabilización
COMUNIDAD¿A quién voy a proteger?El MP es el representante de la sociedad¿Cuáles son sus necesidades?Seguridad y contribuir a reintegrar a la víctima y al ofensor
ESTADO¿Qué fue dañado?Protege bienes jurídicos tutelados.¿Cuál es su intervención?Se respeta su potestad de juzgar la conducta delictiva

Como podemos observar en la tabla, la función restaurativa de los MASC se centra en la satisfacción de las necesidades de las personas, de esa manera, la justicia es vista como una facultad personal de cada ser humano y no del Estado; esto no quiere decir que los MASC pretenden suprimir o dejar a un lado la potestad del Estado de ejercer su función jurisdiccional, sino que, sirve de reforzamiento a este, ya que, lo que los MASC buscan es satisfacer la necesidad de las víctimas por medio de la responsabilización del ofensor y así alcanzar una reparación del daño más centrada en la conciencia, y desarrollada desde el aspecto natural-humano, sin imposición, ni mucho menos ser vista como un castigo. 

A manera de conclusión, la diferencia que existe entre la función jurisdiccional del Estado y la función restaurativa de los MASC, radica en la presencia de los sujetos en función de su intervención, de esa manera, en tanto que en la primera, la justicia se ejerce con base en la verticalidad donde, por jerarquía, se encuentra primero el Estado, después ofensor, y dejando al último a la víctima y a la comunidad; en la segunda todos los sujetos actúan de una manera más equilibrada, horizontal y transversal, convirtiéndose en una justicia más inclusiva, equitativa y respetuosa de los Derechos Humanos de las personas.

¡El mundo los necesita!

“El éxito no se trata de cuánto dinero ganas, sino de la diferencia que haces en la vida de las personas.”

-Michelle Obama –

Estudié Derecho con la firme intención de aportar un gran valor en la vida de las personas ayudándoles a mejorar su calidad de vida tratando de aligerar las cargas emocionales que implican los procesos judiciales. Durante mis estudios universitarios, y haciendo prácticas en un juzgado penal, descubrí que las víctimas de delitos eran quienes más atención requerían y eran a quienes menos interés se les brindaba, allí comprendí que ese no era el lugar indicado para conseguir lo que quería, y fue a partir de allí donde comencé a buscar la vía idónea para ayudar a las víctimas y, en general, a las personas más vulnerables. Posteriormente, decidí litigar pero descubrí que la burocracia, las formalidades excesivas (y muchas veces innecesarias), me impedía lograr mi objetivo, pues era todavía más complicado lograrlo estando de ese lado del tablero. Y en ese caminar para encontrar la práctica indicada que me llevara a crear un ambiente seguro para las personas, llegué a la intersección de la justicia donde encontré a los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias, y así, desde hace poco más de 5 años, tomé el tren de la resolución de conflictos pacífica con destino a un mundo de paz (aunque suene a utopía), convirtiéndose la mediación y la justicia restaurativa, la trinchera desde la cual empezaría a marca una diferencia en la vida de las personas, siendo esta mi causa más profunda hasta ahora, mostrar a las personas que la justicia no reside en los Tribunales, sino en el interior de cada ser humano.

Hago hincapié en lo anterior, recordando mis inicios en la mediación y la justicia restaurativa, ya que este fin de semana se llevó a cabo el primer Concurso Estatal en Oaxaca de Mediación y Justicia Restaurativa, en el cual, tuve el privilegio de asesorar (por segunda ocasión) a dos jóvenes increíbles, estudiantes de Derecho, y con un sentido de compromiso elevado con ellas mismas. Son dos mujeres con un espíritu que posee grandes regalos para los demás, y su mayor regalo es entregar su pasión a sus causas personales, y eso es algo que vale más que cualquier primer lugar. 

Lo que más les reconozco a ambas, durante los dos días que duró el concurso, y durante los días y las muchas horas incesantes de prácticas, fue el valor de compromiso que demostraron, lo enorme que han crecido en mediación porque la calidad de profesionalismo que mostraron es digna de llevarlo a la vida real. Me llenan de orgullo lo que han logrado y sobre todo, por lo que me enseñaron en estos días, en lo profesional y en lo humano, porque en cada retroalimentación de las prácticas aprendía cosas nuevas con ellas; me recordaron que aprender es una actividad que no termina con la universidad, me enseñaron durante estos días que el mejor premio no es el primer lugar, porque eso es efímero, sino el tiempo compartido, las risas, los nervios, la felicidad, el apoyo, el compromiso, la disciplina, las reflexiones, la curiosidad de aprender y saber más. Aprender con ellas, me hizo recordar la pasión constante que desde mis inicios he sentido por la mediación, por la perpetua y constante voluntad de seguir aprendiendo y mejorando. 

Con ello, queda demostrado que la idea de la cultura de paz, de los mecanismos de solución de conflictos, de la mediación y la justicia restaurativa, está ganando terreno en nuestro País, aunque lentamente, pues la práctica de estos mecanismos es a paso lento y sigue siendo un reto, pero también, es loable que se incluya, tempranamente, a la comunidad estudiantil, pues de esa manera pueden expresar su simpatía y hacer contribuciones muy grandes para estimular ese desarrollo y formar raíces profundas en ellos sobre la solución pacífica de conflictos.  

A ustedes, Sarahí Reyes y Miyoshi Zaragoza, felicidades no por el primer lugar, sino por la esencia de su corazón cálido y su valentía conmemorable. Admiro sus logros y esfuerzos. ¡El mundo las necesita! El mundo necesita a todos los niños, niñas y jóvenes para crear verdaderos lideres que ayuden a otras personas a mejorar sus vidas.

¿Es la mediación una filosofía?

“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de la práctica” – Séneca –

Hace algunos meses, una noche de abril para ser exactos en el mes aunque no en el día, siendo las 2:15 am aproximadamente, estaba sentado en una silla del comedor leyendo “Meditaciones” de Marco Aurelio, con la luz del comedor únicamente encendida, y frente a mi, una taza de café Blasón sin azúcar, un poco frío pues ya tenía más de media hora allí, el clima era cálido dada la hora y la estación del año. En ese instante, escuché la puerta de la recamara que se abría, bendita puerta que me servía de señal, y escuche pasos aproximándose a mi ubicación, tomé la taza y con un sorbo de café como para tomar valor, ví a mi esposa acercarse del otro extremo de la mesa, todavía dormitaba con los ojos entrecerrados por el destello de luz del comedor y con una voz ronca y muy seria me preguntó: ¿Qué haces despierto tan tarde? a lo que respondí, de la misma manera, en tono serio, leyendo; ¿la razón de la mutua seriedad? era que muchas horas atrás, habíamos tenido una discusión más intensa que fuerte que nos orilló a dejar de hablarnos, pero que, en lo personal, en ese preciso momento, verla parada frente a mí, me llevó a formularme mentalmente la siguiente pregunta: Josué, ¿Cómo deseas que sea tu relación con ella el día de mañana? Esa pregunta, y muchas otras, me llevaron a reflexionar acerca de lo que había pasado horas antes, de mi actitud, de mis ofensas, de mis acciones, y también, me llevaron a cuestionarme ¿Qué es lo correcto que tengo que hacer ahora para mejorar la relación con mi esposa? Y ahora, he descubierto que de no haberme hecho esas preguntas, y otras, seguramente no estuviera escribiendo esto en este momento. 

Este relato lo cuento como introducción a la frase de Séneca, ya que por más de cinco años he leído y estudiado, teóricamente, acerca de mediación, justicia restaurativa, solución de conflictos, cultura de paz, comunicación no violenta, en fin, todo el entramado cultural y teórico de la resolución de conflictos, que sin duda he aplicado cientos de veces en un plano profesional pero bueno, siendo honesto, conmigo y con ustedes, era algo que no había comprendido a conciencia porque ahora sé que no se veía reflejado en la relación con mi esposa; todas esas herramientas, técnicas y teorías que predica la solución de conflictos, pareciera que habían sido depositadas todos los días en el buzón de mi casa antes de entrar, y como bien decía mi abuela materna, era “Candil de la calle, obscuridad de mi casa” y pues sí, me cuesta pero lo admito, así era; por lo tanto, debemos ser el primer ejemplo en aquello que predicamos.

A partir de esa introspección, de ese viaje interno que realice y que he aprendido a vivenciar todos los días, he comprendido que  aplicar, pragmáticamente, todas aquellas teorías, técnicas y herramientas de comunicación que la mediación y la justicia restaurativa me ha enseñado, me han ayudado en gran medida a transformar la relación con mi esposa y mejorar la comunicación con ella, con las personas que me rodean y que sigo aprendiendo a hacerlo en el resto de mi familia, porque mejorar la comunicación y la relación para con los demás es una tarea que requiere paciencia, tolerancia, respeto y saber valorar esas relaciones.

Ahora, la filosofía, según yo, más que un concepto o una definición, es un saber, un saber que nos hace seres humanos más críticos, más curiosos, más reflexivos. La filosofía nos enseña a abrir nuestra caja mental para tener la capacidad de pensar por nosotros mismos, de preguntarnos sobre las cosas más raras de la vida pero que a su vez nos complementan y, de dialogar con uno mismo para reflexionar aquello de lo que pensamos y nos preguntamos para encontrar soluciones que nos lleven a actuar, tomando en cuenta siempre, que como parte de una sociedad, debemos respetar a los demás. A este proceso mental le llamo “diálogo filosófico intrapersonal”

Bajo esa premisa, considero que la mediación es una filosofía de vida y en eso, no es diferente con otras filosofías o, incluso, religiones, ya que cada una se compone de dos elementos primordiales que son, la metafísica y la ética; el primero, nos ayuda a comprender cómo funciona el mundo y, el segundo, dicta cómo nos comportamos en ese mundo.  La mediación como filosofía, me ha enseñado que existe un valor que es muy importante para el ser humano, y es la colaboración, nuestra naturaleza nos ha creado como seres completamente sociales y como tales tenemos que aprender a convivir con los demás, aunque, muy pocas veces nos enseñan en casa a convivir de la mejor manera, y me refiero a una manera sana, positiva, empática, es decir, buscar un equilibrio entre emoción y razón para beneficio de todos. Y si bien es cierto, que cada persona debe ser respetada en su individualidad, también es cierto que, cada quien debe aprender a superar esa individualidad para buscar el bien común, ser capaz de pasar del “yo” al “nosotros” y, ese camino, muchas veces no es sencillo recorrerlo. Afortunadamente, en mi caso, he encontrado en la mediación y la justicia restaurativa la manera de cómo andar en ese sendero y encontrar las respuestas a las preguntas que me formulo día a día, porque la mediación se ha convertido para mí en una manera de orientarme en la vida.

La mediación no es solamente una técnica para solucionar conflictos o una alternativa al proceso judicial para aligerar cargas laborales de los tribunales; no pertenece a los sistemas de justicia, el Estado no la inventó, tampoco le pertenece, es para las personas y pertenece a ellas. La mediación es una filosofía de vida porque nos enseña a vivir en sociedad, a desarrollar habilidades socioemocionales que forma una red de apoyo para aquellos que quieren mejorar sus relaciones interpersonales y formar seres humanos más empáticos, más compasivos, más solidarios, más tolerantes y más responsables de sí mismos.

A %d blogueros les gusta esto: